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Protege tu Salud Emocional: riesgos y prevención

(Tiempo de lectura 14 minutos)

El concepto de Salud no se limita al ámbito físico, cada vez somos más conscientes de la importancia de reforzar nuestro bienestar emocional, de cuidar nuestra mente, de prevenir la Salud Mental. ¿Quién no quiere sentir calma, serenidad y un sentimiento de control y capacidad ante los momentos difíciles?

Cuando nos planteamos el reto de mantener una buena forma física, sabemos qué hacer: elegimos los alimentos más recomendables, decidimos qué actividades deportivas realizar y con qué frecuencia, evitamos aquello que nos perjudica: tabaco, alcohol…, incluso, nos proponemos adquirir hábitos saludables –dormir, caminar…–, pero, ¿qué hacemos para prevenir la Salud Mental? ¿Sabrías por dónde empezar? ¿Qué ingredientes necesitamos? ¿Hay vitaminas emocionales? ¡Acompáñame!

Prevenir la Salud Mental. ¿Por dónde empiezo?

Por dónde empezar en prevención de Salud Mental

Hoy día nadie duda de la importancia de la fortaleza emocional. Deportistas de élite –con una indudable capacidad física– han manifestado problemas en su salud mental que han condicionado –incluso bloqueado– su vida.

Deberíamos repensar la frase “mens sana in corpore sano”, no por desacertada, sino por incompleta, ya que un cuerpo sano no es el único requisito para tener una mente sana.

La sociedad en la que vivimos se hace cada vez más compleja y nos exige más a nivel emocional. Influyen aspectos socioeconómicos y laborales, nuevas formas de relacionarnos entre nosotros y con el entorno. Nos enfrentamos a cambios muy veloces que suponen nuevos retos y dificultades, que comprometen nuestra Salud Mental.

Necesitamos desarrollar competencias emocionales para adaptarnos eficazmente a los retos: cambios en el empleo, gestión de los conflictos, la crianza de los hijos e hijas, convivir con enfermedades crónicas, las pérdidas personales, las rupturas…

Sería muy conveniente tener una gran fuente de “vitaminas emocionales”, no cabe duda, pero en la prevención de nuestra Salud Mental podemos empezar por acciones tan básicas cómo importantes.

Percibe tu cuerpo

Voy a proponerte que le dediques un momento a ser consciente de ti, a conectar contigo mismo o contigo misma.

Comencemos por lo más externo. Observa tu cuerpo, observa si tus hombros están relajados o están contraídos, nota tu mandíbula, tu cara, tu espalda… ¿Dirías que tu cuerpo está relajado?

Quizá pienses que no es muy importante como esté, que ya estás acostumbrado o acostumbrada a estar así, pero es importante saber que cada parte de tu cuerpo está mandando mensajes a tu cerebro de forma continua. Cuando el cuerpo está en tensión, tu cerebro da por hecho –o al menos sospecha– que algo sucede, que hay algún tipo de peligro o amenaza y envía mensajes de atención, está alerta sobre un riesgo que no existe.

Respira

Ahora vamos a tu respiración ¿Cómo respiras? Tenemos tres tipos de respiración: clavicular, torácica y abdominal. Una de las causas que favorece la ansiedad es una mala respiración. Respirar de forma completa activa el sistema nervioso de la calma. También en esto tu cerebro está interpretando y enviando mensajes.

Escúchate

Ahora observa tu mente. Cierra los ojos durante un minuto ¿Cómo te sientes? ¿Sientes serenidad?

Trata de identificar el diálogo que tienes contigo –tiempo antes de leer esto, por ejemplo– Quizás estabas rumiando acontecimientos pasados, tratando de explicar sucesos sobre los que ya no tienes ninguna capacidad de actuar, o tratando de interpretar el comportamiento de otras personas.

¿Qué por qué estoy segura de que has tenido un diálogo interno? Por qué según algunos estudios tenemos ese diálogo –a veces acalorado– aproximadamente 14 horas al día.
Te propongo que extraigas ese diálogo, anota tus pensamientos. En general tendemos a creer que todo lo que pensamos es cierto, podemos decirnos «¿Porque nos iba a engañar nuestro cerebro?» o «Si lo pienso será porque es verdad», ya sabes… «Si el río suena…».

No des nada por sentado. Revisa si lo que estás pensando es realista. Como me gusta decir: rebate tus pensamientos automáticos.

