Distimia. ¿Por qué, para algunas personas, siempre hace “mal tiempo”?

Distimia. ¿Por qué, para algunas personas, siempre hace “mal tiempo”?

(Tiempo de lectura 14 minutos)

Imagina que siempre hiciera mal tiempo, ese tiempo frío, incómodo, desapacible, que apaga los colores de las cosas hasta reducirlos a colores plomizos y apagados, una monótona gama de grises. Un tiempo nublado y persistente, que se repite un día y otro día, y otro… ¿Y si te dijera que hay personas que, a nivel emocional, viven sintiendo esa especie de “mal tiempo”, empeñado en permanecer con ellas y dispuesto a no abandonarlas nunca? En Psicología hay un desorden emocional al que se le puede aplicar esta metáfora: es la distimia. Conozcamos qué es, sus síntomas, su tratamiento… y entendamos por qué es un trastorno que puede pasar muy desapercibido para quien lo padece y ser un gran desconocido para la mayoría de las personas.

Distimia. La vida sin su verdadero color

Distimia, ver la vida sin color

Cristina se despierta, apaga el despertador de su móvil y mira al techo, hoy también ha dormido mal, pero ya no es una sorpresa, ni siquiera se alarma, –lleva tanto tiempo sin dormir bien–.

Se levanta con desgana y elige de forma mecánica el mismo café y los mismos cereales de todos los días.

Piensa en esas personas que son capaces de levantarse un poco antes y preparar esos variados desayunos de frutas, bayas y zumos… le gustaría ser como ellas, –pero ella no es así–. No se suele encontrar con ánimo, ni para preparar un buen desayuno, ni para hacer deporte –que tan bien le vendría– .

Mientras arranca el coche repasa mentalmente la agenda del día. Lanza un bufido –se siente cansada, sólo pensarlo le cuesta–.

Puede parecernos el retrato de una situación excesiva, pero no es así. Muchas personas experimentan, día a día, un sentimiento vital muy parecido. Se sienten abatidas, desanimadas, sin estímulo para cambiar aquello que no les gusta en sus vidas y que terminan aceptando con impotencia y resignación.

En ocasiones no encuentran algo concreto que justifique sentirse de ese modo, pero les acompaña una tristeza moderada, pero persistente y continua. Es como si vieran la vida en gama de grises, sin color.

Es muy probable que Cristina padezca distimia, un trastorno del estado de ánimo que tiene una sintomatología de leve o de moderada intensidad, pero que se mantiene en el tiempo de forma continuada.

Y es esa baja intensidad, que no haya una clara relación causa-efecto y que se mantenga en el tiempo –hasta el extremo de que la persona se “acostumbra” a ese estado–, lo que hace que la distimia sea un desorden emocional que puede pasar desapercibido, ser invisible, incluso confundirse con una tendencia de tu personalidad.

Es muy importante identificar y tratar la distimia, porque condiciona gravemente la vida de las personas y limita su bienestar.

Vamos a empezar por responder a qué es la distimia.

¿Qué es la distimia?

Cuando un bajo estado de ánimo es persistente.

El término distimia proviene del griego: prefijo “dys” (mal, difícil), “thymos” (ánimo, espíritu, mente) y sufijo “ia” (cualidad). Luego, según su etimología, “dysthymia” significa “dificultad para tener ánimo”.

Fue empleado por primera vez por el profesor de Psiquiatría James Kocsis en los años 70, y no fue hasta los 80 que la Asociación Americana de Psiquiatría reconoció la distimia como un trastorno psicológico.

A pesar de ser un trastorno definido hace más de cuatro décadas, es un gran desconocido, y lo más importante, puede pasar desapercibido –o aceptado como algo irremediable– para las personas que lo padecen. Y no es un tema menor, ya que se estima que afecta a entre el 5% y el 6% de la población mundial. Y debemos tener en cuenta que los trastornos del estado de ánimo han incrementado notablemente su prevalencia, más aún como consecuencia de la pandemia del COVID-19.

