Medio de comunicación: Dinero y Salud | Participa: Marta Giménez

Los casos del copiloto alemán y del adolescente de Barcelona han vuelto a ponerlo de manifiesto

El estigma que acompaña a las personas con enfermedad mental, los potenciales conflictos de derechos y la teórica poca utilidad de los tratamientos han vuelto a saltar a los titulares en sucesos recientes, como el del copiloto del vuelo de Germanwings que decidió estrellar el avión con todo el pasaje o el del adolescente que mató a su profesor en un instituto en Barcelona, hiriendo a otras tres personas.


Artículo Estigma y Enfermedad MentalPara el doctor Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo y presidente electo de la Sociedad Española de Psiquiatría
, el estigma se define como una percepción diferencial respecto a la persona por tener una enfermedad mental. “Y se añaden comportamientos negativos hacia quien la padece. Así, quienes tienen esta dificultad no se limitan a sufrir el dolor moral de los problemas psicológicos derivados de su enfermedad, sino también el estigma social”, resume.

Los psiquiatras llevan décadas tratando de disminuir esta carga negativa que tienen las personas con enfermedad mental grave, pero con frecuencia surgen casos, uno de los últimos el trágico suceso de los Alpes. Como recuerda el Dr. Bobes, “el copiloto llevaba recibiendo tratamiento una década. Durante todo este tiempo se mantuvo la confidencialidad, pero ante una situación tan desgraciada, aparecen informaciones de todo tipo, en las que el secreto profesional no se mantiene: este es otro aspecto en negativo tanto para la persona como para sus familiares”. En su opinión, el problema de fondo es que a nivel europeo –y también en España– existe “una colisión en los derechos fundamentales cuando se evalúan estos sucesos. Esta disarmonía se traduce en que termina predominando el derecho a la libertad de la persona sobre el resto de los derechos y se deja que sea ella misma la que decida el futuro de su enfermedad, a pesar de las limitaciones que esta conlleva para ejercer, precisamente, el derecho a la libertad”.

¿Un accidente prevenible?

En el reciente caso del copiloto de Germanwings, este decidió no seguir el tratamiento prescrito para evitar reagudizaciones de la enfermedad y no comunicó ningún diagnóstico a las autoridades, que quizá hubiera ayudado a actuar de manera preventiva, evitando el resultado catastrófico que todos conocemos. “¿Se hubiera podido resolver? Sí, porque técnicamente los psiquiatras tenemos tratamientos para estas enfermedades, pero nos hace falta que el individuo se adhiera a ellos. Y eso lo conseguimos en algunas ocasiones y en otras no. En todo caso, nosotros no podemos comunicarlo a las autoridades para que estas intervengan, porque no podemos saltarnos el derecho a la confidencialidad si un juez no lo decide así. Y, con la legislación existente, un juez puede llegar o no a tiempo. En resumen, se llega tarde, lo que evidencia que la legislación es mejorable y debe armonizarse para poder evitar este tipo de sucesos”, opina.

Bobes recalca que los psiquiatras están convencidos de que, técnicamente, pueden aminorar este tipo de riesgos “pero siempre y cuando a los pacientes que tengan una enfermedad mental tan grave como esta se les pueda obligar, de alguna manera, a permanecer bajo tratamiento. Y, de lo contrario, no deberían de poder elegir profesiones como piloto de avión. El debate está en cómo regular el derecho a la libertad frente al derecho a la salud y el derecho a la confidencialidad. La Unión Europea debería de dar respuesta alguna vez a todo esto, porque ya se planteó hace casi dos décadas a los legisladores. Y sigue siendo una asignatura pendiente”, insiste.

