La Psicología Forense es la especialidad que requiere una formación y experiencia más específica. La principal motivación de nuestro equipo de psicólogos y psicólogas forenses es aportar al jurista un servicio innovador y profesional que se adapte a sus necesidades. Nuestras periciales se fundamentan en evaluaciones psicológicas objetivas, análisis funcional del comportamiento, formulación de hipótesis de trabajo y su contraste con las últimas investigaciones psicológicas forenses. De tal modo que nuestros informes periciales tienen toda la validez científica y una perfecta expresión legal para abogados, jueces y juristas. También nos preparamos exhaustivamente para la posible ratificación teniendo en cuenta todas las variables implicadas en la defensa oral.


El Informe Pericial, la clave de nuestro área de Psicología Forense

En los procedimientos judiciales, a menudo, es necesaria la participación de especialistas en diversas materias, que informen al juez o a los magistrados, sobre aspectos que serán fundamentales en la toma de decisiones. Estos especialistas son los Peritos Judiciales, su función es, aplicando una metodología válida y fiable, emitir un informe que orientará sobre cuestiones claves para resolver, con el máximo rigor, en el proceso judicial. Cuando las cuestiones que se dirimen, están relacionadas con aspectos psicológicos y del comportamiento, el perito judicial será un Psicólogo Forense, un profesional especializado en Psicología Forense, con titulación, conocimiento y capacidad para intervenir en los Tribunales de Justicia, que elaborará un Informe Pericial Psicológico.

Las situaciones donde frecuentemente interviene un especialista en Psicología Forense o Psicología Jurídica son los procesos de Familia, donde se deciden, entre otras cuestiones, la capacidad para obtener la guarda y custodia de los menores, o los regímenes de visitas. Las familias que se ven inmersas en procesos de esta índole, se someten a circunstancias verdaderamente difíciles, desconocidas y amenazantes, que provocan intensas emociones y un gran malestar. Aunque la función de un perito no es intervenir en estos aspectos, sino tan sólo emitir conclusiones objetivas, la experiencia de todo nuestro equipo de psicólogos y psicólogas en la práctica clínica diaria, nos demuestra que, abordar estos casos, no sólo con el rigor necesario, sino también con la máxima sensibilidad y dedicación, contribuyen a que el Informe Pericial, tenga la máxima utilidad y calidad, y por supuesto, que las personas sufran lo menos posible.

En nuestro área de Psicología Forense logramos que la evaluación no signifique un estresor más en el proceso, especialmente cuando se trata de menores, muy frágiles en estas situaciones, y a los que hay que proteger y dotar de seguridad y confianza durante todo el procedimiento.

La elaboración de un Informe Pericial Psicológico se inicia con una entrevista para la recogida de información, donde la persona explica los acontecimientos que le han llevado a su actual situación. A continuación se tiene una entrevista con su abogado, para concretar los objetivos del informe y obtener la información jurídica del caso. La comunicación entre letrado y psicólogo es fundamental, ya que en esta fase, el psicólogo, asesora y responde de forma objetiva, a todas las consultas de índole psicológico, de modo que el abogado tenga la información necesaria para decidir, la mejor estrategia legal para su cliente.


Ámbitos de intervención en Psicología Forense

Psicología Forense aplicada al Derecho Civil

  • Capacidad para testificar.
  • Capacidad para testamentar.
  • Valoración de secuelas.
  • Capacidad civil en la toma de decisiones: cambio de sexo, contratos…
  • Procesos de incapacidad de adultos.

Psicología Forense aplicada al Derecho Laboral

  • Valoración de problemas psicofisiológicos que contempla la nueva Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
  • Capacidad de contratación.
  • Incapacidad laboral.
  • Valoración de secuelas por accidentes de trabajo.

Psicología Forense aplicada al Derecho Penal

  • Valoración de las capacidades cognitivas y volitivas que determinan la imputabilidad.
  • Valoración y asistencia a víctimas de delitos violentos.
  • Capacidad para ser juzgado.
  • Evaluación de la credibilidad del testimonio en menores víctimas de abusos sexuales.