Revisa tus quejas

¿Estás en la queja, en la crítica a los demás, en la autocrítica? No imaginas los estragos para tu bienestar emocional de cualquiera de estas opciones. Criticar, a los demás, a ti mismo o a ti misma, tiene consecuencias negativas, y son importantes.

Cuídate

¿Cuántas veces has oído el consejo: “quiérete”, “cuídate”? Y la respuesta que seguramente te sale es: ¡Qué simple! ¡Si fuera tan fácil!

Piensa un momento en cómo es tu día a día. Lo que haces, ¿te acerca o te aleja de lo que deseas? ¿Cómo te hace sentir? ¿Qué margen de acción, de maniobra, tienes para cambiar algo? Piensa, escribe y proponte hacer alguna cosa que te haga sentir mejor, algún cambio que pudieras realizar. No tiene que ser una gran acción o un gran cambio.

Ahora conoces algunas “vitaminas emocionales” para empezar a añadir a tu vida: percibir tu cuerpo, sentirlo y mantenerlo calmado y adaptado a la situación, ser consciente de tu respiración, tener un diálogo interno adecuado, útil, huir de hacer críticas y autocríticas, abandonar las quejas, incorporar momentos de placer, tiempos para ti o para compartir con amistades.

Más información en Psicología y Psiquiatría

¿Qué hacemos para prevenir la Salud Mental? ¿Sabrías por dónde empezar? ¿Hay vitaminas emocionales? Nuevo artículo Clic para tuitear

Esto es el comienzo, pero puedes avanzar más.

La autoayuda inteligente en la prevención de la Salud Mental

Autoayuda inteligente y Salud Mental

Te he propuesto algunos ingredientes básicos –no por ello menos importantes– para prevenir tu Salud Mental, pero es sólo el principio.

La prevención de la Salud Mental es un proceso, que requiere conocimiento, dedicación y tiempo.

Es fácil entender, cuando hablamos de la Salud Física, que vamos a necesitar entrenamiento, las primeras etapas serán difíciles, nos cansaremos mucho, no serán tan evidentes los avances, habrá días que parezca que retrocedemos… pues bien, cuidar y prevenir nuestra Salud Mental requiere de un parecido proceso de entrenamiento, pero de nuestra mente.

Información

Lo primero es informarse, investigar sobre materiales especializados en Salud Emocional, como libros, artículos de blogs profesionales, podcast, webinars, vídeos… que nos permitan identificar y conocer mejor las emociones y todo lo relacionado con el funcionamiento emocional. Es muy importante elegir fuentes científicas desarrolladas por profesionales reconocidos.

Disponer de información nos va a orientar y va a facilitar que detectemos nuestros procesos emocionales, nuestras necesidades y nuestras aspiraciones. Es una buena forma de empezar.

Entrenamiento

A continuación puedes seguir avanzando eligiendo qué faceta quieres mejorar o prevenir. Para ello busca cursos y talleres más especializados y concretos en algún tema, que te ofrezca herramientas y técnicas para progresar en un aspecto de tu vida: el miedo a hablar en público, la asertividad, decir “no”, conocer y gestionar mejor los conflictos, la comunicación en pareja

Es fundamental que estos cursos hayan sido desarrollado por equipos de Psicología y Formación y que tengan un enfoque que potencie el aprendizaje mediante el entrenamiento y la práctica.

En la prevención, hay una cuestión importante que debemos tener en cuenta. Del mismo modo que podemos tener mayor tendencia a determinadas lesiones o dolencias físicas, debemos ser conscientes y conocer nuestras vulnerabilidades en lo relativo a nuestra Salud Mental.

Es importante que, cuando sintamos que algún aspecto de nuestra vida nos está afectando de forma intensa y recurrente, acudamos a profesionales de la Psicología, para explorar, identificar y actuar cuanto antes.

«La prevención de la Salud Mental es un proceso que requiere conocimiento, dedicación y tiempo». Julia Vidal. Psicóloga Clic para tuitear

Veamos a continuación algunos factores de riesgo que nos pueden hacer más vulnerables a desarrollar desórdenes emocionales.

Valoración de los factores de riesgo

Hay diversos factores de riesgo en Salud Mental. Estos factores pueden ser genéticos, biomédicos, ambientales, socioculturales, relacionados con los hábitos y el estilo de vida, experienciales –experiencias traumáticas, pérdidas…–, en definitiva, hay diversos agentes que pueden estar en el origen de un desajuste psicológico. Cuando existen vulnerabilidades la respuesta ante las dificultades va a ser menos adaptativa y habrá mayor riesgo de desórdenes emocionales que pueden –sino se tratan pronto– evolucionar hacia problemas de Salud Mental.

