12022Sep
Conforman lo que somos, pero ¿de verdad sabemos qué son las emociones?

Conforman lo que somos, pero ¿de verdad sabemos qué son las emociones?

(Tiempo de lectura 19 minutos)

¿Por qué podemos pasar en segundos de sentirnos felices al enfado más descontrolado? ¿Qué mecanismos provocan que nos comportemos de una determinada manera? ¿Por qué hacemos cosas que nunca hubiésemos imaginado, como herir a la persona a la que queremos? Para contestar a estas preguntas habría que responder a una cuestión decisiva: ¿Qué son las emociones?

El término “emoción” es, desde la Antigüedad, un concepto difícil de definir y que genera innumerables interpretaciones. Las emociones están en la naturaleza de quienes somos y son protagonistas de la investigación de diferentes disciplinas, como nuestra ciencia, la Psicología.

Así que no es un reto fácil responder a esta cuestión en el espacio de un artículo, pero puedo intentar algunas metas: clarificar conceptos claves sobre las emociones, despejar dudas muy frecuentes, desmontar algunos mitos –aún hoy aceptados– y proponeros alguna práctica divertida –como un quiz o test– para reflexionar sobre tus emociones. ¿Me acompañas?

¿Qué es una emoción?

Qué es una emoción

La palabra emoción proviene del latín emotio o emotionis, que a su vez deriva del verbo emovere (desalojar de un sitio, hacer mover o impresionar).

Es muy interesante que la propia etimología aluda al movimiento: la emoción nos saca de nuestro estado habitual, nos mueve hacia otro estado diferente.

Cuando revisamos la comprensión filosófica de las emociones en la Antigüedad podemos ver que en el Mundo Antiguo las pasiones humanas, del griego pathos, son estados corporales que se producen sin la intervención de la voluntad. Esta cuestión constituye el tema predilecto de las tragedias griegas, en las que sus personajes se ven sometidos, de un modo incontenible, a emociones que escapan a su control: amor, odio…

Por tanto, tenemos una primera idea sobre la emoción: es una reacción (psicofísica) que nos muevo o transforma.

Imagínate que eres un ratoncito que va por la selva y de repente te encuentras a un león. Es posible que empieces a temblar y a sudar, que tu corazón vaya más deprisa, sientas una presión en el pecho o un nudo en la garganta… Estás sintiendo miedo. Y esa emoción tiene un objetivo: movilizarte para permitirte salvar tu vida, huyendo.

Y tenemos la segunda idea clave: las emociones tienen una función, que está en la esencia de la supervivencia del ser humano.

Las emociones son un conjunto de reacciones orgánicas que responden a estímulos, internos o externos.

En el ejemplo del ratoncito y el león nos situábamos en un contexto muy básico de supervivencia, en el mundo actual, el concepto de “supervivencia” es diferente, pero no significa que no siga funcionando el proceso: amenaza – reacción emocional.

La clave, como veremos más adelante, es determinar si la amenaza es real o no, o si la respuesta emocional tiene coherencia –por su magnitud– con la amenaza, incluso si hay tal amenaza.

Las respuestas emocionales en este mundo actual no suelen producirse ante amenazas como la del ejemplo del león, pero sí ante estímulos que son también muy poderosos y, tal vez, más complejos.

Estímulos internos como imágenes mentales –imagino el final del día sin llegar a todo-, pensamientos e interpretaciones –podría perder el trabajo, no superar esta enfermedad, todo me sale mal, soy muy desafortunada–, sensaciones corporales –tensión, dolor, opresión en el pecho– y estímulos externos, como un ambiente de trabajo muy estresante, lugares que nos generan angustia –como un hospital–, una reunión de trabajo, una conferencia –en la que tenemos que hablar en público–.

En definitiva, las emociones siguen siendo la respuesta a estímulos internos y externos que producen las situaciones a las que nos enfrentamos y que van a permitirnos adaptarnos a ellas con el menor coste o perjuicio.