La distimia –también denominada trastorno distímico o trastorno depresivo persistente– es, según el DSM5, un trastorno del estado de ánimo, un tipo de depresión caracterizada por presentar síntomas de leve a moderada intensidad, pero que se mantienen y prolongan en el tiempo.

No obstante, nos equivocaríamos si concebimos la distimia como una simple tristeza leve, ya que observamos en este trastorno una diversidad de posibles síntomas y la participación de diferentes mecanismos biológicos, psicológicos y sociales, de tal modo que no pueda hablarse de un único origen o causa.

Por otro lado, sus dos características más evidentes: moderada intensidad y larga duración, hacen que las personas con distimia vivan esta constante tristeza como parte de sus vidas, aceptando ese sentimiento de desesperanza, de baja autoestima, con la sensación de que no pueden hacer nada para cambiarlo y que esto les aleja de ser felices.

¿Significa esto que la distimia no puede identificarse? No. Aunque los síntomas de la distimia suelen ser más difusos y de menor intensidad que otros trastornos del estado de ánimo como la depresión mayor, hay indicadores que, por su prolongada duración, y por el modo en el que afectan y condicionan el día a día, pueden servirnos como señales para ponernos en acción, para consultar y asesorarnos con un psicólogo o una psicóloga, y realizar cambios decisivos que mejorarán nuestro bienestar.

Algunas personas perciben la vida como si no tuviera color, como si siempre hiciera un tiempo gris y desagradable. Hablamos en profundidad de la distimia, un desorden emocional muy poco conocido Clic para tuitear

Síntomas de la distimia. Un problema invisible

Síntomas de distimia

Identificando un trastorno que pasa desapercibido a quien lo padece.

Las dos características más evidentes de la distimia –que ya he mencionado– su intensidad moderada y su duración, no juegan a favor de la persona que padece este desorden emocional.

Cuando, por ejemplo, tenemos una depresión mayor, la intensidad y características de los síntomas, nos empujan a hacer algo para cambiar esta vivencia tan difícil de soportar. Y nuestro entorno, personal y familiar, suele detectar los síntomas, avisarnos y apoyarnos para mejorar.

En cambio, con la distimia, muchas personas entran en una especie de autoaceptación, y el entorno social puede llegar a creer que la persona tiene una tendencia melancólica o pesimista, incluso que son «vagos» o «vagas», en vez de pensar que padece algún trastorno.

Las propias características y síntomas de la distimia hace que las personas puedan estar años sin ser diagnosticadas y, por tanto, tratadas adecuadamente.

Aunque como ya hemos mencionado los síntomas de distimia son variados, conviene atender a una serie de signos o indicios que pueden hacernos reflexionar e invitarnos a consultar y asesorarnos con profesionales de la Psicología –recuerda que la suma de síntomas, aunque no tienen que estar presentes todos, y la persistencia en el tiempo son dos factores muy a tener en cuenta–.

  • Desesperanza.
  • Falta de motivación.
  • Baja autoestima o sensación de inutilidad.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Dificultades de concentración.
  • Inseguridad y dificultad para tomar decisiones.
  • Irritabilidad.
  • Pensamientos negativos recurrentes. Visión pesimista del futuro.
  • Una elevada e intensa autocrítica.
  • Culpa excesiva.
  • Disminución de la actividad y en particular de las actividades sociales.
  • Aislamiento.
  • Alteraciones de la ingesta: comer más o comer menos de lo que era habitual.
  • Dificultades para dormir.
«Las características de la distimia son su principal riesgo: una intensidad que la hace de algún modo ‘tolerable’, o que a veces se confunda con que la persona es así, en vez de está así». Lucía Cortés. Psicóloga Clic para tuitear

Diferenciando términos: Distimia, depresión, tristeza

Diferencias entre distimia, depresión y tristeza

Empecemos por el término tristeza. Hemos hablado en otros artículos de esta emoción, como bien explica Julia Vidal en la conferencia sobre salud emocional:

Las emociones no son buenas o malas, pueden ser agradables o desagradables, pero todas ellas cumplen una función, nos envían mensajes, que conviene atender, identificar y comprender. La clave es qué hacemos con esas emociones, cómo las manejamos y aprendemos de sus mensajes para mejorar nuestra vida.

