152025Ene
El combustible emocional de los bulos: la indignación como motor de la desinformación

El combustible emocional de los bulos: la indignación como motor de la desinformación

(Tiempo de lectura 9 minutos)

Soy Valentín Vidal, periodista, director de comunicación de Área Humana y experto en nuevas tecnologías de la comunicación y Psicología. En mi trayectoria profesional he vivido en primera persona la decisiva transformación en las últimas décadas del modo de consumir y compartir información. Recuerdo cuándo las noticias llegaban a través del periódico del día, la radio a primera hora de la mañana o del telediario de la noche. Con sus limitaciones, errores y sesgos editoriales, los medios tradicionales actuaban como garantes de la información, verificando y filtrando las noticias que llegaban al público. Este modelo cambió drásticamente con la irrupción de Internet. Si bien este cambio ha facilitado una mayor diversidad de puntos de vista, también ha generado un problema grave: la difusión de bulos y la desinformación.

He querido escribir un artículo sobre este fenómeno, que tiene muchos nombres: fake news, desinformación, posverdad, clickbait… Y lo hago porque creo que, siendo en general una dinámica muy negativa, cuando se produce en el ámbito de la salud –y es uno de los ámbitos dónde más se produce–, las consecuencias para las personas pueden ser devastadoras.

Con este artículo vamos a descubrir las claves emocionales de este fenómeno, qué factores intervienen y cómo afectan a nivel psicológico. Y por último, vamos a proponer herramientas y estrategias desde la Psicología para mantener una actitud crítica y serena frente a los bulos.

La responsabilidad en la comunicación

La responsabilidad en la información

El reciente informe Digital News Report 2024 indica que 7 de cada 10 españoles están muy preocupado por la desinformación o los bulos en Internet –6 puntos más que el 2023–. Y la reciente DANA ha puesto de manifiesto cómo la proliferación de los bulos y las teorías conspirativas –aprovechando los componentes emocionales– se producen en cualquier tema o contexto, por sensible y delicado que este sea.

El ámbito de la Salud ha sido especialmente vulnerable a la desinformación. El último informe de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología indica que más del 60% de las personas busca información sobre ciencia y Salud en Internet de manera prioritaria y habitual.

En la Comunicación es necesario actuar desde el conocimiento, la responsabilidad y la empatía, para lograr que la información que difundimos sea precisa, rigurosa y, sobre todo, útil para quienes la reciben.

La Psicología tiene el potencial de cambiar vidas. Pero la información en Psicología, mal comunicada, descontextualizada o distorsionada, puede causar confusión, perpetuar estigmas y tabúes e incrementar el malestar de las personas que están afrontando una situación emocional delicada.

Indignación, redes sociales y sesgos: las claves psicológicas de la desinformación Compartir en X

La desinformación no es inocua, es dañina

En nuestro hiperconectado mundo los bulos y la desinformación ha dejado de ser un problema exclusivo de ciertos ámbitos y se ha infiltrado en áreas tan sensibles como la Salud o la Psicología.

Este fenómeno no solo distorsiona la información científica, sino que tiene consecuencias directas sobre el bienestar de las personas.

Estudios recientes revelan datos alarmantes sobre cómo estas dinámicas afectan a la confianza, aumentan los niveles de ansiedad y contribuyen a generar incertidumbre y miedo.

Estos son solo algunos datos y hallazgos, relevantes en esta cuestión:

  • Impacto en la salud mental: Un estudio publicado en la Revista Punto Cero indica que la difusión de noticias falsas influye en el aumento de problemas de salud mental, incluyendo niveles más elevados de ansiedad y depresión.
  • Efectos en estudiantes universitarios: Una investigación realizada en la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL) encontró que las fake news pueden afectar negativamente la salud mental de los estudiantes, generando estrés y confusión.
  • Sesgo negativo y depresión: Según un artículo de Deutsche Welle, existe una relación entre la exposición a información negativa y el empeoramiento de síntomas depresivos, lo que a su vez incrementa la susceptibilidad a creer en noticias falsas, lo que supone un bucle terrible.
  • Erosión de la confianza: La exposición constante a fake news puede erosionar la confianza en los medios de comunicación y en las instituciones, generando desorientación y escepticismo en la población.
  • Propagación de noticias falsas: Las fake news se difunden más rápidamente que las noticias verdaderas, alcanzando a una audiencia más amplia y en menor tiempo, lo que amplifica su impacto psicológico y social.
«Los bulos ‘secuestran’ nuestra atención activando nuestras emociones más intensas: miedo, indignación o asombro». Julia Vidal, psicóloga Compartir en X

La desinformación y la difusión de bulos: claves emocionales

Consecuencias emocionales de los bulos

La desinformación y la propagación de bulos se alimentan de nuestros mecanismos psicológicos. Apelan a lo más profundo de nuestras emociones, analizan y aprovechan nuestras vulnerabilidades para manipular nuestros pensamientos y conductas, tanto individuales como sociales.