Una cuestión muy interesante es que estos estímulos no tienen que estar situados en el presente, podemos sentir emociones asociadas o provocadas por estímulos que provengan del pasado o que tengan que ver con el futuro –una amenaza futura–.

Pero hay una cuestión importante: ¿son siempre nuestras emociones una respuesta coherente a los estímulos? Es decir, ¿respondemos con la emoción adecuada –en intensidad y características de la emoción–, al estímulo que las provocan?

Más información en Psicología y Psiquiatría

Avancemos más sobre el conocimiento de las emociones.

¿Qué se pone en marcha cuando sentimos una emoción?

Los mecanismos de las emociones

Al sentir una emoción se ponen en marcha tres componentes:

  1. Pensamientos: Aparecen relacionados con lo que nos ha provocado esa emoción. Por ejemplo, si sentimos miedo al bajar al sótano porque está oscuro, seguramente habremos tenido pensamientos anticipatorios sobre los riesgos que hay en ese lugar inquietante.
  2. Sensaciones corporales: Cuando aparece una emoción sentimos cambios en algunas partes de nuestro cuerpo: músculos que se contraen, sensación de nudo en la garganta, se acelera el ritmo cardíaco, cambios en la respiración, hormigueo en el estómago…
  3. Impulsos o reacciones que nos llevan a la acción: Como veremos más adelante todas las emociones son brújulas que nos indican una dirección determinada al realizar una acción. Siguiendo con el ejemplo anterior del sótano oscuro, ante el miedo reaccionaremos no bajando o marchándonos para protegernos de posibles amenazas y peligros.

Hay una pregunta sobre las emociones que me hacen con mucha frecuencia las personas en consulta: ¿Estas emociones que siento y que me provocan estas dificultades, son innatas o las he generado yo? O expresado de otro modo: ¿Las emociones nacen o se hacen?

¿Qué mecanismos se ponen en marcha cuando sentimos una emoción? En este artículo explicamos qué son, de qué manera nos afectan y cómo funcionan las emociones Clic para tuitear

¿Las emociones nacen o se hacen?

En primer lugar, para responder a esta pregunta, habría que diferenciar entre emociones básicas y emociones complejas.

Las emociones básicas son innatas y universales, nacemos con ellas y están presentes en cualquier cultura y tiempo. Son iguales, tanto en Nueva York como en un poblado del Amazonas que no ha tenido nunca ningún contacto con otros pueblos o personas.

Fue en la década de 1970 cuando el psicólogo Paul Ekman identificó 6 emociones básicas a raíz de sus estudios con una tribu de Papúa – Nueva Guinea. Se trataba de la tribu Fore, caracterizada por vivir aislada o apartada de la sociedad.

Ekman creía que las emociones eran culturales y variaban de una cultura a otra, por eso les pasó a los integrantes de esta tribu una serie de fotografías con expresiones faciales para ver si las podían reconocer o variaba su significado con respecto a lo que se entendía en occidente para cada una de ellas. El resultado fue abrumador: reconocieron las expresiones emocionales igual que nosotros.

Desde entonces se confirmó que existían 6 emociones básicas que se daban en todas las personas: la alegría, la rabia, la tristeza, el miedo, la sorpresa y el asco. Estas emociones básicas son las que se manifiestan en las primeras etapas de la vida de las personas, en su primeras fases de desarrollo.

A partir de estas emociones básicas, en nuestro desarrollo como personas y como consecuencia de la forma en la que procesamos nuestras experiencias, aprendizajes, los contextos culturales o la socialización, comenzamos a construir las emociones complejas. Estas segundas requieren aprendizaje y son el resultado de nuestro proceso evolutivo.

Por ejemplo, una emoción compleja es la culpa, una emoción que participa de emociones básicas en diferentes proporciones: la rabia y el asco, y que aparece asociada a procesos y mecanismos culturales, como es la moral. Sentimos culpa cuando afrontamos una situación que contradice nuestra educación previa, nuestros códigos morales o éticos, que hemos aprendido o en los que hemos sido educados.