Efectivamente la tristeza es una emoción que nos envía mensajes muy significativos y que nos ayuda en los procesos de adaptación, por ejemplo, ante una pérdida, un acontecimiento trágico o una situación que nos supera. Es, en este sentido, una emoción muy presente de forma natural y adaptativa en nuestra vida, pero en ocasiones aparece con una intensidad desproporcionada, se mantiene más allá de la causa que la originó o no parece corresponderse con ningún motivo.

Esta tristeza, que podríamos considerar desadaptativa, forma parte de muchos de los desórdenes emocionales y trastornos psicológicos, muchas veces como una expresión de que hay un problema.

Os sugiero que veáis el vídeo-artículo de nuestro compañero José Serrano: «La depresión, más allá de la tristeza»

También es importante detenernos un instante para explicar la diferencia entre distimia y depresión, ya que ambos términos suelen confundirse.

En los primeros tiempos de uso de la palabra distimia se la denominó también “depresión neurótica”, este término no sólo está completamente en desuso, sino que introduce un importante error, ya que en la distimia no se manifiestan síntomas neuróticos.

Por otro lado al hablar de distimia se utilizan términos como “depresión menor” que nos parece inexacto ya que, aunque puedan ser más moderados que en otros trastornos depresivos –como la depresión mayor–, no significa que no afecten de un modo importante a la vida de la persona, y que la condicionen gravemente, y este calificativo de “menor” puede inducir a error.

En definitiva, la distimia es un desorden emocional que se diferencia de una depresión, fundamentalmente, en que para hacer el diagnóstico se necesitan menos síntomas y estos tienen que estar durante 2 años.

El que puedan aparecer menos síntomas y la intensidad pueda ser menor hacen que la persona con distimia sea capaz de convivir con esos síntomas y desarrollar sus tareas cotidianas, mientras que en la depresión, con mayor frecuencia, los síntomas son más incapacitantes y limitadores.

Otra diferencia es que la distimia se mantiene durante largos períodos de tiempo –muchos autores coinciden en duraciones superiores a 2 años, pero puede durar décadas–, mientras que la depresión mayor cursa con episodios más breves y de duración limitada.

En cualquier caso, distimia y depresión, son trastornos contiguos, una persona con un trastorno distímico puede desarrollar una depresión mayor. Estudios recientes indican que más de la mitad de las personas con distimia tendrán un episodio depresivo a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante detectar y afrontar la distimia?

Consecuencias de la distimia

Las características de la distimia son su principal riesgo, ya que la sintomatología es de algún modo “manejable” por la persona, y que alarma al entorno más cercano –a veces se confunde con un rasgo de personalidad: “ser así” en vez de “estar así“–.

Esto puede generar consecuencias muy graves en la vida de las personas, originando, incluso, otros desórdenes emocionales.

Para resumir las consecuencias de la distimia vamos a agruparlas en 3 categorías: consecuencias emocionales, consecuencias cognitivas –a nivel de pensamientos– y consecuencias conductuales.

Consecuencias emocionales de la distimia

  • Teñir casi todas nuestras experiencias vitales de emociones como la tristeza o la melancolía. Como decíamos al principio de este artículo la distimia se expresa con emociones más moderadas, pero estas, al mantenerse en el tiempo, lo tiñen todo, apagan el color de las cosas, hacen que percibamos la realidad como si “siempre hiciera mal tiempo”.
  • Sentimientos de culpa. Cuando no somos capaces de identificar el origen de un estado de ánimo, podemos tender a culpabilizarnos, a considerar que es responsabilidad nuestra, que algo estamos haciendo mal. Esto genera un bucle de desánimo, ya que la culpabilidad intensifica nuestra emoción de tristeza y desesperanza.
  • Mayor irritabilidad. La impotencia, la percepción de falta de control sobre lo que nos está pasando puede generar un incremento de nuestros enfados, como una forma de expresar nuestra frustración.