Las sociedades científicas relacionadas con la Psiquiatría han solicitado una y otra vez que se armonicen este tipo de conflictos de derechos “porque, en las condiciones actuales, hasta que no recibimos una autorización judicial, que nos permite comunicar tal extremo, no podemos decir nada y solo llegamos a los temas cuando ya han sucedido las catástrofes. Si queremos evitar que pase otra vez, tenemos que obligar al enfermo a que se tome el tratamiento y a acudir a las revisiones. Este tipo de problemas se dan, fundamentalmente, en las personas que pueden contagiar enfermedades graves, como las mediadas por virus o bacterias que se transmiten a la población general si el portador no dice nada. En el caso de los enfermos mentales, técnicamente podemos aminorar su sintomatología con los fármacos con los que contamos en la actualidad, pero siempre y cuando ellos mismos adquieran también ciertas obligaciones. De lo contrario, deberemos de decir que son personas incapacitadas, porque si en un momento de evolución de la enfermedad se comportan de una manera totalmente inusual, van a hacer cosas que no tienen que hacer, van a cometer errores importantes y, muchas veces, se tratará de errores que paguen terceras personas”, advierte.

Para el Dr. Bobes, presidente electo de la Sociedad Española de Psiquiatría, existe una colisión de derechos fundamentales, que se acentúan en casos como el del piloto de Germanwings

Recursos frente al estigma

Pablo Vega, médico del Instituto de Adicciones de la ciudad de Madrid, subraya que los psiquiatras trabajan con la dificultad de tratar con enfermedades mentales “porque, desde la sociedad, está mucho más aceptado tener una úlcera o un cáncer. Y es aun peor en el caso de las neurosis, que se asocian con locura y provocan mucho más rechazo”. Según su criterio, para normalizar la situación es preciso dotar de recursos este ámbito, porque, en la actualidad, muchas veces se canaliza con redes paralelas de ayuntamientos, diputaciones y ONG para recibir un tratamiento integral en algunas patologías que están fuera del Sistema Nacional de Salud.

La dificultad del seguimiento de las pautas terapéuticas es una complicación añadida, con consultas saturadas que impiden dedicar el tiempo necesario a cada paciente, “algo que es fundamental para establecer un vínculo con el profesional sanitario que le está atendiendo”. La investigación de nuevos fármacos más eficaces y con menos efectos secundarios es otra asignatura pendiente.

Néstor Szerman, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual, añade un matiz interesante: en la condición humana tenemos dos miedos básicos, el miedo a la muerte y el miedo a la locura. “Eso está ahí y va a ser muy complicado modificarlo pero, como ocurre con todas las dificultades, hay que afrontarlo y tener presente que hay un estigma claro en los pacientes con enfermedad mental, que además suelen tener otras comorbilidades, como enfermedad metabólica, obesidad, mayor propensión a tener infecciones… lo que multiplica todavía más el estigma”, lamenta.

Los antidepresivos y los ansiolíticos se han convertido en las moléculas con más ‘éxito’ social, las más consumidas

Un problema creciente

Artículo Estigma y Enfermedad Mental“Hace muchos años que tanto la Psiquiatría como la Psicología luchan contra el estigma –añade Miguel Casas, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona–. Algunos pasos se han dado, porque ya nadie dice que un paciente psiquiátrico lo es porque quiere, ni que son las madres las que producen pacientes psiquiátricos, como se decía hace 40 años. En estos momentos, se asimila el concepto a ‘falta o anulación de la voluntad’, lo que pone al paciente en una situación de debilidad, con el añadido de que cada vez hay más pacientes”, indica.
Otro aspecto que recalca Casas es que debe de tenerse en cuenta que la tendencia es a que los pacientes sean crónicos “porque no tenemos las armas suficientes para curar. Compensamos bastante bien estos trastornos, pero un paciente de este campo no está exactamente en la misma situación que otro de otro campo. Además, muchos están mal medicados o mal aconsejados psicológicamente por lo que sea, pero ese es otro tema”.

Para normalizar la situación es preciso dotar de recursos y capacidad de maniobra a la Psiquiatría

¿Tratamiento eficaces?