Más información en Psicología y Psiquiatría

Si quieres saber más sobre la culpa… La culpa: nuestro juez más implacable

En este momento del artículo quiero proponerte un juego, un quiz o cuestionario, muy breve, solo 4 preguntas, para conocer qué sabes sobre las emociones.

Test: ¿Sabrías responder a 4 preguntas básicas sobre las emociones?

Te proponemos este sencillo test, tan sencillo que sería normal responder correctamente a todas las preguntas, aunque esto no es lo más frecuente. El objetivo de este test es invitarte a reflexionar sobre tu conocimiento básico sobre las emociones.

¿Para qué sirven las emociones?

Ya hemos hablado anteriormente sobre la función básica de adaptación de las emociones, pero quiero ampliar esta cuestión tan importante y explicar la función de cada emoción básica.

Todas las emociones son brújulas, nos sirven para orientarnos en nuestro viaje de descubrimiento del mundo. Las emociones nos ofrecen información que contribuye a ayudarnos a tomar decisiones en nuestra vida.

Las emociones tienen dos funciones muy importantes:
  1. La Función Adaptativa: nos sirven para adaptarnos al medio y sobrevivir preparándonos para la acción y para el cambio.
  2. La Función Social: nos sirven para expresar lo que sentimos ante una determinada situación y hacer partícipes de ello a los demás.

Es decir, las emociones son básicas en nuestra interacción y comunicación social.

¿Para qué sirven las emociones? ¿Hay emociones innecesarias? ¿Todas tienen una función? ¿Todas pueden manejarse? En este artículo explicamos en detalle qué es una emoción Clic para tuitear

¿Para qué sirven las emociones básicas?

Las emociones básicas

Comencemos con las emociones básicas que fueron las que primero aparecieron –al nacer– y veamos cuál es su función (según P. Ekman).

La Alegría

Aparece cuando algo es gratificante o positivo para nosotros. Desde una persona que nos gusta, un lugar o una situación que nos hace sentir bien. Se corresponde con la expresión facial de la sonrisa y nos impulsa a la cercanía hacia ese objeto/situación/persona.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Sentimos que nuestro cuerpo se expande o se abre a la situación. Segregamos serotonina, endorfina, dopamina y oxitocina, –las llamadas “hormonas de la felicidad”–.

¿Qué pienso?

Tengo pensamientos positivos y optimistas.

¿Qué me impulsa a hacer?

Acercarme a otras personas para compartir aspectos positivos. Reír y bromear.

La alegría tiene un papel de afiliación o reproducción: nos impulsa a vincularnos a las personas y a las cosas que nos hacen sentir bien, deseamos compartir y repetir más veces las experiencias que nos generan bienestar.

El Miedo

Se da ante situaciones de carácter amenazante. Cuando tenemos miedo percibimos una amenaza –real o imaginada–. De esta emoción surgen los estados de ansiedad, inseguridad o incertidumbre.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Cuando sentimos miedo percibimos una serie de reacciones físicas en nuestro cuerpo: se tensan nuestros músculos, empezamos a temblar, el corazón y la respiración se aceleran, tenemos la sensación de un nudo en la garganta u opresión en el pecho.

Nuestro cuerpo segrega adrenalina y cortisol.

¿Qué pienso?

Tengo pensamientos sobre la amenaza. Intentamos anticipar cuál es el peligro y pensamos en soluciones.

¿Qué me impulsa a hacer?

Podemos reaccionar de tres maneras: quedándonos bloqueados, huir de la situación o atacar. Normalmente la huida o la evitación suele ser la opción elegida. También puede impulsarnos a pedir ayuda.

El miedo tiene una función de protección. Nos protege de amenazas para que podamos sobrevivir a ellas.