Más información en Psicología y Psiquiatría

Te interesará el artículo: Comprende tu enfado y empieza a manejarlo

Consecuencias cognitivas de la distimia

  • Falta de metas y proyectos. Un persistente estado de desánimo y vacío, induce a una visión del futuro pesimista. Esto genera pérdida de confianza en las metas, con el consiguiente abandono o no inicio de proyectos, al no contar con confianza en cumplirlos.
  • Baja autoestima. Las metas y los proyectos cumplidos nos devuelven confianza, cuando esto no sucede, es decir cuando no tenemos un buen “feeback”, nuestra autoestima se resiente, y baja la confianza en nuestra eficacia y capacitación.
  • Procesos rumiativos y pensamientos negativos. Un estado de apatía y vacío no significa que nuestros pensamientos estén relajados, al contrario, es frecuente que al bajar nuestra actividad vital se incremente nuestros procesos rumiativos –en vez de actuar, le damos vueltas a las cosas–. Y esto sucede en la distimia, suele estar acompañada de pensamientos rumiativos, obsesivos y de anticipaciones catastrofistas –esto no me saldrá bien. –Siempre me equivoco. –Seguro que me despiden.
  • Evitación y dificultad para la toma de decisiones. Afrontar una situación, resolver dificultades, requiere tomar decisiones y actuar. Cuando nuestro estado de ánimo se encuentra bajo mínimos tendemos a evitar y dejar que el problema se resuelva por sí mismo –cosa que no suele suceder–.

Consecuencias conductuales de la distimia

  • Aislamiento. Una de las más frecuentes consecuencias es la tendencia a aislarnos, a distanciarnos del entorno social. Este aislamiento profundiza en nuestras sensaciones y sentimientos de desánimo y desesperanza.
  • Inactividad. La creencia en que ya no es posible disfrutar de las actividades hace que renunciemos a ellas.
  • Pérdida de habilidades sociales. Citando a nuestra compañera Marta de la Fuente al hablar de las habilidades sociales: “no son algo innato, son un arte, se aprenden y se entrenan”. Cuando evitamos las relaciones sociales vamos perdiendo nuestros recursos y habilidades para la relación interpersonal.
  • Baja productividad. En el trabajo, en los estudios…
  • Déficits en hábitos saludables. La tendencia a “dejarnos llevar” por la apatía, hace que no prestemos atención a nuestros hábitos saludables o también a nuestra higiene del sueño, que contribuye a que no descansemos bien y podamos tener problemas de insomnio.
  • Abuso en el consumo de sustancias o alcohol. En ocasiones se recurre a esta vía como una salida –errónea– para modificar ese estado de desánimo y desesperanza.
A pesar de ser un desorden emocional con el que conviven muchas personas, sin ser conscientes de él y por tanto sin recibir tratamiento. Las consecuencias de la distimia son graves: a nivel emocional, cognitivo y conductual Clic para tuitear

¿Qué hago? Recomendaciones

La distimia es un proceso reversible, tiene solución.
Recomendaciones para la distimia

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Llegados a este punto, tenemos información que nos puede ayudar a comprender e identificar señales de la distimia. Ahora la pregunta es clara: ¿Qué puedo hacer?

