192015May
Los hombres no lloran… ¿Y eso por qué?

Los hombres no lloran… ¿Y eso por qué?

Hay algunas cosas que a los profesionales de la Psicología, los que estudiamos y tratamos aspectos del comportamiento, no deja de sorprendernos. Comportamientos que aunque están cambiando, siguen en lo general, manteniendo ciertas pautas.

Quiero proponeros un juego, un juego que tiene que ver con expresar emociones. Yo os planteo una situación y me decís si es verdadero o falso. Allá va:

  1. Es habitual tener conversaciones con amigos o conocidos en las que puedo escuchar como los hombres me hablan sobre su envidia, su tristeza, su desesperanza, su miedo o su culpa… ¿VERDADERO O FALSO?
  2. El otro día vino un buen amigo mío a mi casa, muy angustiado y me dijo: “José, no sé bien lo que me pasa, me siento desilusionado y no entiendo bien por qué”. Tras una larga e intensa conversación, que acabó a las tantas, llegamos a diversas conclusiones, entre ellas reconocer que se sentía mal por un tema familiar y que quería compartirlo. ¿VERDADERO O FALSO?
  3. Otro conocido me preguntaba si él como padre debería fomentar que su hijo le viera llorar en algún momento, para que aprendiera que era algo normal y saludable. ¿VERDADERO O FALSO?
  4. Justo hace unos días, estuve en una reunión de mucha gente en la que en un momento determinado, los hombres, compartieron efusivamente su alegría abrazándose, incluso besándose. Es frecuente verles hacer esto en estas reuniones. ¿VERDADERO O FALSO?

Las respuestas que planteo a continuación son generalizaciones basadas en estereotipos que simplifican la realidad y en ese sentido son imprecisas, incluso injustas con muchos hombres que responderían de un modo diferente. Este improvisado cuestionario sólo busca hacer reflexionar sobre expresar emociones, sobre las creencias arraigadas en esos “mitos” o “estereotipos” y que pueden influir en la manera en que se atienden, expresan y gestionan las emociones.

Por tanto, y con vuestro permiso, sigamos el juego. Las respuestas podrían ser…

  1. FALSO. “Los hombres no pueden sentir desesperanza, deben seguir luchando”. ”No exteriorizan la envidia, eso es de débiles”. “No sienten culpa”. Y si por alguna razón la sienten, se la quitan con frases como “que me quiten lo bailao” o “yo no puedo pensar en todos”.
  2. FALSO. Porque según el mito “Los hombres, si se sienten tristes, siempre saben por qué es”. Y si un hombre dice algo así como “estoy mal, algo triste, y no sé por qué”, luego cuando se va a casa, todos decimos: “qué raro está”.
  3. FALSO. Porque la función de padre consiste en que los hijos vean a una figura infranqueable ante las emociones. Salvo por enfado o ira “un hombre no se deja llevar por las emociones”. “Llorar es cosa de débiles, no de hombres”.
  4. VERDADERO. Estaba en un estadio de fútbol viendo a mi equipo. Ahí sí nos permitimos los hombres sentir, expresar y compartir emociones abierta y efusivamente. –Quizás no es tan ilógica la pasión por el fútbol o ciertos deportes–

Ser hombre y no expresar emociones: ¿mito o realidad?

Expresar emociones un reto para el hombre

Todas las personas, independientemente del sexo, tenemos las mismas necesidades básicas: sentirnos aceptados, útiles, autónomos, seguros, vinculados y en desarrollo. Puesto que tanto hombres como mujeres tenemos las mismas necesidades, según éstas sean o no satisfechas, surgirán en la persona los mismos mensajes emocionales, independientemente de su sexo, ya que las respuestas emocionales son parte fundamental para la adaptación en la vida. No es el “ser varón”, sino el aprendizaje, los mitos y estereotipos interiorizados, heredados de generación en generación, lo que nos lleva a los hombres a aprender a ser “poco emocionales”. Pues según ciertas creencias, el hombre emocional, sería más vulnerable, más frágil… “menos hombre”.

Según la dicotomía de género, se prescribe para los hombres una masculinidad tradicional, el “hombre muy hombre”, que no necesita estar atento a su mundo emocional porque “ni siente ni padece”. Reprime emociones en lugar de identificarlas, expresarlas y manejarlas con normalidad. Salvo en algunos ámbitos en los que “su masculinidad” no está en duda: estadios de fútbol, por ejemplo. Salvo contadas excepciones, en el resto de las situaciones, el ser emocional “es cosa de mujeres”. Amantes del fútbol, ¿Os imagináis ver una final sin expresar emociones? ¿Por qué en otros ámbitos o situaciones no mostramos tan abiertamente nuestras emociones?

Digamos que desde muy pequeños vamos aprendiendo, “aprendiendo a ser hombres” nos “desentrenamos” en percibir y reaccionar ante determinadas emociones, y cuando nos hacemos “mayores” sólo nos damos cuenta de que las emociones están y estaban ahí cuando se hacen tan intensas que explotan en forma de enfado, ira, tristeza, ansiedad…

Los tiempos cambian, y también el concepto de ser hombre, por supuesto que también el de ser mujer. Nosotros, estamos aprendiendo a ver formas más flexibles de vivir la masculinidad, pasando de una masculinidad hegemónica a nuevas y diversas masculinidades. Algunos viejos mitos, estereotipos y actitudes están empezando a ser cuestionados. Por ejemplo, afortunadamente la violencia como forma de expresión de la ira o el miedo ya es inadmisible en nuestra sociedad. Asimismo, otros viejos mitos, poco a poco, también están siendo revisados en las creencias de nuestra sociedad, en nuestras actitudes, en la educación que inculcamos. Mitos, creencias, como las que dicen que el marido que llora da inseguridad, o aquella que afirma que la seguridad en la pareja la ha de aportar el hombre. O que el padre que expresa emociones hace a sus hijos vulnerables, y que el niño que aprende, ha de aprender que como hombre, sólo será válido sentir y expresar ciertas cosas.

Si todos tenemos las mismas necesidades básicas, todos sentiremos las mismas emociones. Sólo hay que saber escuchar en qué forma particular se manifiestan en ti.

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Autor

Psicólogos Madrid José SerranoJosé Serrano

Psicólogo Sanitario. Especialista en Psicología Clínica. Experto en trastornos del estado de ánimo, estrés y ansiedad.

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