(Tiempo de lectura 10 minutos)«Solo quiero lo mejor para mi hija”. “Prefiero hacerlo yo, así no se equivoca”. “Todavía no está preparado para enfrentarse al mundo”. “Es que no quiero que lo pase mal”. Estas frases, que escuchamos a menudo, reflejan el amor y la preocupación de madres y padres –y figuras cuidadoras– por sus hijos e hijas. Sin embargo, también pueden ser la expresión de una intervención demasiado frecuente que no deja espacio para el normal desarrollo, aprendizaje y autonomía de los menores. En estos casos podríamos estar hablando de sobreprotección infantil.
En este artículo queremos analizar y proponer información –desde nuestra ciencia, la Psicología– sobre aspectos importantes de la crianza. Vamos a abordar las diferencias –no siempre claras y evidentes– entre proteger y sobreproteger. Cada vez más familias se preguntan cómo acompañar el crecimiento y el desarrollo emocional de sus hijas e hijos, manteniendo el equilibrio entre un excesivo control y tutela, y una posible desprotección o desatención. Vamos a ver dónde podría estar ese término medio.