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Perfeccionismo, necesidad de aprobación y tolerancia a la frustración

Perfeccionismo, necesidad de aprobación y tolerancia a la frustración

Hay una película que muestra, aunque tal vez de un modo dramático y extremo, la paradoja que puede existir tras la búsqueda incansable de la excelencia. En «Cisne Negro» el director de la compañía le dice al personaje interpretado por Natalie Portman: “La única persona que se interpone en tu camino eres tu misma”. ¿Has adivinado de qué vamos a hablar? ¡Eso es! Vamos a hablar de Perfeccionismo y de cómo el afán de superación y la búsqueda de la perfección pueden ser, paradójicamente, el mayor obstáculo para lograr tus metas. En este artículo explicaremos que subyace tras esta búsqueda incansable de la perfección y cómo se relaciona con la necesidad de aprobación o la tolerancia a la frustración.

El perfeccionismo o la paradoja de la meta inalcanzada

En las investigaciones que llevamos a cabo en transdiagnóstico –uno de los más claros avances en Psicología Clínica– el perfeccionismo acapara una gran atención. En su vertiente más patológica sabemos que esta tendencia en nuestra forma de pensamiento afecta gravemente a la consecución de proyectos vitales, supone un obstáculo que paraliza los progresos y genera elevadas tasas de distress emocional (estrés negativo y perjudicial).

La búsqueda de la excelencia y el afán de superación personal, constituyen en términos generales valores y características positivas que nos permite avanzar, crecer e innovar en las distintas áreas de la vida.

En general, la mayoría de las personas aceptamos con complacencia “cierto grado de perfeccionismo”. En la actual sociedad, que tanta competitividad genera, el perfeccionismo es considerado una especie de defecto-virtud. Nos resulta difícil criticar a quien invierte un gran esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posible. Sin embargo, cuando se trasforma en una obsesión, el perfeccionismo lejos de ayudarnos a alcanzar las metas y crecer en satisfacción, confianza y seguridad, constituye un obstáculo y una fuente constante de amenaza, miedos, dudas e infelicidad.

La mayoría de nosotros somos conscientes (o sería conveniente serlo) de que la perfección no existe y que esta depende en gran medida de nuestras ideas sobre la perfección y lo perfecto. Perdemos de vista que, en muchas ocasiones, lo bueno… es lo mejor.

Más información en Psicología y Psiquiatría

Lee este Interesante artículo (en inglés) de Harvard Bussines Review | «How to mentor a perfeccionist» («Cómo educar a un perfeccionista»)

La Tolerancia a la Frustración

Una de las claves para hacer frente al perfeccionismo es la tolerancia a la frustración, aprender a encontrar un equilibrio entre lo bueno y lo mejor.

La baja tolerancia a la frustración genera una incesante autocrítica, en un mecanismo de anticipación a cualquier posible fallo o error.

El perfeccionista o la perfeccionista se mantiene en alerta, “no se deja pasar ni una” no sea que vaya a cometer un error evitable, así, revisa, amplia información, chequea posibilidades y se pierde entre tantos intentos de controlar al máximo las variables que podrían amenazar el mejor de los resultados. Y es aquí, a modo de profecía autocumplida, donde aumenta la probabilidad de cometer errores… ¿Paradójico verdad?

¿Qué es la perfección? Relación con la tolerancia a la frustración

Qué es la Perfección

Etimológicamente la palabra perfección deriva del latín “perfectio” y se refiere a la “acción de dejar algo acabado”, reflejando además una cualidad de algo que carece de errores o defectos y por ende reúne el más alto nivel posible de excelencia.

La noción de perfección implícitamente conlleva la búsqueda de ideales en cierto grado utópicos. Manejar esta noción de un modo saludable requiere la habilidad de identificar y determinar cuándo algo está suficientemente bien.