La Tristeza

Es una emoción que aparece ante la percepción de una pérdida de cualquier tipo –muertes, separaciones, pérdidas de trabajo, pérdida de nuestra residencia habitual–. De esta emoción pueden surgir emociones secundarias como la soledad, la culpa o la decepción.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Sentimos un nudo en la garganta y dolor en el pecho. Nuestro cuerpo se contrae. Es posible que nuestros movimientos sean lentos, como aletargados.

¿Qué pienso?

Tenemos pensamientos de pérdida y pensamos en soluciones o en un plan para recuperar lo perdido –en caso de que sea posible, a veces también se fantasea con la idea de recuperarlo– o para seguir con nuestra vida.

¿Qué me impulsa a hacer?

Aislarnos, reposar. A veces buscar apoyo de otras personas.

La tristeza nos sirve para reintegrar: incorporar esa nueva situación o experiencia, asimilar la pérdida y seguir hacia delante. La tristeza es una emoción básica en el proceso del duelo.

Os recomiendo el artículo de nuestra compañera Marta de la Fuente: «Las pérdidas emocionales. Cómo manejar la tristeza en el duelo».

La Rabia

Es una emoción que aparece cuando percibimos que se está realizando una injusticia –pérdida de algo que sentimos como nuestro– o sentimos una amenaza a nuestra integridad o una provocación. Se relaciona con otras emociones secundarias como la frustración. Es una emoción que se dispara muy rápido, tenemos muy poco tiempo para anticiparnos a esta emoción y evitar la reacción o impulso inmediato –responder con violencia verbal o física–.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Los músculos se ponen en tensión –se disponen al ataque–, se nos acelera el corazón y respiramos más rápido.

Segrega noradrenalina, dopamina y glutamato.

¿Qué pienso?

La rabia es una emoción muy relacionada con la interpretación que hacemos de la situación, considerando que se ha producido un abuso o una injusticia. A veces pensamos que la situación es un obstáculo para conseguir una meta. Aparecen pensamientos de deseo de agresión o de planificación.

¿Qué me impulsa a hacer?

Levantar la voz o cambiar a un tono serio. Posición física de ataque y cambio radical de la expresión no verbal.

La rabia tiene una función básica de autodefensa: advierte a la persona que sentimos amenazante que podemos reaccionar.

La Sorpresa

La sorpresa aparece ante un estímulo inesperado. Reaccionamos, es decir, nos genera sobresalto o desconcierto. Es la emoción que tiene una menor duración, la sorpresa es algo que suele ser temporal.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Los músculos se ponen en tensión y abrimos los ojos y la boca, cae la mandíbula.

¿Qué pienso?

No da tiempo a pensar, puesto que dirigimos toda nuestra atención a lo que nos ha sorprendido y a averiguar de qué se trata.

¿Qué me impulsa a hacer?

Explorar, conductas de acercamiento a lo que nos ha sorprendido.

La sorpresa tiene la función de exploración: nos sirve para orientarnos y resituarnos ante el nuevo estímulo.

El Asco

Sin duda es la emoción más adaptativa de todas, ya que nos permite sobrevivir, ya que su función es la de rechazar aquello que es peligroso. Por ejemplo ingerir un alimento en mal estado.

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Dolor de estómago, náuseas, tensión facial, hiperventilación.

¿Qué pienso?

Valoramos negativamente el estímulo y pensamos en rechazarlo. Memorizamos la experiencia y nos sirve para no repetirla en el futuro.

¿Qué me impulsa a hacer?

Evitación y rechazo.

El asco es una emoción muy práctica ya que al pararnos y no continuar con algo que nos produce rechazo evitamos consecuencias futuras.

Las emociones complejas

En la película Inside Out (Del Revés, 2015) se muestra como van apareciendo las emociones básicas que explicamos anteriormente y la función que cumplen en la infancia de la protagonista, Riley.

Vemos cómo estas emociones se relacionan con la formación de los recuerdos y la memoria a corto y largo plazo.

