La magnitud de un problema occidental

Medios de comunicación e instituciones hablan de la obesidad como la epidemia del siglo XXI, sin embargo, algunos expertos relativizan dicha magnitud a los parámetros que se tengan en cuenta en cada ocasión. De lo que no existe la menor duda es de que es un fenómeno que en los últimos tiempos se ha extendido por todo el mundo occidental y a todos los estratos de unas sociedades donde, aunque pueda parecer paradójico, el culto por el cuerpo constituye el principal leiv motif de muchos.

Evolución en el significado que el adjetivo “gordo” podía tener

En la antigüedad, una persona obesa era alguien que gozaba de buena salud y armonía, tanto física como psíquica y, sin embargo, ahora el concepto ha cambiado radicalmente. Se podría decir que con el paso del tiempo se fue imponiendo un modelo normativo que ensalzaba la delgadez como símbolo de alguien que comía porque quería y que se cuidaba a sí mismo, con la correspondiente estigmatización de la gordura. Según José Luis Moreno, profesor de Filosofía en la Universidad de Cádiz, “cuando la escasez alimentaria se empezó a solucionar en ciertos lugares de Europa, la gordura se convirtió en un estigma: es el que come mucho para llenarse porque le apetece, sin tener la capacidad de distanciarse de sus necesidades y de presentarse en sociedad como es debido”.

En la actualidad, se hace patente en la sociedad el valor añadido de la delgadez basado en un atributo de clase y de salud. En este sentido, se ha comprobado que la angustia por el peso reside en aquellas personas de determinado estatus social y con profesiones concretas.

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