Debemos considerar que el valor de la perfección, es siempre el resultado de una comparación subjetiva de los resultados obtenidos y unos estándares aplicables y posibles. Si esos estándares son inalcanzables o inaplicables en las condiciones en las que estemos juzgando algo, el resultado siempre será insatisfactorio. En este sentido, valorar correctamente el resultado de un trabajo realizado, supone, o bien introducir cierto grado de aceptación de lo imperfecto, o bien ser capaces de establecer un estándar alcanzable.

Esta habilidad para aceptar cierto grado de imperfección es lo que denominamos tolerancia a la frustración, que consiste en hallar satisfacción y reconocimiento en logros que no son “perfectos” pero que han supuesto un esfuerzo y avances en la dirección correcta.

La tolerancia a la frustración es una habilidad esencial para dar continuidad a los esfuerzos, perseverar y superar obstáculos. Es la clave en la motivación positiva y está en la base de lo que llamamos “fuerza de voluntad”, ya que supone afrontar el esfuerzo aceptando y valorando el resultado del mismo, esto genera la autoestima suficiente para seguir esforzándose, mejorando y avanzando.

Las trampas del perfeccionismo. Qué dice la Psicología y la Psiquiatría

Veamos cuáles son las trampas y espejismos del perfeccionismo que pueden afectar no sólo a tu productividad, sino también a tu bienestar, autoestima y equilibrio emocional.

Cómo decía al principio del artículo, el perfeccionismo ha ido ganando relevancia en el campo de la investigación clínica, siendo actualmente considerado uno de los factores psicológicos en la perspectiva transdiagnóstica.

Desde la primera definición que lo describía como “la práctica de exigirse a uno mismo o a los demás una mayor calidad de rendimiento de la que es requerida por la situación” (Hollander, 1978) mucho se ha avanzado, especialmente en tratar de identificar qué aspectos resultan perjudiciales y se asocian con trastornos psicológicos muy frecuentes.

El perfeccionismo está implicado en trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad y depresión (Egan, Wade & Shafran, 2011). También es una característica presente en personas con trastorno obsesivo compulsivo (Frost & Steketee, 1997), ansiedad social (Juster & Leung, 1999), en el trastorno de pánico (Wood, Cano-Vindel & Salguero, 2015) y predice ideación suicida (Beevers & Miller, 2004).

Actualmente el perfeccionismo es considerado como una tendencia a establecer estándares excesivamente altos de desempeño en combinación con una evaluación posterior excesivamente crítica y una creciente preocupación por cometer errores, rasgos que se expresan con baja tolerancia a la frustración. (Frost, Marte, Lahart & Rosenblate, 1990).

Esta tendencia puede ser un rasgo de la personalidad o bien un comportamiento en situaciones o contextos particulares, que ejerce una gran influencia sobre el pensamiento, emociones y conducta (Arana, Scapputura, Lago & Keegan, 2007).

Las personas perfeccionistas con un estilo adaptativo poseen estándares altos pero realistas, orden, organización y afán de superación. Mientras que en el perfeccionismo desadaptativo, además de elevados, los estándares elevados son irrealizables. Predomina una preocupación excesiva por los errores y existe una gran discrepancia entre el resultado obtenido y las exigencias personales.

Otro aspecto destacado en el perfeccionismo es hacia donde se dirige. El perfeccionismo puede estar orientado hacia uno mismo, centrado en las capacidades de los demás (orientado hacia los otros) o el llamado perfeccionismo social, que supone ser aceptados únicamente si se cumplen con los estándares irrealistas impuestos por los demás (Hewitt & Flett, 1991).

El círculo vicioso del perfeccionismo

El Círculo Vicioso del Perfeccionismo

En general, podríamos decir que una persona perfeccionista está atrapada en un circulo: de expectativas, frustraciones y amenazas, que se torna perjudicial y en cierta forma incontrolable:

  1. Considera que haga lo que haga será insuficiente.
  2. Disminuye la percepción de autoeficacia y autocontrol.
  3. Disminuye la autoestima y la aceptación personal.
  4. Se eleva la necesidad de aprobación.
  5. Aumenta la percepción de estrés, la preocupación por evitar errores.
  6. Se alimenta la rumiación obsesiva.
  7. Se pone en marcha una forma errónea de interpretar la información.
  8. Se incrementa la percepción errónea y desajustada.
  9. Aumenta la crítica y valoración de los resultados obtenidos.
  10. Considera que haga lo que haga será insuficiente.