Según va creciendo la niña, los recuerdos –bolas de colores– van adquiriendo nuevas tonalidades, que se mezclan, representando esta combinación entre las emociones básicas que interactúan entre sí, y produciendo nuevas funciones: estas son las emociones complejas, que son emociones nuevas resultantes de la combinación de las emociones básicas.

Las emociones básicas son innatas y universales, en cambio, las emociones complejas no son universales y se construyen a partir de lo aprendido a lo largo de la vida y requieren de procesos cognitivos –procesos para interpretar las experiencias vitales y adquirir conocimiento mediante la percepción y el pensamiento–.

Las emociones complejas se desarrollan a partir de los 2 o 3 años, cuando el niño o la niña ya han interiorizado las emociones básicas y tienen una capacidad lingüística más desarrollada para comprender y expresar matices más sutiles y complejos sobre lo que siente.

Existe un acuerdo claro sobre cuáles son las emociones básicas pero no sucede así en cuanto a las emociones complejas. Esto se debe a la cantidad de matices diferentes que una misma emoción compleja tiene para personas distintas.

El sentimiento de culpa, algunas personas, lo expresan con una combinación de tristeza y frustración, mientras que otras personas sienten, sobre todo, una mezcla de miedo y rabia.

Además, según decía el psicólogo Plutchik, podemos combinar las emociones básicas de forma casi infinita, sintiendo emociones nuevas a las que podríamos ponerles nombres diferentes.

Es por esto que Plutchik creó la llamada rueda de emociones que plantea que las emociones complejas parten de las emociones básicas:

Rueda de las emociones de Plutchik

Diferentes autores y expertos han tratado de representar visualmente este “mundo de las emociones complejas”. Estos son algunos ejemplos que creo que son verdaderamente brillantes:

El modelo cromático de las emociones que proponen José Luis Díaz y Enrique O. Flores:

Modelo cromático de las emociones

Fuente: https://www.redalyc.org/pdf/582/58242403.pdf

O el Universo de las Emociones, creación de Eduard Punset, Rafael Bisquerra y el estudio PalauGea.

Universo de las emociones

Fuente: https://graffica.info/universo-de-emociones-mapa-grafico/

Función de algunas de las principales emociones complejas

Según el psicólogo Paul Ekman, que definió las emociones básicas, las emociones complejas y su función son:

La vergüenza

Aparece cuando nos sentimos vulnerables y con una sensación de malestar, al percibir que no somos aceptados por los demás o que hay una parte de nosotros o nosotras que no queremos mostrar y que queda expuesta al juicio de los demás. También aparece cuando hacemos algo que va en contra de nuestras expectativas y nos juzgamos a nosotros mismos o nosotras mismas.

“Sentí vergüenza cuando bebí de más, ya que hice cosas que no quería hacer y además me había propuesto dejar de beber y no lo conseguí”.

La culpa

La culpa se relaciona con nuestro código ético o moral. Aparece cuando hemos hecho algo que va en contra de nuestros principios o anticipamos que hemos podido dañar o perjudicar a otra persona. Sentimos un gran malestar y creemos merecer algún tipo de castigo que repare lo que hemos hecho.

“Sentí culpa cuando le traté mal y le reproché algo injusto, yo en realidad no siento eso que le dije, creo que solo lo hice por resentimiento, y no está bien”.

El orgullo

Sentimos orgullo cuando hemos hecho algo tan bien que supera nuestras expectativas o valoramos nuestra manera de comportarnos de forma muy satisfactoria. El orgullo, en su justa medida es conveniente, porque nos hace tener un buen nivel de autoestima, pero en exceso nos puede aislar y podemos recibir rechazo de los demás. En este caso se relaciona con el narcisismo o con la soberbia.

“Siento orgullo por haberme graduado, hice un gran esfuerzo y por fin tengo el título”

El placer

El placer es una emoción muy intensa que se da cuando hemos satisfecho nuestras necesidades básicas –comer, beber, relaciones sexuales…– pero también lo experimentamos cuando hacemos actividades que nos gustan –tiene que ver con la satisfacción vital–. La principal emoción básica es la alegría que nos informa de qué cosas o aspectos tenemos que repetir y son buenos para nuestra vida.

