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Agorafobia, el “engranaje” físico emocional que nos bloquea

Agorafobia, el “engranaje” físico emocional que nos bloquea

(Tiempo de lectura: 9 minutos)

Reconocí de inmediato las sensaciones… parecía haber recorrido un kilómetro y en cambio sólo me había alejado unos metros de casa. Respiraba con dificultad, sentía el corazón golpear con rapidez e intensidad. Mire mis manos… temblaban. Me sequé el sudor… Volví a entrar en casa… sentía la derrota. Mañana lo intentaría de nuevo… o tal vez… pasado mañana. (Pensamiento expresado por una persona con Agorafobia)

Esta situación, bien podría expresar la vivencia que afecta y condiciona la vida de muchas personas. Son personas que se ven afectadas por un trastorno denominado agorafobia. Un trastorno que limita sus vidas:

“He dejado de viajar en avión porque me da miedo encontrarme mal en mitad del vuelo y no poder salir”. “No puedo ir en coche fuera de mi ciudad si no localizo áreas de servicio donde poder parar si me pasa algo”. “Cada vez que salgo de casa o voy a un sitio nuevo me pongo tan nervioso/a que tengo que irme”. “Hace años que no piso un centro comercial, desde aquella vez que me mareé tanto y me tuvieron que atender unos desconocidos que pasaban por allí”.

Sin duda, la agorafobia puede llegar a limitar intensamente la vida de las personas, pero hay una buena noticia: tiene solución.

¿Qué es la agorafobia?

Qué es la agorafobia y Síntomas de agorafobia

La propia etimología de la palabra agorafobia, del griego “phobos”: temor o miedo con carácter obsesivo, y “ágora”: plaza pública, lugar de reunión; hace que se tienda a traducir como “miedo a los espacios abiertos”. Pero la agorafobia es mucho más que eso.

La agorafobia es un trastorno psicológico cuya principal expresión es una intensa ansiedad cuando nos encontramos en lugares o situaciones en los que percibimos que no tendremos ningún control si decidiéramos escapar de ellos o si sucediera algún suceso peligroso (o embarazoso). Pensamos que en esas circunstancias no podríamos hacer nada para evitar las consecuencias, que siempre esperamos que sean graves e insoportables.

El miedo a vivir esa posible experiencia genera toda una sintomatología de ansiedad previa, de tal modo que tendemos a evitar cualquier entorno que consideremos de riesgo, si no disponemos de absolutas (casi ideales) garantías o de otras personas confiables que nos protejan.

Esta tendencia a anticipar los riesgos, hace que se eviten lugares que se considerarán potencialmente peligrosos: sitios concurridos o de los que salir puede ser dificultoso (centros comerciales, cines, conciertos, mercados…), transportes públicos, sobre todo aquellos de los que no es fácil salir de inmediato (avión, tren, barco…), incluso, en esta tendencia a limitar los lugares, se puede llegar a considerar sólo la propia casa como “lugar aceptable” (zona de seguridad o zona de confort).

La agorafobia es mucho más que el miedo a los espacios abiertos, es un funcionamiento emocional que limita nuestra capacidad de acción y condiciona nuestra vida Clic para tuitear

Síntomas de Agorafobia. ¿Qué me sucede?

La agorafobia es un trastorno de ansiedad, y sus síntomas son consecuentes con este grupo de trastornos psicológicos: a nivel fisiológico se pueden producir palpitaciones o taquicardia, sudor, temblores, mareo, alteraciones en la visión, dificultad para respirar, presión en el pecho…

Podemos reconocer esta sintomatología, ya que forma parte de los mecanismos que nuestro cuerpo pone en marcha ante una situación de riesgo o amenaza inminente. Ya hemos mencionado en otros artículos que la ansiedad es originalmente una respuesta adaptativa. ¿No es lógico que nuestro cuerpo nos avise o prepare para la huida o la acción para garantizar nuestra supervivencia? El problema se produce cuando este mecanismo se pone en funcionamiento sin que la amenaza sea real o tenga una magnitud coherente con el nivel y la intensidad de la emoción generada.

¿Por qué reacciono así? ¿Por qué tengo agorafobia?

Todas las personas experimentamos sucesos estresantes a lo largo de la vida. Estos acontecimientos los afrontamos de un modo diferente según el repertorio de recursos y habilidades de los que disponemos, que tienen que ver con nuestras tendencias o rasgos de personalidad, con la educación y el contexto social y familiar y con los aprendizajes.