Cómo reconocer el perfeccionismo

El primer paso para superar esta tendencia es reconocerlo. Reflexiona si algunas de las manifestaciones habituales del perfeccionismo están presentes en ti:

  • Improductividad.
  • Posponer o retrasar una y otra vez el inicio de una tarea o proyecto.
  • Dificultades para terminar un trabajo.
  • Meticulosidad extrema y obsesión por los detalles.
  • Miedo a cometer errores.
  • Desmotivación ante las dificultades o pequeños fracasos.
  • Sentimientos de fracaso.
  • Autocrítica e insatisfacción constante ante tus logros.
  • Condicionar tu autovalía personal a los resultados obtenidos.
  • Exceso de comparación con las demás personas.

El Decálogo anti-perfección. Cómo transformar el perfeccionismo en tu aliado

Hemos de tener en cuenta que la interpretación y evaluación de las situaciones, así como los significados que se atribuyen a determinados resultados, van a influir y condicionar nuestras reacciones emocionales, la percepción de estrés y en consecuencia la forma de hacer frente a los desafíos o amenazas.

Estos son los consejos para que el afán de superación no sea un obstáculo:

  1. Identifica la presencia de “deberías” en tu auto-dialogo ya que pueden ser indicadoras de creencias irracionales, exigencias absolutistas y rígidas que de no cumplirse potencian reacciones emocionales displacenteras y sobredimensionadas. Transfórmalas en preferencias flexibles: Preferiría que… Me gustaría que…
  2. Limita la tendencia a pensar en términos dicotómicos todo o nada, bueno o malo, perfecto o imperfecto. El tono medio también existe y no tiene que ser gris, el tono medio existe en los colores. El que no sea perfecto no significa en ningún caso que sea malo, feo o no tenga valor. Todo es mejorable, pero se trata de disfrutar de lo que has hecho, no de lamentarse de que podría ser mejor.
  3. No caigas en las trampas de la sobregeneralización: siempre tengo que ser él o la mejor. Atrévete a desafiar esta exigencia.
  4. Organiza y planifica tus metas en sub-metas o pasos que aumentarán tu percepción de autoeficacia y satisfacción, dotando de flexibilidad e indicadores más realistas de tus progresos.
  5. Incrementa tu tolerancia a la frustración: es una capacidad necesaria del proceso positivo de aprendizaje. Los errores son parte natural del crecimiento y aprendizaje en la vida, nos dan la oportunidad de rectificar y mejorar.
  6. Enfócate en lo positivo y no te dejes atrapar por pensamientos catastrofistas.
  7. Identifica tus estándares perfeccionistas y transfórmalos en metas alcanzables, secuenciables y flexibles. Te ayudarán a realizar una evaluación subjetiva más ajustada a la realidad.
  8. Pon en marcha conductas de aproximación en lugar de tender a la evitación. Céntrate en lo que te gustaría conseguir, persigue tus sueños y metas, no te muevas sólo por lo que temes y pretendes evitar.
  9. Asume el riego de equivocarte: errar es de humanos.
  10. Separa las críticas objetivas de tu valoración como persona. No eres lo que haces, y sobre todo lo que haces no es un foto fija, es una película donde las cosas van cambiando, tu las vas cambiando.

Recuerda que sea cual sea el motivo por el que has desarrollado estas tendencias autoexigentes, el conocimiento de las motivaciones subyacentes a ellas serán un inicio fundamental para reajustar expectativas y promover cambios favorables para el éxito de tus metas y el logro de tu bienestar.

Autora

Psicóloga Madrid. Marta GiménezMarta Giménez

Psicóloga Sanitaria en Área Humana. Especialista en Perspectiva de Género y Transdiagnóstico. Directora del Área de Investigación e Innovación de Área Humana.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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