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¿Por qué ser introvertido o introvertida no es sinónimo de timidez o falta de habilidades sociales?

¿Por qué ser introvertido o introvertida no es sinónimo de timidez o falta de habilidades sociales?

(Tiempo de lectura 18 minutos)

Imagínate en un grupo de amigos y amigas, tal vez reconozcas a alguna persona –incluso tú mismo o tú misma– con el siguiente estilo de comportamiento: se muestra reservada, no participa en las conversaciones, no tiende a establecer vínculos y relaciones con los demás, su expresión verbal y no verbal –sus gestos– son comedidos, no expresa emociones… Qué dirías de esta persona: ¿que es tímida, que es reservada, vergonzosa, que no tiene habilidades sociales… que tiene un estilo de conducta introvertido…?

Vamos a revisar una tendencia del comportamiento en la que se confunden muchos términos que no son exactamente lo mismo: vergüenza, introversión, timidez, ansiedad social, evitación… y vamos a tratar de conocer cuál es el origen y la explicación, a nivel emocional, de estos estilos de conducta.

La introversión. El origen

Vayamos al principio, al momento evolutivo en el que nuestro cerebro es más receptivo a los aprendizajes, a la infancia, empecemos por ahí.

La primera pregunta que nos debemos hacer a la hora de entender los conceptos que hemos visto en la introducción –vergüenza, introversión, timidez, ansiedad social, evitación– es: ¿cuál es el origen de este estilo de conducta?

Ser introvertido o introvertida. Los primeros años de vida

Origen de la introversión

Empezaremos describiendo un término que puede parecer complejo, pero que en realidad es muy sencillo, la ”inhibición comportamental a lo no familiar” y que se detectó en diferentes estudios realizados con niños y niñas.

Este término se define como el comportamiento de aquellas niñas o niños que responden con un elevado nerviosismo y conductas de evitación –cese del habla, retraimiento o aislamiento–, ante situaciones no habituales o novedosas, lo que consideramos “estímulos no familiares”.

Este comportamiento puede ser detectado desde edades de desarrollo tempranas, en concreto desde la edad de 4 meses.

En base a este rasgo, existirían dos tipos de temperamentos en los niños o niñas:

  • Un grupo presentaría un patrón más inhibido ante los estímulos no familiares –acompañado de mayor activación fisiológica–.
  • O un patrón más desinhibido, que mostraría comodidad, incluso interés, ante situaciones o cosas poco habituales en su día a día.

Para entender lo que es el comportamiento inhibido en la infancia nos ayudará imaginarnos aquellos bebés o infantes que en esas primeras etapas de vida mostraban poca audacia, y preferían no moverse mucho, ni interactuar en exceso con personas que no conocían o ante lugares y situaciones nuevas.

Por otro lado, seguro que habremos conocido niñas y niños mucho más inquietos, que enseguida exploraban su entorno cuando se encontraban con lugares nuevos y que no dudaban a la hora de interactuar con desconocidos.

Esta “inhibición comportamental a lo no familiar” es un rasgo que estaría muy relacionado con el concepto “introversión”.

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¿Qué es ser introvertido o introvertida?

Una persona introvertida es descrita como tranquila, reservada, introspectiva –enfocada hacia su interior–, retraída, distante con los demás –con excepción de las amistades íntimas–, cautelosa y con un elevado control emocional.

La introversión, como hemos explicado antes, ya se observa en los primeros meses y sobre todo a partir del primer año de vida, expresada como una conducta de inhibición ante las situaciones o personas desconocidas.

Por tanto la “inhibición comportamental a lo no familiar” podría entenderse como uno de los rasgos de la introversión que, como veremos a continuación, es un concepto más amplio.

Avanzamos en el concepto de introversión respondiendo a una pregunta ¿ser introvertido o introvertida es una desventaja, un obstáculo?

¿Es un problema ser introvertido o introvertida?

Introversión, timidez, vergüenza

La respuesta corta es… no necesariamente. Como cualquier rasgo de personalidad, la introversión tiene aspectos positivos y aspectos negativos. La clave, como hemos dicho muchas otras veces, es cómo gestionamos y manejamos este rasgo o tendencia de nuestra personalidad.