Por ejemplo, una pérdida de una persona significativa, genera, junto a otras manifestaciones, un profundo estado de tristeza, que forma parte del duelo.

Esta experiencia provocará una tendencia a un bajo estado de ánimo. Si esta tendencia se mantiene más allá del proceso del duelo, nos afecta intensamente y se mantiene en el tiempo, podríamos empezar a hablar de un desorden emocional, que si sigue evolucionando podría valorarse como un trastorno depresivo, incluso, una depresión mayor.

En este punto es muy importante tener en cuenta que sólo los y las profesionales de la Psicología, tras un detallado estudio y análisis de la persona, de la situación y de las manifestaciones, podrán llegar a conclusiones clínicas.

En cualquier caso, es valioso explorar y conocer qué factores pueden aumentar la probabilidad de desarrollar un desorden emocional.

10 factores de riesgo en Salud Mental

Riesgos en la Salud Mental

Estos son factores relevantes, ordenados según la prevalencia o impactos observados y recogidos por la literatura científica:

  1. Experiencias Traumáticas: Son reconocidos como factores de riesgo importantes los traumas en la infancia, las pérdidas de familiares o figuras de apego, o los eventos impactantes que transforman de forma drástica la vida.
  2. Genética y Predisposición: La influencia genética y la predisposición familiar pueden aumentar la vulnerabilidad.
  3. Historia de Desórdenes Emocionales: Antecedentes de desórdenes emocionales previos pueden significar una mayor predisposición.
  4. Problemas Relacionales: Conflictos interpersonales y falta de apoyo social pueden tener un impacto sustancial.
  5. Abuso de Sustancias: El consumo de sustancias puede agravar y desencadenar trastornos mentales.
  6. Niveles Altos de Estrés: La exposición continuada al estrés puede contribuir al desarrollo de desórdenes emocionales.
  7. Bajas Competencias Emocionales: No disponer de estrategias efectivas de regulación emocional y habilidades sociales son factores relevantes.
  8. Problemas de Salud Física: Enfermedades crónicas –dolor crónico, enfermedad cardiovascular, enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer, diabetes, esclerosis múltiple, disfunciones tiroideas…–, así como desequilibrios hormonales, afectan a nuestra Salud Emocional.
  9. Factores Ambientales: Entornos familiares, laborales o sociales disfuncionales, y eventos estresantes pueden desempeñar un papel crucial.
  10. Desafíos en el Desarrollo Personal: Problemas de identidad, autoestima, etc., pueden, en determinadas circunstancias y contextos, tener una influencia decisiva.

Es importante destacar la interacción y la combinación de estos factores –además de otros que no mencionamos, pero que pueden ser también influyentes– con las características y tendencias de personalidad de cada persona, además de su biografía y su situación vital.

5 Estrategias para prevenir la Salud Mental

La prevención es crucial en Salud Mental. Desde la Psicología valoramos y analizamos todos los aspectos psicológicos de la persona –internos y externos– considerándolos como un “continuo”, esto es, entendemos la Salud Emocional como un conjunto de factores interrelacionados, que interactúan y que están en constante evolución y cambio.

Lo más importante es que, sobre estos factores, la persona puede actuar, a veces sobre algunos de apariencia poco relevante, pero que producen cambios en cadena e implican grandes transformaciones.

Aquí es dónde la labor de una psicóloga o un psicólogo puede ser muy efectiva, ya que permite a la persona identificar sobre qué incidir, aprovechando sus fortalezas, eligiendo la mejor estrategia y con un acompañamiento profesional.

Infografía Riesgos y Estrategias en Salud Mental

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En las estrategias es importante tener en cuenta:

  • La variabilidad individual.
  • Dinámicas paso a paso y a lo largo del tiempo.
  • La valoración del contexto y las circunstancias personales.
  • Las destrezas y recursos personales.

Exploremos estas 5 estrategias:

  1. Resiliencia y Competencias Emocionales.
  2. Estilo de vida saludable.
  3. Apoyo Social.
  4. Recursos y ayuda.
  5. Contar con la Psicología.

1. Resiliencia y Competencias Emocionales

Ya hemos explicado en otros artículos qué es la resiliencia: nuestra capacidad para enfrentar los desafíos de la vida con mayor facilidad, recuperándonos con mayor rapidez de las adversidades, obteniendo además, nuevos conocimientos y fortalezas a partir de esas experiencias.