El accidente de Germanwings ha puesto sobre la mesa otro debate, citado por varios de los expertos: la baja eficacia de los tratamientos actuales. Tal y como indica el profesor Bobes, existe una corriente de pensamiento que considera que los trastornos depresivos no se modifican con los antidepresivos. “A mi juicio, es un error importante porque los niveles de demostración de terapéutica son muy amplios: estos fármacos están disponibles desde la década de los 50, especialmente desde 1964, cuando aparecen diferentes familias. Y, desde entonces, han aparecido varias más y nuevos procedimientos de tratamiento que han demostrado muchas veces su eficacia en los ensayos clínicos, que es la prueba que se utiliza a nivel mundial para certificarlo. Creo que el debate está en que si se utilizan los antidepresivos en personas que no son depresivas quizá no sean efectivos, aunque sí son útiles aquellos fármacos que han conseguido la indicación para algunos trastornos de ansiedad y trastornos obsesivos”, destaca.

¿Y en los pacientes con depresiones leves, son más útiles los fármacos que la psicoterapia o el tratamiento psicosocial? Bobes recuerda que, en estos casos, no está demostrado que los antidepresivos superen a los otros abordajes: “En los trastornos leves tenemos muchas opciones: casi todos ellos son formas de reacción y adaptación a circunstancias concretas, a las cosas que suceden en la vida. Son problemas reactivos, dificultades que surgen del día a día. Los antidepresivos solo tienen un efecto ansiolítico y no resuelven el problema, que está en el entorno. Porque, efectivamente, el individuo. desde el punto de vista del ánimo, se siente fracasado, no es capaz de estar activo, ni de pelear por las cosas, ni motivado para hacerlo, y pasa una fase, que dura unos meses, con dificultades de adaptación. En estos casos, es discutible la medicación”, aclara.

Los antidepresivos y los ansiolíticos se han convertido, en los últimos 50 años, en unas de las moléculas con más ‘éxito’ social: son de los más prescritos, por encima de los antibióticos, los analgésicos y cualquier otro tipo de fármaco. Bobes apunta que este hecho ha contribuido a mejorar mucho su imagen.

“Las personas que han tenido cuadros depresivos están, obviamente, muy agradecidas por el tratamiento y la aparición de nuevas familias y nuevos fármacos –que son mejor tolerados– ha contribuido todavía mucho más a su éxito. Además, hay una parte de moda social: en tiempos pasados, a la mayor parte de los enfermos no se les ocurría comunicarlo ni hacerlo público. Pero, en la actualidad, se ha frivolizado y hay gente que incluso presume de tomar antidepresivos o de estar en tratamiento con uno u otro doctor. Por tanto, ha disminuido el estigma que supone tomar estos fármacos”, sentencia.

Los especialistas animan a los pacientes a ser sus propios portavoces en lugar de utilizar agentes intermedios

Esfuerzo Conjunto

Marta Giménez, psicóloga del Centro de Psicología Área Humana y portavoz del Colegio de Psicólogos de Madrid, destaca que, si se ha avanzado algo en desestigmatizar la enfermedad mental, “ha sido fruto del esfuerzo realizado por entidades y organizaciones de pacientes y familiares, así como de profesionales sensibles a estas problemáticas. El énfasis por informar y desmitificar atribuciones erróneas es fundamental para favorecer una adecuada integración social de estas personas, con el consecuente beneficio personal y social”. Y, como recuerda, el comportamiento humano “no es solo el resultado de unos fundamentos biológicos. También brota de la interacción con determinados factores de vulnerabilidad sociales, educativos e individuales, que se ven potenciados por situaciones de estrés, resultando en desenlaces como los vividos recientemente”.

En otras áreas de la Medicina ha surgido la figura del paciente experto o ‘empoderado’ (en traducción directa del inglés ‘empowered’), algo que no se ha producido en el campo de la salud mental en igual medida, aunque comienzan a darse pasos. Los especialistas animan a que sean los propios pacientes los que den voz a sus reivindicaciones y dejen de utilizar agentes intermedios, ya que conocen mejor su enfermedad y sus necesidades y, por tanto, son los más preparados para reclamar sus derechos.