Las personas introvertidas se caracterizan por una elevada activación cortical. Esto quiere decir que una parte de su cerebro está más activada que en el caso de las personas extrovertidas y por eso las personas introvertidas suelen tener más necesidad de ratos a solas en entornos tranquilos y con una menor estimulación.

Esta mayor activación cortical les convierte en personas que podrían observar más los detalles, ya que estas áreas cerebrales son las encargadas del análisis y la planificación. En esa misma línea, las personas introvertidas disfrutan mucho más del tiempo que dedican a estar con su círculo próximo –amistades íntimas y familiares– que con personas desconocidas.

Otro aspecto que caracteriza a las personas introvertidas es que tienen una preferencia por conversaciones más profundas, y no tanto interés por conversaciones cotidianas o sobre aspectos más banales.

Las personas introvertidas no suelen disfrutar siendo el centro de atención y no se sienten cómodas al expresar y compartir abiertamente sus emociones.

En cualquier caso, siempre hablamos de tendencias, no hay “cualidades exclusivas” de una y otra tendencia, por ejemplo, una persona extrovertida también puede tender a hablar de temas y cuestiones profundas.

Debemos tener en cuenta que la personalidad es una compleja combinación de rasgos o tendencias, biografía o experiencias, cultura y educación, decisiones personales, adquisición de recursos y habilidades… en definitiva, en el concepto de introversión deberíamos hablar de un continuo en el que podemos ir en una dirección –introversión– o en otra –extroversión– y que nuestra posición en ese continuo no es algo definitivo, sino que es dinámico y puede cambiar o podemos hacerlo cambiar desde nuestras decisiones y experiencias vitales.

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Ventajas y desventajas en la tendencia a la introversión

Ventajas y desventajas de la introversión

En la introversión, como en otras tendencias de la personalidad, no hay claras desventajas o claras ventajas. Creo que todos podemos identificar a personas con una u otra tendencia que admiramos, que nos parecen personas muy interesantes y válidas, y que son extrovertidas o introvertidas, indistintamente.

La clave, como ya hemos dicho en muchas otras ocasiones y artículos, no son los rasgos de personalidad, sino cómo los gestionamos, cómo manejamos las emociones que estos rasgos provocan en nuestras experiencias vitales.

Muchas personas introvertidas consideran estos rasgos de personalidad muy positivos para ellas, han encontrado sus propios espacios íntimos de amistades, familia, pareja, en los que se sientes desarrollados, han construido una imagen ante los demás que no les hace sentir mal, sino todo lo contrario, a veces la introversión se entiende como una personalidad llena de “misterio”, “sugerencia”, de un “interesante mundo interior”.

En definitiva, en la tendencia de personalidad introvertida, la clave, como en tantas otras cuestiones en Psicología, va a estar en cómo nos afecta, si nos produce malestar, insatisfacción, dificultades, emociones desfavorables que no sabemos manejar, que son de una elevada intensidad y que se mantienen en el tiempo. La introversión, cuando nos limita en nuestro desempeño profesional, en nuestras interacciones sociales, en nuestras relaciones íntimas, puede ser un problema y conviene hacer algo para mejorar nuestro bienestar.

Si estamos en esta situación, es decir, los niveles de introversión están generando dificultades y malestar en nuestro día a día es importante considerar que el origen y por tanto las soluciones que tendremos que empezar a aplicar no van a ser “únicas”.

Ser introvertido o introvertida –como otras tendencias de nuestra personalidad– es multicausal, es decir, son varios los factores que van a estar en el origen y en el mantenimiento de esta tendencia.

Vamos a analizar algunos de estos factores, y al mismo tiempo entender mejor términos que están asociados al concepto de introversión pero que no son exactamente lo mismo.