Psicología Forense aplicada al Derecho de Familia


Separación y Divorcio

La separación, sobretodo si hay hijos o hijas, es un proceso muy intenso y estresante en la familia, que desencadena cambios vitales en todos sus miembros. No es extraño que, ante una proceso tan difícil, nos encontremos desbordados y no sepamos controlar y comprender nuestros sentimientos. Cada vez hay más parejas que acuden a los profesionales de la psicología, para que les asesoren y ayuden a, comprender y manejar sus emociones, tomar decisiones coherentes, comunicarse responsablemente con los hijos, o afrontar el conflicto emocional en caso de desacuerdo.

Los profesionales de la Psicología Forense intervienen en un divorcio en dos posibles situaciones: en una resolución por mutuo acuerdo, o en un contencioso.

Lo más deseable para todos los miembros de la familia, es que el divorcio sea de mutuo acuerdo: una forma consensuada de cesar la convivencia familiar. En este sentido, las parejas que deciden someterse a la denominada Mediación Familiar, eligen para la resolución del conflicto, un abogado, un psicólogo, o ambos a la vez. La labor del psicólogo especialista en Psicología Forense es servir de canal de comunicación y orientación en la toma de decisiones, para que el matrimonio resuelva satisfactoriamente su separación con el menor coste emocional y personal.

El divorcio contencioso por el contrario, añade más estrés si cabe a la situación. Cada miembro de la pareja dispone de su propio abogado, y es el sistema judicial, en última instancia, quién decide qué es lo mejor. Esta vía, generalmente provoca más sufrimiento a todos los miembros de la familia, y se puede alargar mucho, por lo que el conflicto emocional se incrementa notablemente. En estos los especialistas en Psicología Forense orientamos en:

  • Procesar y avanzar emocionalmente en la nueva situación.
  • Adaptarse a los cambios vitales que se van desarrollando.
  • Entender a nivel emocional qué nos está sucediendo y que nos va a suceder.

Cuando hay hijos, también es importante mantener un especial seguimiento de su conducta: cambios de su actitud, problemas de comportamiento, depresión infantil, ansiedad… asesorando a los padres sobre el manejo de las situaciones, incluso interviniendo directamente con los menores.

En nuestro área de Psicología Forense disponemos de Mediadores Familiares titulados, con amplia experiencia en la intervención en conflictos familiares, para aquellas familias que deseen tramitar su divorcio de una forma consensuada, y rápida.


El Síndrome de Alienación Parental

En el contexto de una ruptura familiar, las personas atraviesan varias fases en la que los adultos tienen que adaptarse a sus propias emociones y a las de sus hijos e hijas. En este tipo de situaciones, es fácil llegar a compartir con los menores sentimientos o aspectos negativos relacionados con la ex-pareja.

Durante los procesos de ruptura familiar, los menores que ven amenazado su sentido de familia y de estabilidad, y que tienen que lidiar con sus propios sentimientos -miedo, culpa, inseguridad, desesperanza, decepción, etc.- buscan la protección y la estabilidad en una figura parental, estrechando la relación y estableciendo alianzas con ella, como medio para superar -de forma adaptativa en ese momento- ese periodo de inestabilidad. (Cantón y cols., 2000).

Los avances en Psicología Forense y sus aportaciones al Derecho, han permitido que el trabajo cotidiano de muchos psicólogos forenses en el ámbito de familia, nos permita conocer una realidad que aunque no nueva, no había sido previamente explorada en profundidad con antelación a Gardner en Estados Unidos: el SAP (Síndrome de Alineación Parental), que según Gardner (1992) hace referencia a un trastorno caracterizado por la presencia de una campaña de difamación y rechazo de un progenitor previamente amado por parte del hijo o hija, de forma injustificada, y que surge en el litigio por su custodia.

Richard Gardner (1992) define así el Síndrome de Alienación Parental: “El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un desorden que se origina primordialmente en el contexto de disputas de la custodia de menores en las causas de divorcio. Su manifestación primordial es la campaña de denigración del niño en contra de un padre, una campaña que no tiene justificación. Resulta de la combinación de una programación del padre (lavado del cerebro) y contribuciones propias del niño en la vilificación del padre denigrado. Cuando el verdadero abuso parental o la negligencia está presente, la animosidad del niño puede estar justificada, y en este caso la explicación del síndrome de alienación parental para la hostilidad del menor no es aplicable”.