Más información en Psicología y Psiquiatría

Comprender las claves emocionales al interactuar con la información nos brindará herramientas para mantener una actitud crítica y serena frente a la avalancha de noticias.

Las competencias emocionales, que hemos tratado en otros artículos, son también aquí fundamentales para desactivar el poder de la desinformación y proteger mejor nuestra salud emocional y social.

Analizamos a continuación algunas de estas claves emocionales en la propagación de bulos.

6 Claves emocionales en los procesos de desinformación

1. Indignación: el combustible de la viralidad

Un reciente estudio, realizado por investigadores de las universidades de Northwestern y Princeton, que analizó más de un millón de publicaciones en Facebook y miles en la red social X (antes Twitter), que fue publicado en Science, mostró que las emociones intensas, como la indignación, actúan como catalizadores para compartir contenido, incluso si este no ha sido verificado.

La indignación activa una respuesta de “acción inmediata”, impulsándonos a alertar a los demás o a buscar aliados en nuestras opiniones.

Los bulos diseñados para provocar rabia hacia instituciones, figuras públicas o grupos específicos son especialmente efectivos porque despiertan en nosotros un sentido de urgencia y moralidad.

2. Miedo: la fuerza paralizante y movilizadora

El miedo es otra emoción clave que facilita la difusión de bulos. Contenidos que apelan a amenazas reales o imaginarias, como riesgos para la salud, conspiraciones gubernamentales o desastres naturales, generan una respuesta de supervivencia. Este mecanismo nos lleva a compartir la información rápidamente como una forma de protegernos a nosotros mismos, o a nosotras mismas, y a nuestras comunidades.

3. Ansiedad e incertidumbre: el terreno fértil de la desinformación

La ansiedad generada por la incertidumbre, especialmente en momentos de crisis globales como pandemias o conflictos políticos, crea un entorno ideal para la propagación de noticias falsas. La necesidad de buscar respuestas y certezas lleva a muchas personas a aceptar y difundir información sin cuestionarla.

Los bulos suelen ofrecer explicaciones sencillas a problemas complejos, lo que los hace psicológicamente.

4. Esperanza y optimismo: la otra cara de la moneda

Curiosamente, no solo las emociones desagradables alimentan los bulos. El optimismo o la esperanza también pueden ser herramientas para este fenómeno. Por ejemplo, falsas curas milagrosas o noticias positivas prefabricadas pueden propagarse rápidamente porque apelan al deseo de encontrar soluciones rápidas o finales felices en situaciones difíciles.

5. El deseo de pertenencia: la conexión social como motor

Compartir un bulo no siempre responde a una emoción intensa, sino al deseo de pertenecer a un grupo o comunidad. Cuando vemos a nuestros círculos cercanos compartir una información, sentimos presión social para hacer lo mismo, reforzando nuestra identidad colectiva. Esta dinámica se agrava en entornos digitales, donde la validación –a través de “me gusta” o comentarios– refuerza el comportamiento de compartir sin verificar.

6. El efecto de las emociones acumuladas

Las emociones no operan de manera aislada. En muchos casos, una combinación de miedo, indignación y ansiedad amplifica la probabilidad de que una noticia falsa se difunda. Además, la exposición repetida a contenidos similares puede generar un “efecto bola de nieve”, aumentando la percepción de veracidad de los bulos y su alcance.