Como todas las emociones el placer podría ser una emoción desfavorable según como la gestionemos. Por ejemplo la búsqueda obsesiva de un placer, difícilmente alcanzable, puede llevar a un estado de insatisfacción permanente, que nos acerque a hábitos nada saludables, como las sustancias adictivas, la sexualidad compulsiva… Estos procesos pueden encubrir mecanismos de evasión al no saber enfrentarnos de forma adecuada y eficaz a determinadas situaciones o experiencias.

“Siento placer cuando como sushi. Es una comida que me encanta”. “Siento placer cuando voy de compras”.

Los celos

Los celos aparecen asociados a la anticipación de la pérdida de algo o alguien importante en nuestra vida. También se manifiestan celos en procesos de comparación con otras personas, lo que poseen, y nosotros o nosotras no poseemos. En este caso hay sentimientos de injusticia, infravaloración… Los celos tienen un gran componente social y se dan entre amistades, familiares… ya que son las personas de nuestro entorno con quienes tendemos a compararnos, al entender que si ellos o ellas han logrado algo, ¿por qué nosotros o nosotras no lo tenemos también?

Los celos pueden tener una función motivacional, estimularnos a alcanzar algo que otra persona tiene y que consideramos que también está a nuestro alcance. Pero no siempre tienen esta función de acicate o estímulo, muchas veces, los celos son una emoción autodestructiva y muy perjudicial para el entorno de la persona que los siente. Un caso claro de celos conflictivos se da en las relaciones de pareja.

“Siento celos cuando quedan dos amigas mías y no me avisan”.

Te propongo un ejercicio para reflexionar sobre tus emociones complejas.

¿Qué emociones han sido las mas relevantes en tu última semana?

¿Qué emociones han sido más intensas y frecuentes en la última semana?

Es probable hayas sentido, en alguna medida, casi todas las emociones que te propongo en este test, pero la idea es que elijas sólo las emociones que consideras que han tenido, por su intensidad o su frecuencia, relevancia en esta última semana.

¿Cómo manejar las emociones?

Probablemente si has leído hasta aquí este artículo te preguntes ¿y esto para que me sirve?

Saber qué son las emociones, comprender sus funciones y los mecanismos que hay tras ellas, incluso mejorar el vocabulario emocional para saber expresar y compartir lo que sentimos, tiene un objetivo fundamental, esencial para lograr el bienestar que todos y todas deseamos: manejar nuestras emociones, autorregularlas.

Al principio de este artículo os mencionaba que en ocasiones las emociones no responden de forma coherente o adecuada a los estímulos. Es decir, percibimos como amenaza algo que no lo es en realidad y sentimos emociones que están sobredimensionadas.

En ocasiones podemos sentir ansiedad o tristeza y no somos capaces de precisar por qué estas emociones son tan intensas y nos acompañan durante tanto tiempo. Aquí es donde la comprensión de la emoción y la posterior regulación o gestion emocional van a ser decisivas.

Este es un objetivo muy importante en nuestra profesión, la Psicología en el área clínica: dotar de las técnicas, el conocimiento y los recursos, para que las personas identifiquen, expresen y gestionen sus emociones.

El mecanismo de la emoción

¿Cómo funciona la emoción en nuestro cerebro para sobrevivir?

Según el psicólogo Hervás (2011), ante una situación determinada existe una reacción emocional –ante el miedo al sótano si se nos cierra la puerta y no podemos salir, pegamos un grito o nos ponemos a temblar–. A esta reacción le sigue un proceso. Comprender este proceso es crucial para una adecuada gestión emocional.