Es posible identificar diferentes niveles de intensidad en el rechazo que muestran los niños y niñas afectados por el SAP: rechazo leve, moderado e intenso:

  • El rechazo leve se caracteriza por la expresión de algunos signos de desagrado en la relación con el padre o la madre. No hay evitación y la relación no se interrumpe.
  • El rechazo moderado se caracteriza por la expresión de un deseo de no ver al padre o la madre acompañado de una búsqueda de aspectos negativos del progenitor rechazado que justifique su deseo. Niega todo afecto hacia él y evita su presencia. El rechazo se generaliza a su entorno familiar y social. La relación se mantiene por obligación o se interrumpe.
  • El rechazo intenso supone un afianzamiento cognitivo de los argumentos que lo sustentan. El niño se los cree y muestra ansiedad intensa en presencia del progenitor rechazado. El rechazo adquiere características fóbicas con fuertes mecanismos de evitació Puede aparecer sintomatología psicosomática asociada.

Algunos comportamientos que se han encontrado en progenitores que están induciendo el SAP en sus hijos e hijas, son:

  • Impiden el contacto telefónico con los hijos e hijas.
  • Suelen organizar diferentes actividades con los hijos e hijas durante el período que el otro progenitor debe ejercer su derecho de visita.
  • Presentan a su nuevo cónyuge a los hijos e hijas como su nueva madre o su nuevo padre.
  • Interceptan el correo y los paquetes enviados a los hijos e hijas.
  • Desvalorizan e insultan al otro progenitor delante de los hijos e hijas y también en ausencia del mismo.
  • No informan al otro progenitor sobre las actividades que realizan los hijos e hijas (deporte, teatro, actividades escolares, etc.).
  • Hablan de manera descortés del nuevo cónyuge del otro progenitor.
  • Impiden al otro progenitor ejercer su derecho de visita.
  • “Se olvidan” de avisar al otro progenitor de citas importantes del niño o niña con dentistas, médicos, psicólogos, etc.
  • Implican a su entorno -su madre, su nuevo cónyuge, abuelos, etc.- en el “lavado de cerebro” de los hijos e hijas.
  • Toman decisiones importantes sobre los hijos e hijas sin consultar al otro progenitor (religión, elección de la escuela, etc.).
  • Cambian -o lo intentan- sus nombres o apellidos para que pierdan el del progenitor alienado.
  • Impiden al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de los hijos e hijas.
  • Pueden irse de vacaciones sin los hijos y dejarles con otra persona, aunque el otro progenitor esté deseoso y dispuesto para ocuparse de ellos.
  • Cuentan a los hijos e hijas que la ropa que el otro progenitor les ha comprado es fea y les prohiben usarla.
  • Amenazan con castigos a los hijos e hijas si se atreven a llamar, escribir o a contactar con el otro progenitor de la manera que sea.
  • Reprochan al otro progenitor los malos comportamientos de los hijos e hijas.
  • Ridiculizan los sentimientos de afecto de los niños y niñas hacia el otro progenitor.
  • Premian las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro padre.
  • Aterrorizan a los niños y niñas con mentiras sobre el progenitor ausente, insinuando o diciendo abiertamente que pretende dañarles.
  • Presentan falsas denuncias de abuso (físico y/o sexual) en los tribunales para separar a los niños y niñas del otro progenitor. Pueden incluso cambiar de domicilio a muchos kilómetros, con el único fin de destruir la relación del padre ausente con sus hijos e hijas.

Cuando la relación de pareja ha finalizado no termina la responsabilidad de los padres de lograr el bienestar de los hijos e hijas. Es por eso que garantizar la relación de los menores con el progenitor no custodio es fundamental para que se lleve a cabo una adaptación correcta. Comportamientos que buscan hacer daño a la ex-pareja a través de los menores pueden producir daños psicológicos muy graves e irreversibles.