El resultado de combinar todos estos factores determinará nuestra forma de vivir las experiencias mas o menos difíciles, es decir nuestra resiliencia o capacidad para afrontar los problemas y los cambios.

Cada experiencia vivida dejará una “huella” específica en cada persona. Eso supondrá que ante situaciones parecidas en esa persona se activarán mecanismos de alerta para afrontarlas del modo más útil.

Este proceso es normal, las personas aprendemos de este modo, adquirimos conocimiento y habilidades a partir de las dificultades. Pero en ciertas circunstancias el mecanismo puede no funcionar de un modo práctico, deja de ser adaptativo para convertirse en desadaptativo e ineficaz.

Tendencias de personalidad como el exceso de autocontrol, la baja tolerancia a la incertidumbre, una escasa autoconfianza o un exceso de rumiación o preocupación, pueden hacer que ante determinadas amenazas se activen con mayor frecuencia mecanismos de ansiedad; esto producirán sensaciones físicas (como las que hemos mencionado), que son interpretadas con los sesgos favorecidos por nuestra personalidad, generando mayor ansiedad y entrando en un bucle donde perdemos de vista la “situación o amenaza real” para centrarnos en nuestras emociones y en la interpretación que hacemos de ellas.

El origen de la agorafobia hay que localizarlo en una combinación de tendencias de personalidad, aprendizajes y déficits en recursos de afrontamiento y habilidades de gestión emocional Clic para tuitear

Este proceso se explica muy bien con el modelo cognitivo de pánico y agorafobia de Clark (1988). Según el modelo las sensaciones físicas o señales fisiológicas que se dispararían en las situaciones de riesgo, darían lugar a un error interpretativo de “amenaza”, lo que pondría en marcha conductas de escape o evitación para reducir el malestar de forma inmediata.

El “engranaje” físico-emocional en la agorafobia

Sensación física (Mareo, palpitaciones…) → Interpretación de amenaza (Me encuentro mal, me estoy mareando) → Emoción (Alerta, miedo, ansiedad…) → Incremento de las sensaciones fisiológicas (⇒ via de la EVITACIÓN) → Interpretación Catastrofista de las sensaciones (Voy a caerme, voy a perder el control) (⇒ vía del PÁNICO) → Sensación física (reinicio del mecanismo circular).

Mecanismo emocional en la agorafobia

¿Sabes en qué consiste el 'engranaje' físico-emocional en la agorafobia? Clic para tuitear

La Agorafobia y los ataques de pánico, ¿en qué se parecen y en qué se diferencian?

La Agorafobia y el trastorno o crisis de pánico están estrechamente relacionados, no obstante, en el estudio de Wittchen et al. (2008) los datos de esa investigación indicaban que el 51% de las personas con agorafobia, no tenían trastorno de pánico, incluso no presentaron síntomas similares a un ataque o crisis de pánico.

Es importante por ello, explicar las diferencias entre el ataque de pánico y la agorafobia:

El ataque de pánico

Como explicamos antes, cuando experimentamos un miedo intenso ante una situación vital concreta, inevitablemente vamos a temer que nos vuelva a ocurrir en el futuro. Este miedo anticipatorio de volver a sufrir o de volver a sentirnos mal, es normalmente definido como “miedo a la ansiedad” o “miedo al miedo”, y podría favorecer el trastorno de pánico.

Si la última vez que estuve en un atasco me mareé y me asusté tanto pensando que no iba a poder salir, que tuve que pedir ayuda al coche de al lado; es normal que el siguiente atasco me recuerde a aquel suceso desagradable y dispare mi sistema de alerta. Si en ese momento, en vez de iniciar un “diálogo interno” que me ayude a controlar mis síntomas, del tipo: “Bueno, no tengo que volverme a sentir como me sentí en el anterior atasco, y si me pasa ya he resuelto uno parecido”; lo que hago es focalizarme en los síntomas y hacer una interpretación catastrófica de ellos, anticipando posibilidades aún más catastróficas, del tipo: “Seguro que esto se pone peor, y con el calor que hace me sentiré sin aire, de hecho ya respiro mal, y me late mucho el corazón… podría desmayarme… y entonces qué haría, la gente va a los suyo…” Este estilo de pensamiento incrementa las sensaciones de angustia, si estamos centrados en esas sensaciones, al notar que se incrementan confirmaremos nuestra hipótesis e incrementaremos las sensaciones, así sucesivamente hasta entrar en pánico.

El ataque de pánico se produce cuando nuestro cuerpo activa varios síntomas fisiológicos de forma intensa y creciente y comenzamos a pensar que vamos a perder el control, a perder la razón, o a morir.