Cualquier rasgo de personalidad, como la introversión, tiene aspectos positivos y negativos. La clave es cómo los gestionamos y los ponemos en valor Clic para tuitear

La vergüenza

La vergüenza es una emoción y forma parte del grupo denominado “emociones autoconscientes” o “emociones autoevaluativas”. Estas reacciones emocionales se caracterizan por tener como antecedente algún tipo de juicio –positivo o negativo– de la persona, sobre sus propias acciones. No es simplemente una reacción del individuo ante un estímulo externo –como podría ser el miedo o la tristeza–, sino que se le añade un análisis de si nuestra actuación ante ese estímulo ha sido adecuada o inadecuada, de acuerdo a los criterios sociales que hemos aprendido (Etxebarria, I. (2003). Las emociones autoconscientes: culpa, vergüenza y orgullo).

Según revelan los estudios experimentales, podemos afirmar que los niños y niñas comienzan a sentir vergüenza a partir de los 2 años, sin embargo, se necesita un mayor desarrollo social y cognitivo para que esta experiencia se encuentre acompañada de la habilidad de explicarla y conceptualizarla.

El reconocimiento consciente y explícito de estas emociones autoevaluativas se desarrollará más tardíamente, entre los 5 y 8 años de edad.

La timidez

La timidez

La palabra “timidez” procede del latín “timidus”, que significa temeroso. El término “timidez” ha sido utilizado para referirse al malestar experimentado en presencia de personas desconocidas.

Según se recoge en un artículo de Antonio Cano Vindel y sus colaboradores, (Cano Vindel, A., Pellejero, M., Ferrer, M.A., Iruarrizaga, I. y Zuazo, A. 2001. Aspectos cognitivos, emocionales, genéticos y diferenciales de la timidez), existen diferentes hipótesis sobre el origen de la timidez, no se ha descubierto ninguna causa que explique totalmente la probabilidad de ser tímidos o tímidas, sino que es la suma de diversos factores.

Están los factores temperamentales, más innatos, pero también existen factores ambientales que aumentan la probabilidad de que se desarrolle la timidez: sentirse rechazado por los compañeros o compañeras en la infancia o adolescencia, observación y repetición de modelos de conducta que presenten timidez –por ejemplo, conductas de nuestras figuras de apego que presenten elevados niveles de ansiedad social– o la falta de experiencias e interacciones sociales durante la infancia.

A la hora de profundizar en este concepto nos surgen varias preguntas: ¿es la timidez un rasgo de personalidad?, ¿es entonces un sinónimo de introversión?, ¿sería más bien una reacción o respuesta emocional?, ¿es un síntoma de ansiedad social?

En Psicología podemos encontrar diferentes definiciones del concepto de “timidez”, pero nos quedaremos con la siguiente:

La timidez surge cuando el niño o niña toma conciencia de sí mismo o de sí misma como un ente social que está expuesto a la evaluación crítica de los demás. Se caracteriza por un predominio de pensamientos centrados en la evaluación negativa, así como cierta inhibición del comportamiento.

La consecuencia de la timidez es un malestar ante las situaciones sociales y una tendencia a evitar o participar en esas situaciones.

Este malestar viene determinado por miedos, como el miedo a la evaluación, el temor a no responder a las expectativas de los demás, miedo a la opinión de los demás, miedo al fracaso… Estos miedos, al contrario de la inhibición social ante lo no familiar, se desarrollan más adelante en el desarrollo evolutivo, cuando, a partir de los 4 años, los niños y niñas toman conciencia de que forman parte de una sociedad y están expuestos al juicio de los demás.

Otra de las consecuencias asociadas a la timidez son una elevada auto observación –prestar atención a nuestro rendimiento, sensaciones, sentimientos…– y una actitud de elevada prevención y cautela.

Timidez, ansiedad social y trastorno evitativo de personalidad

Ansiedad social, evitación, introversión

Cuando la timidez evoluciona incrementando la baja autoconfianza y limitando las habilidades sociales, las interacciones personales se hacen cada vez más difíciles con lo que se entra en un círculo vicioso, en el que la falta de relaciones sociales incrementa la baja autoestima y merma, aún más, las habilidades sociales.