La resiliencia implica disponer de un conjunto de habilidades de afrontamiento, lo que podríamos denominar Competencias Emocionales. Estas se adquieren y entrenan, podrías ser más o menos innatas en algunas personas, pero todas las personas tienen la posibilidad de aprenderlas y entrenarlas para convertirlas finalmente en respuestas automáticas, en tendencias de conducta o de pensamiento.

Una estrategia muy valiosa y efectiva es realizar “Cursos o Programas de Entrenamiento en Competencias Emocionales” desarrollados por Equipos de Psicología y Formación que van a permitir aprender y entrenar destrezas en cuestiones específicas: habilidades sociales, resolución de conflictos, regulación emocional, comunicación en pareja, etc.

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2. Estilo de vida saludable

Un estilo de vida saludable desempeña un papel crucial en nuestra Salud Emocional. Al cuidar nuestro cuerpo, podemos fortalecer nuestra mente y promover el bienestar emocional. Y al contrario, nuestro bienestar emocional favorece nuestra salud física. Una dieta equilibrada, la actividad física regular y el sueño de calidad son componentes clave de un estilo de vida saludable.

3. Apoyo Social

El apoyo social y la participación en actividades sociales son esenciales para nuestra Salud Emocional. El contacto con los demás, el establecimiento de relaciones significativas y la participación en la comunidad pueden proporcionarnos un sentido de pertenencia y apoyo emocional. Además, estar conectados socialmente puede ayudarnos a reducir el estrés y hacer prevención de desórdenes emocionales.

4. Recursos y ayuda

Cuando se trata de nuestra Salud Emocional, es importante saber a dónde acudir en busca de información científica.

Existen numerosos recursos y organizaciones que se dedican a promover la Salud Mental y brindar apoyo a quienes lo necesitan. Desde líneas de ayuda telefónica, sitios web educativos, organizaciones y asociaciones… Lo importante es diferenciar aquellas fuentes veraces, conocer a los equipos que hay tras ellas, y tener siempre una actitud crítica, para elegir los recursos contrastados, probados y avalados por la ciencia.

(Ver listado al final del artículo).

5. Contar con la Psicología

A veces, el cuidado de nuestra Salud Emocional requiere la ayuda de profesionales de la Psicología. Contar con el conocimiento, la capacitación y experiencia de las psicólogas y psicólogos, nos va a permitir conocer mejor nuestros recursos psicológicos y aprender a potenciarlos, previniendo los desórdenes emocionales o enfrentarnos a ellos con las estrategias y las técnicas científicas adecuadas a cada caso.

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Te recomendamos el artículo: ¿Cómo elijo el Centro de Psicología?
Factores de riesgo y estrategias de prevención de la Salud Mental Clic para tuitear

Conclusión: Proactividad para prevenir la Salud Mental

Fomentar la Salud Emocional y el autocuidado emocional son aspectos fundamentales de nuestro bienestar.

Adquirir competencias emocionales, fomentar la resiliencia y buscar ayuda cuando sea necesario, va a fortalecer nuestras capacidades para actuar ante las dificultades y prevenir la Salud Mental.

Es importante actuar y no posponer o caer en la evitación cuando percibamos que algo no funciona adecuadamente y que está afectando a nuestra vida.

Los apegos seguros, sentirte válido o válida, disponer de un ambiente constructivo y motivador, comprender la mente y los pensamientos, adaptarse a la adversidad, promover el “apoyo social”, tener una mirada empática, identificar y regular nuestras emociones, definir nuestras metas… todas estas cuestiones serán fundamentales para mejorar y mantener nuestra Salud Mental.

¡Toma el control! Y recuerda que es un viaje continuo y que cada paso que des en el cuidado de tu mente es un paso hacia una vida más saludable y satisfactoria.

¡No esperes más! Empieza a cuidarte. Tu mente y tu bienestar lo merecen.

¿En qué podemos contribuir a tu bienestar?

Tal vez al revisar este contenido, te hayan surgido preguntas sobre dificultades que están afectando a tu bienestar.

¡Podemos asesorarte! Contar con la orientación de un psicólogo o psicóloga puede ser un primer paso efectivo para abordar esos desafíos y promover cambios positivos en tu día a día.

Te invitamos a solicitar una primera entrevista para iniciar ese proceso.

Bibliografía

Organizaciones de apoyo a la Salud Mental

En España
A nivel internacional

Editorial

Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:
Psicóloga Madrid. Julia VidalJulia Vidal

Psicóloga habilitada Sanitaria. Directora Clínica del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Ansiedad y Estrés. Formadora en Resolución de Conflictos. Experta en Emociones y Salud.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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