La Agorafobia

La Agorafobia se origina cuando la persona, a posteriori, pone en marcha conductas de escape o de evitación ante las situaciones que imagina peligrosas, en las que prevé pasarlo mal.

Este afrontamiento evitativo genera un alivio inmediato al no tener que hacer frente de nuevo a la supuesta “amenaza”, pero mantiene y agrava el problema a medio y largo plazo, dado que las supuestas amenazas van adquiriendo cada vez mayor potencial y capacidad para provocar miedo.

Analizar e identificar cuál es el afrontamiento que realizamos tras experimentar los sucesos que han generado esta elevada ansiedad, y como afecta a nuestra conducta y a nuestra vida a partir de entonces, van a ser claves para comenzar a comprender y cambiar lo que hacemos.

La tendencia a la evitación es el fundamento de la agorafobia, para aprender a afrontar las situaciones que se temen, se requiere aprender a experimentar de un modo diferente esas situaciones. Es lo que denominamos técnicas de exposición, aplicadas con la supervisión y el control necesarios para adquirir habilidades y recursos que nos permitan pensar y actuar de un modo adaptativo y útil.

En ese sentido la terapia cognitivo conductual ha demostrado científicamente tener una notable eficacia en el tratamiento de la agorafobia.

Aunque están relacionados, hay diferencias entre el ataque de pánico y la agorafobia Clic para tuitear

Superar la Agorafobia: 6 Estrategias de afrontamiento

Estrategias frente a la agorafobia

La agorafobia al igual que otras dificultades psicológicas es un proceso, que tiene magnitudes y estados en su evolución. Por ello es fundamental el cuidado emocional. Te propongo estas 6 estrategias:

Infografia 6 estrategias frente a la agorafobia
(Clic para ampliar)

  1. Identifica tu propio funcionamiento ante la ansiedad: ¿qué interpreto en ese momento? ¿qué pienso sobre lo que estoy sintiendo? ¿qué mecanismos pongo en marcha? ¿qué hago al respecto?
  2. Normaliza tus sensaciones: todas las emociones desagradables tienen una función. Date permiso para sentir lo que estás sintiendo, para entender tus emociones y no malinterpretarlas.
  3. Cuestiona tus pensamientos: ¿cuántas veces ha ocurrido lo que estoy pensando? ¿ha habido situaciones en las que no ha sido así? ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿podría manejarlo si ocurriera? ¿qué le diría a otra persona que tuviera este mismo problema?
  4. Cambia tu foco de atención: La atención centrada en las sensaciones desagradables va a incrementar la intensidad de las mismas.
  5. Afronta las situaciones temidas poco a poco, de forma progresiva: una exposición demasiado brusca puede consolidar más las conductas de evitación o de escape. Realiza una jerarquía de situaciones (o de variantes de una misma situación) y empieza por la más manejable o asequible, por aquella que provoque niveles medios o moderados de ansiedad. La clave está en afrontar la situación progresivamente, tolerando ciertos niveles de ansiedad iniciales, hasta conseguir percibir control y recursos para manejarla. Pero si se incrementa tu ansiedad y malestar al intentarlo, consulta con una psicóloga especializada o con un psicólogo especializado.
  6. Valora: reconoce tus logros en el manejo de tus temores, dedica tiempo a identificar y realzar lo que vas consiguiendo. Probablemente es un funcionamiento que lleve manteniéndose mucho tiempo, así que cada pasito es una victoria, ¡no puedes cambiarlo en un día!
La agorafobia es un trastorno que tiende a progresar y volverse cada vez más incapacitante. Te proponemos 6 estrategias muy útiles Clic para tuitear

Antes de terminar, quiero recordarte algo que mencionaba al principio de este artículo: la agorafobia tiene solución.

Dificultades como esta, al igual que otros desórdenes por ansiedad suelen afectar a muchos ámbitos de nuestra vida y pueden evolucionar combinándose con otros síntomas psicológicos: tristeza, sentimientos de soledad, inseguridad, falta de autoestima… Es importante identificar cuándo la situación nos sobrepasa.

Nunca es una buena idea sufrir innecesariamente y más tiempo del requerido; además de que no atender el problema a tiempo hace que se agrave. Si lo necesitas acude al profesional de la Psicología, los aprendizajes en Salud Emocional son siempre más fáciles y eficaces cuando cuentas con los especialistas adecuados.

Autora

Psicóloga Madrid Natalia FrancoNatalia Franco

Psicóloga Sanitaria. Especialista en intervención clínica. Experta en desórdenes emocionales.

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