(Tiempo de lectura 9 minutos)A menudo, llegamos a la consulta médica buscando respuestas a un malestar que persiste: una tensión en el cuello que no cede, molestias digestivas continuas o una fatiga que nos acompaña todo el día. Tras diversas pruebas, el especialista nos dice: «Físicamente todo está bien, no hay ninguna lesión…». Es normal que esta respuesta nos desoriente, incluso que nos genere frustración, “pero, a mi me duele, cómo me dicen que no tengo nada”.
¿Y si lo que escucháramos fuera: «quizá la sobrecarga emocional o un problema que estás viviendo te está afectando físicamente».
Y no sería una respuesta sin fundamento, de hecho entre un 20% y un 35% de las consultas en atención primaria corresponden a síntomas físicos sin una causa médica orgánica detectada.
La respuesta a este malestar o a los síntomas se encuentra en la profunda e inseparable conexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Hoy quiero hablarte de qué significa realmente el término “somatizar”.
Del mismo modo que nuestros problemas físicos afectan a nuestro estado de ánimo, nuestras emociones influyen en nuestra biología. Vamos a conocer esta relación y, sobre todo, saber cómo podemos intervenir en ella.