  1. Apertura emocional: es nuestra capacidad para abrirnos a la emoción y permitirnos sentirla, es decir, es lo consciente que somos de esa emoción.
  2. Atención emocional: ponemos en marcha recursos para atender a la emoción.
  3. Aceptación emocional: consiste en no juzgar la emoción que estamos sintiendo y aceptarla tal como es.
  4. Etiquetado emocional: cuando identificamos qué emoción estamos sintiendo y le ponemos nombre: “siento miedo”.
  5. Análisis emocional: cuando somos capaces de analizar la emoción y sabemos qué significa esa emoción y que implicaciones tiene –sabemos que estamos sintiendo miedo y que eso proviene por la situación en el sótano, porque nos da miedo estar en la oscuridad o que puedan tardar tiempo en abrirnos–.
  6. Modulación emocional: es nuestra capacidad para regular esa emoción. En el caso del sótano, ante la emoción de miedo, decidimos evitar la situación o si hemos bajado, tranquilizarnos y hacer algo interesante en el sótano mientras nos abren.

Conclusiones

Aunque vivimos lo que muchos consideran la “era de las emociones” y el adjetivo “emocional” se añade a casi cualquier sustantivo, no hay un verdadero conocimiento de las emociones, seguimos improvisando y afrontando como bien podemos las dificultades a la que nos enfrenta una sociedad cada vez más compleja y exigente. Solo hay que ver las alarmantes consecuencias, a nivel de Salud Emocional, que han generado crisis mundiales como la Pandemia del COVID-19.

En los colegios apenas se forma en educación emocional y en cada familia se abordan las dificultades desde la intuición o el ensayo-error y no desde un conocimiento que ya está a nuestra disposición desde la ciencia de la Psicología.

Empezamos, poco a poco, a entender que las emociones no son negativas o positivas, que la tristeza, por ejemplo, tiene una función muy valiosa. Que estar abiertos o abiertas a sentir emociones –apertura emocional– es una competencia muy útil para la vida. Que aceptar las emociones es esencial para nuestro bienestar.

Cada vez tenemos un vocabulario emocional más amplio, que nos permite identificar nuestras emociones y compartirlas, expresar lo que sentimos a los demás, invitándoles a que también nos hablen de sus emociones.

Pero todo este proceso –y lo sabemos bien los y las profesionales que trabajamos en la intervención psicológica desde centros como Área Humana– todo este proceso va muy despacio.

En Área Humana hemos asumido una misión con la que estamos muy comprometidos, aportar conocimiento y trabajo para mejorar el bienestar emocional de las personas. Y en este objetivo es fundamental enseñar técnicas y herramientas para que las personas mejoren sus competencias emocionales. ¡Hasta muy pronto!

Bibliografía

  • Ekman, P. (2008). Emotional Awareness: Overcoming the Obstacles to Psychological Balance and Compassion.
  • Ekman, P. (2005). Basic Emotions. In Handbook of Cognition and Emotion.
  • Hervás, G., & Vázquez, C. (2006). La regulación afectiva: modelos, investigación e implicaciones para la salud mental y física. Revista de Psicología General y Aplicada.
  • Plutchik, Robert (1980), Emotion: Theory, research, and experience: Vol. 1. Theories of emotion, 1, New York: Academic.
  • Plutchik, Robert (2002), Emotions and Life: Perspectives from Psychology, Biology, and Evolution, Washington, DC: American Psychological Association
  • Plutchik, Robert; R. Conte., Hope (1997), Circumplex Models of Personality and Emotions, Washington, DC: American Psychological Association.

Autora

Elisa FernándezElisa Fernández Villacorta

Psicóloga Habilitada Sanitaria. Experta en Adicciones y Trastornos de la Personalidad. Experta en Psicoterapia Breve. Especialista en intervención psicológica de la ansiedad y la autoestima.


Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

Puntúa y comparte

¿Crees que esta información puede ser útil a tus seguidores en las Redes Sociales? A continuación puedes añadir tu valoración y compartir este artículo. Podremos aprender mucho entre todos.
(Número de votos: 5 • Nota Media: 5)