El lado emocional de los bulos: más allá de la información falsa Compartir en X

Responde a nuestras preguntas Julia Vidal, psicóloga y directora clínica

FAQ: Bulos y Desinformación

9. ¿Es posible que podamos contribuir a erradicar los bulos?
8. ¿Qué podemos hacer si detectamos que alguien cercano está compartiendo bulos?
7. ¿Por qué compartimos bulos incluso cuando dudamos de su veracidad?
6. ¿Qué estrategias psicológicas pueden ayudar a prevenir la difusión de bulos?
5. ¿Cuál es el impacto emocional en la víctima de un bulo?
4. ¿Por qué es tan difícil cambiar la opinión de alguien que cree en un bulo?
3. ¿Cómo influyen las redes sociales en la propagación de bulos?
2. ¿Qué papel juega el sesgo de confirmación en la difusión de bulos?
1. ¿Por qué los bulos generan emociones tan intensas?
Julia Vidal, psicóloga, responde a las preguntas frecuentes sobre los bulos y la desinformación Compartir en X

Decálogo psicológico para evitar caer en la desinformación

Infografía sobre los bulos

Clic para ampliar

Vamos a centrar este decálogo en las habilidades o competencias emocionales que van a permitirnos identificar la desinformación y evitar contribuir a la propagación de bulos.

  1. Reconoce tus emociones antes de compartir. Antes de dar clic en “compartir”, detente un momento para identificar lo que sientes. ¿Sientes indignación, frustración o ansiedad? Estas emociones pueden nublar tu juicio y aumentar la probabilidad de que compartas información sin verificar.
  2. Activa tu pensamiento crítico. Pregúntate: ¿Esta información tiene sentido? ¿Quién podría beneficiarse de que la crea? Estas preguntas te ayudarán a salir del impulso emocional y analizar la información con mayor objetividad.
  3. Desconfía de lo que confirma tus creencias. Los bulos suelen apelar a nuestras ideas preconcebidas. Si algo parece “demasiado perfecto” para encajar con tu visión del mundo, tómalo como una señal de alerta y verifica antes de actuar.
  4. Verifica la fuente. Comprueba si la información proviene de un medio confiable o una fuente reconocida. Presta especial atención a los titulares sensacionalistas, que suelen estar diseñados para provocar reacciones emocionales intensas.
  5. Evita reaccionar en caliente. Cuando algo te indigna, espera unos minutos antes de actuar. Este simple ejercicio de autocontrol emocional puede evitar que contribuyas a la cadena de desinformación.
  6. Aprende a tolerar la incertidumbre. Los bulos prosperan porque ofrecen respuestas rápidas a temas complejos. Aceptar que no siempre tendremos todas las respuestas nos protege de caer en explicaciones simplistas y falsas.
  7. Comparte solo después de verificar. Antes de compartir, utiliza herramientas de verificación como fact-checkers o realiza una búsqueda rápida en Internet. Recuerda que cada clic cuenta, para bien o para mal.
  8. Sé consciente del impacto de tu acción. Cada vez que compartes algo, influyes en cómo otras personas perciben el mundo. Reflexiona sobre tu responsabilidad en la construcción de un entorno informativo más confiable.
  9. Fomenta el diálogo constructivo. Si te encuentras con un bulo, evita el enfrentamiento. En lugar de corregir con agresividad, ofrece datos verificables de manera calmada. Esto reduce la resistencia psicológica al cambio de opinión.
  10. Educa tus emociones en redes sociales. Las plataformas digitales están diseñadas para actuar sobre nuestras emociones. Aprende a ser consciente de cómo te afectan y no permitas que determinen tus acciones. Respira, reflexiona y actúa con intención.
10 consejos psicológicos para frenar los bulos en tus redes sociales Compartir en X

Conclusión

La interrelación entre la indignación y la propagación de bulos es un ejemplo de cómo nuestras emociones son decisivas en el fenómeno de la desinformación.

Combatir este fenómeno exige un enfoque integral que combine educación, regulación tecnológica y competencias emocionales. El poder de la desinformación reside, sin duda, en la capacidad de las plataformas tecnológicas, pero nosotros y nosotras, los usuarios y usuarias, somos actores imprescindibles para que este mecanismo tenga éxito o para que fracase.

Reflexionar sobre nuestras emociones y cómo estas influyen en nuestras acciones puede ser el primer paso hacia un entorno informativo más saludable y equilibrado.

Editorial

Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:
Psicóloga Madrid. Julia VidalJulia Vidal

Psicóloga habilitada Sanitaria. Directora Clínica del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Ansiedad y Estrés. Formadora en Resolución de Conflictos. Experta en Emociones y Salud.

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