  1. Acude a un o a una profesional de la Psicología. Es muy importante que se realice un adecuado estudio y se confirme. ¿Por qué demorarlo? Es mejor tener certidumbres, conocer lo que nos está sucediendo nos abre posibilidades para dejar que siga afectando a nuestra vida.
  2. Habla sobre lo que te pasa. Intenta ponerle palabras a lo que te ocurre, a lo que piensas y a cómo te hace sentir. Asegúrate de que no hablas de tus problemas, sino de cómo te hacen sentir tus problemas. Esto cambiará completamente la manera en la que te sentirás después de hablar de ello y tu entorno más próximo comprenderá mejor cómo te sientes.
  3. Actívate. Puede que el sentirte así haya hecho que abandones actividades que antes hacías. Te propongo intentar retomarlas o comenzar con esas aficiones que siempre quisiste hacer. Algo nuevo podría ser estimulante.
  4. Recupera el contacto social. La distimia puede invitarnos a aislarnos, a quedarnos en casa y encerrarnos en nosotros mismos. El contacto social es uno de los elementos clave que favorecen la recuperación.
  5. Revisa tus pensamientos. Cómo nos sentimos ante lo que nos pasa no depende únicamente de lo que nos pasa, sino de cómo interpretamos lo que nos pasa. Fomenta un diálogo interno para detectar si esos pensamientos conectan con la realidad, si son verídicas o son interpretaciones condicionadas por la tristeza. Busca interpretaciones alternativas realistas.
  6. Siente. Muchas veces tenemos miedo de sentir tristeza o desesperanza, pero evitándolas o suprimiéndolas no conseguimos ni que desaparezcan, ni resolvemos lo que puede haber tras ellas.
  7. Refuerza tu autoestima. Aprecia y refuerza tus logros, por pequeños que sean. Ves paso a paso. Acéptate como una persona “normal”, con errores, avances y retrocesos, con limitaciones y con cualidades.
  8. Percibe lo positivo. La distimia puede distorsionar tu percepción, haciendo que te fijes más en los aspectos negativos de tu día a día. Esforzarte en buscar los pequeños detalles positivos de cada día será una buena manera de ir revirtiendo esta tendencia.
  9. Aprende a tener una actitud positiva y solucionar tus problemas vitales. Abórdalos, no los evites. Toma decisiones enfocadas a una posible solución. Te invito a leer un valioso artículo de nuestra compañera Marta Giménez: «Técnicas psicológicas para mejorar nuestra facultad de resolución de problemas». Verás cómo mejora tu autoconfianza y autoeficacia, y cambia tu estado de ánimo.
  10. Cuídate. El autocuidado es todo aquello que puedes hacer por ti. Hay muchas cosas que puedes hacer en tu día a día. Organiza tu tiempo para que estos espacios dedicados a tu cuidado estén ahí. Insiste en darles lugar en tu vida. Elaboramos la guía «Decálogo esencial de autocuidado emocional». Seguro que encontrarás consejos, trucos e ideas muy valiosas.
La distimia es un desorden emocional. Si algunos o muchos de los síntomas que os mostramos están presentes de forma persistente ¡actúa! Os proponemos 10 recomendaciones esenciales Clic para tuitear

Conclusiones

En nuestra consulta de Psicología –sobre todo con personas que tienen distimia, porque no es habitual que sean conscientes–, cuando nos cuentan lo que les sucede y lo que sienten, les felicitamos por el paso que han dado, y les decimos que “tienen suerte”, que es una oportunidad y es el principio de un nuevo camino. Nos miran con sorpresa ¡lógicamente! Sin duda no es agradable, y no deseamos –por supuesto– que una persona se sienta mal. Pero “ser conscientes” de que nuestra vida está “gris”, que ha estado “lloviendo” durante demasiado tiempo, nos puede impulsa a actuar, a revisar qué sucede, a mover piezas, para que entre la luz y el color de nuevo en nuestras vidas.

Si tienes dudas sobre tu estado de ánimo, consulta con un psicólogo o psicóloga. La salud emocional es un logro alcanzable. Podemos mejorar nuestro bienestar y adquirir competencias emocionales. Y el primer paso es conocer qué está sucediendo e iniciar un camino que puedes encontrar con la orientación de la Psicología.

Autoras

Lucía CortésLucía Cortés

Psicóloga General Sanitaria. Experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria. Especialista en trastornos emocionales en adultos y adolescentes.

Psicóloga Madrid. Julia VidalJulia Vidal

Psicóloga habilitada Sanitaria. Directora del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Ansiedad y Estrés. Experta en Emociones y Salud.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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