En esta colaboración en Cuídate con Radio 5, la psicóloga sanitaria Julia Vidal nos acerca la realidad de la ansiedad social
Entrar en una cafetería llena de gente, hablar en una reunión o cruzarse con un conocido son situaciones cotidianas que, para muchas personas, suponen un esfuerzo agotador. Es completamente humano y natural sentir cierta inquietud ante la mirada de los demás, pero a veces esta sensación se acompaña de un intenso malestar físico y del temor a ser juzgados de forma negativa.
¿Qué ocurre en nuestra mente ante el miedo al juicio ajeno?
Nuestro cerebro está diseñado para vivir en comunidad, por lo que buscar la aceptación es una respuesta natural. Cuando experimentamos ansiedad social, nuestro sistema de protección se activa ante situaciones sociales rutinarias como si supusieran un riesgo. En la consulta, solemos observar dos formas en las que esta dificultad se manifiesta:
- Ansiedad social específica (o de ejecución): El malestar aparece en momentos concretos de mayor exposición, como hablar en público, realizar un examen oral o comer en compañía.
- Ansiedad social generalizada: La preocupación y la tensión acompañan a la persona en la mayoría de sus interacciones diarias, ya sean formales o más informales.
A menudo, para intentar sobrellevar estas situaciones, la mente pone un «foco atencional» muy grande en las propias sensaciones corporales o en lo que se va a decir, revisándolo todo al detalle. Además, es muy comprensible que intentemos usar conductas para darnos seguridad, como refugiarnos en el teléfono móvil, ensayar mentalmente las frases o evitar ciertos encuentros. Aunque estas estrategias nacen de la necesidad humana de protegernos, a medio plazo esta tendencia a la evitación pueden dificultar que nos sintamos verdaderamente cómodos o cómodas.
Pautas amables para recuperar la comodidad en las relaciones
El objetivo no es convertirnos en el centro de atención ni relacionarnos a la perfección, sino encontrar un espacio donde podamos expresarnos con mayor naturalidad. Algunas sugerencias que pueden ayudar son:
- Comprende y acepta tus sensaciones corporales: Si notas que te ruborizas o que tu voz duda, recuerda que es una respuesta humana. Dar espacio a estas sensaciones con amabilidad, en lugar de intentar ocultarlas, ayuda a que tu tensión disminuya de forma paulatina.
- Observa tus pensamientos con perspectiva: Cuando surja la idea de que te están evaluando de forma negativa, intenta recordar que a menudo somos nuestros jueces más severos. Trata de no tomar esas primeras impresiones de inseguridad como realidades incuestionables.
- Avanza paso a paso: En lugar de exponerte de golpe a situaciones que te resulten abrumadoras, puedes empezar de forma gradual. Por ejemplo, quedar con una persona de confianza a tomar un café antes de acudir a una reunión más amplia.
- Suelta poco a poco las «conductas de seguridad»: Intenta dejar el móvil en el bolsillo unos minutos más, o permite que haya pequeños silencios en la conversación sin anticipar qué decir. Date permiso para ser tú sin tener que prepararlo todo.
Relacionarse es un espacio de aprendizaje continuo donde está permitido dudar o sentirse vulnerable. Contar con el apoyo de un o una profesional de la Psicología es un paso muy valioso para aprender estrategias, modificar esos pensamientos de autoevaluación y, sobre todo, recuperar el bienestar en tu día a día.