Si estas situaciones evolucionan y se mantienen en el tiempo pueden favorecer trastornos como el trastorno de ansiedad social o el trastorno evitativo de la personalidad. Pero, ¿cuándo podemos estar hablando de estos trastornos y en qué se diferencian?

En el siguiente cuadro se exponen las diferencias que diversos estudios han encontrado entre la timidez, la fobia social –renombrado en 2013 como trastorno de ansiedad social por la American Psychiatric Association– y el trastorno evitativo de la personalidad.

Tabla: Diferencias entre timidez y trastornos
Timidez Trastorno de ansiedad social Trastorno evitativo de la personalidad
Afecta a más personas Afecta a menos personas Afecta aún a menos personas
Inicio en edades tempranas Inicio más frecuente en la adolescencia Aunque las dificultades suelen estar presentes desde antes, se diagnostica al final de la adolescencia o principio de la edad adulta
Curso transitorio Curso persistente Curso aún más persistente, con mayor probabilidad de cronificarse
Genera una incapacidad moderada Genera una incapacidad alta Genera una incapacidad severa
Genera un nivel bajo de interferencia con el funcionamiento diario Genera un nivel alto de interferencia con el funcionamiento diario Genera un nivel muy alto de interferencia con el funcionamiento diario
Las situaciones temidas son ilimitadas Las situaciones temidas pueden ser limitadas o ilimitadas Se evita un mayor número de situaciones que en el trastorno de ansiedad social
Las conductas de evitación son poco frecuentes. A las personas tímidas no les agrada enfrentarse a ciertas situaciones, pero pueden hacerlo si es necesario Las conductas de evitación son frecuentes y por ello este trastorno genera un mayor nivel de incapacidad e interferencia Las conductas de evitación son muy frecuentes, graves y además se extienden a varios contextos. Es por ello que este trastorno genera aún un mayor nivel de incapacidad e interferencia que el trastorno de ansiedad social.
Adaptado de Cano Vindel et al. (2001) y Olivares-Olivares et al. (2014).

Recuerda: la introversión o la inhibición son rasgos, la vergüenza es una emoción, la timidez es una dificultad y, tanto la ansiedad social como el trastorno evitativo de la personalidad son trastornos.

La introversión no es un trastorno y no implica ser una persona antisocial, tímida o insegura. Aclaramos conceptos y profundizamos en este término que genera mucha confusión Clic para tuitear

Claves para la superación de las limitaciones asociadas a la introversión

Cuándo los niveles de introversión suponen un problema para la persona, en sus diferentes expresiones e intensidades, un elemento común es la evitación: las personas que no gestionan correctamente las interacciones sociales tienden a evitarlas, así como tienden a evitar los lugares y entornos en los que se producen. Esto genera una soledad no deseada, una disminución de las habilidades sociales y un incremento de los miedos –a la evaluación, al fracaso, al qué dirán…– y una baja de la autoconfianza o autoestima.

Al evitar estas situaciones, y por tanto los estímulos que provocan ansiedad, se obtiene un beneficio inmediato, se reduce en un primer momento el malestar o la ansiedad, pero este beneficio es efímero. El problema se agrava y el beneficio temporal cada vez es más breve y menos satisfactorio, lo que hace que el problema que evitamos se haga cada vez más difícil de afrontar.

Infografía sobre la introversión y la evitación

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Las consecuencias a medio y largo plazo de evitar en vez de afrontar el problema y buscar una solución tiene consecuencias:

  • La evitación incrementa los miedos y genera una mayor vulnerabilidad ante las experiencias incómodas. Por ejemplo, si evitamos hablar en público, creeremos que somos muy malos oradores y cada vez nos sentiremos más incapaces de hacerlo.
  • Evitar no genera ningún aprendizaje. Cuándo afrontamos una situación, incluso si esta no ha resultado tan bien como esperábamos, es posible aprender cosas que se pueden utilizar para que la próxima vez sea mejor.
  • Evitar no nos permite identificar alguna de nuestras fortalezas y que van a permitir que en la siguiente ocasión recordemos que están ahí y que podemos aprovecharlas. Muchas personas al enfrentarse a una situación, que antes tendían a evitar, han descubierto habilidades y fortalezas que no sabían que tenían. La clave es tener una buena actitud ante el problema y ver qué se nos ocurre hacer, podríamos sorprendernos.
  • Evitar no permite conocer hasta qué punto no pasa nada por tener un mal momento y que podemos superarlo. A veces el miedo al fracaso, la llamada ansiedad anticipadora, es más angustiosa que la propia situación. En ocasiones es bueno decirnos ¿qué es lo peor que puede suceder? Para comprobar que una situación parece más amenazante de lo que realmente es.
  • Evitar nos hace perder oportunidades de vivir experiencias que no sabemos cómo nos van a enriquecer.

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«Soy callada pero no tímida». Infografía con las claves para la superación de las limitaciones asociadas a la introversión Clic para tuitear

FAQs – 8 Preguntas frecuentes – Introversión

1. ¿Qué es la introversión?

La introversión es una característica de personalidad en la que la persona tiende a centrarse en su mundo interior y en sus propios pensamientos y sentimientos. Las personas introvertidas suelen ser tranquilas y reservadas y disfrutan más de la intimidad y de las actividades con menos interacción social, evitando los entornos sociales bulliciosos y animados.

2. ¿Cuál es la diferencia entre la introversión y la timidez?

La introversión y la timidez son dos conceptos diferentes, aunque a menudo se confunden. La introversión se refiere a una tendencia de la personalidad. Las personas introvertidas suelen ser reservadas y evitar las situaciones sociales muy concurridas, sin embargo, esto no significa necesariamente que sean tímidas o inseguras, y que no estén plenamente adaptadas a la vida social, familiar o laboral. La timidez se refiere al malestar experimentado por una persona en la interacción social, especialmente ante personas que no son de su círculo íntimo. Este malestar se manifiesta físicamente –sonrojo, sudor de manos…– y emocionalmente –ansiedad, nerviosismo, bloqueo…– y puede limitar y dificultar las relaciones sociales y laborales.

3. ¿La introversión es una enfermedad o trastorno psicológico?

No, la introversión no es un trastorno psicológico, es una característica o tendencia de la personalidad y, de partida, no puede calificarse de positiva o negativa. Las tendencias y características de personalidad nos pueden proporcionar ventajas y desventajas según el contexto, la clave será cómo gestionamos esas características para adaptarnos a las experiencias vitales. Aunque puede haber elementos comunes en aspectos de la conducta, la introversión no debe confundirse con la ansiedad social o fobia social, o con el trastorno evitativo de personalidad.

4. ¿Cómo puedo saber si soy introvertido o introvertida?

El modo más sencillo es reflexionar sobre tu patrón de conducta, en especial sobre tus elecciones en relación a las interacciones sociales. ¿Te suelen gustar más los ambientes tranquilos e íntimos? ¿Sientes mayor comodidad en pequeños grupos de personas, y además conocidas? ¿Tiendes a ser reflexivo o reflexiva y expresas tus emociones con cautela? ¿Te abruma el bullicio y los lugares muy concurridos? Si la mayoría de tus respuestas son positivas tu tendencia de personalidad probablemente sea de introversión.

5. ¿La introversión se puede cambiar o superar?

Nuestras características de personalidad nos proporcionan ventajas y desventajas en nuestra vida, en la adaptación a nuestras experiencias vitales. La clave es reflexionar sobre las potencialidades de nuestra personalidad al tiempo que identificamos aquellos aspectos que nos convenga mejorar. En el caso de la introversión, podemos adquirir, entrenar y desarrollar habilidades sociales efectivas que mejoren y faciliten nuestras interacciones sociales: hablar en público, aceptar y realizar críticas de forma adecuada, aprender a reducir el miedo escénico o la ansiedad social, etc.

6. ¿Las personas introvertidas pueden liderar de forma exitosa?

Por supuesto que sí. Hay muchos líderes de éxito que son personas introvertidas. Algunas de las habilidades y características de un líder no están relacionadas con la introversión o la extroversión: capacidad de escucha activa, empatía, toma de decisiones, gestión del tiempo…

7. ¿Las personas introvertidas tienen menos habilidades sociales?

La introversión no está necesariamente relacionada con la carencia de habilidades sociales. Si bien es cierto que la tendencia de las personas introvertidas hacia espacios más íntimos y de menor interacción social puede hacer que tengan menos entrenadas y desarrolladas ciertas habilidades sociales. Por ejemplo, si una persona introvertida se propone ser la anfitriona en un gran evento social en el que, incluso, tendrá que hablar en público, es probable que necesite revisar, mejorar y entrenar algunas de sus habilidades sociales.

8. ¿Las personas introvertidas son más propensas a la depresión o la ansiedad?

No. Tanto las personas introvertidas como las personas extrovertidas pueden experimentar depresión y ansiedad. Cuando ante determinadas situaciones nuestras características de personalidad generan emociones desfavorables e intensas, la clave es cómo gestionamos estas emociones y que conocimiento obtenemos para afrontar mejor las futuras experiencias. Por ejemplo, una persona introvertida puede experimentar estrés o sentirse aislada en contextos sociales muy bulliciosos y animados sino gestiona adecuadamente las emociones que le genera la situación. En este sentido, las personas introvertidas que vivan malas experiencias sociales repetidamente y no las gestionen bien emocionalmente, podrían ser más propensas a experimentar ansiedad social.

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Conclusiones: ¿Cómo ayudar o ayudarse?

No querría acabar este artículo sin mencionar lo que todos y todas podemos hacer para contribuir a que una persona, que lo pasa mal por la interferencia que generan sus niveles de introversión, mejore sus habilidades y sus interacciones sociales.

Estos son 4 consejos básicos:

  1. Evita criticar a las personas introvertidas, a las que sienten vergüenza o timidez, aceptando la diversidad de caracteres y emociones que podemos sentir en las distintas situaciones sociales.
  2. Practica la empatía, trata de ponerte en el lugar de una persona que tiene dificultades de relación, que se siente insegura y angustiada ante determinadas situaciones, y facilítale la comunicación.
  3. No apremies o intentes que una persona deje de ser introvertida, tímida o sienta vergüenza. Permite que todo suceda al ritmo que esa persona admita, y hasta donde ella desee. A veces la mejor forma de contribuir a que una persona mejore su autoconfianza es tener paciencia y permanecer a su lado alimentando su confianza en ella misma.
  4. Céntrate en todos los aspectos de la persona, explora sus potenciales, sus cualidades y busca en su forma de ser y de sentir,  lo que le aporta a ella y a los demás.

Y finalmente, si tú o una persona cercana, encuentras en la introversión, la timidez o la ansiedad ante las relaciones sociales, una intensa fuente de malestar que limita la cotidianidad y que se mantiene en el tiempo, no dudes en acudir –o aconsejar acudir– a profesionales de la Psicología, que puedan analizar la situación de forma personalizada, el contexto, obtener conclusiones cualificadas y asesorar y guiar con una estrategia científica y eficaz para gestionar esta tendencia de la personalidad.

Bibliografía

Badenes, L. V., Estevan, R. A. C., & Serrano, J. E. A. (1997). La comprensión infantil de las emociones secundarias y su relación con otros desarrollos sociocognitivos.

Cano Vindel et al. (2001). Aspectos cognitivos, emocionales, genéticos y diferenciales de la timidez.

Etxebarria, I. (2003). Las emociones autoconscientes: culpa, vergüenza y orgullo. EG Fernández-Abascal, MP Jiménez y MD Martín (Coor.). Motivación y emoción. La adaptación humana, 369-393.

Olivares-Olivares, P. J., Maciá, D., Chittó Gauer, G. J., Olivares, J., & Amorós, M. (2014). ¿ Trastorno de personalidad por evitación o fobia social generalizada?: un estudio piloto con población adolescente española. Liberabit, 20(2), 219-228.

Editorial

Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:

Lucía Cortés

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