¿Sientes que te falta el aire o pierdes el control? Entender y calmar una crisis de ansiedad o pánico
Las personas que acuden a nuestra consulta tras experimentar un ataque de pánico –más aún cuando sucede por primera vez– lo describen como una vivencia de elevada intensidad, en la que la destacan –además de los síntomas físicos– emociones y pensamientos como el miedo, la sorpresa, la pérdida de control y, sobre todo, la convicción de que algo muy grave les va a suceder.
Coloquialmente a este evento se le suele llamar «ataque de ansiedad» o «crisis de ansiedad», en Psicología el término que utilizamos es ataque de pánico.
Vamos a explicar qué es, cuáles son sus síntomas y, por supuesto, cómo podemos afrontarlo. ¡Acompáñanos!
El ataque de pánico: cuando nuestro cuerpo y nuestra mente gritan

Es frecuente que las personas que viven la experiencia de un ataque de pánico nos hablen de cómo se les acelera el corazón, les falta el aire y, les asaltan pensamientos que les atemorizan y bloquean:“Va a darme un infarto. No voy a superar esto. ¿Me voy a morir?”
Paradójicamente, los ataques de pánico no suelen tener mayores consecuencias –más allá del gran malestar del momento y de la inseguridad y fragilidad que se siente en los días posteriores–. Sin embargo, si sucede por sorpresa, el desconcierto sobre lo que está pasando, para muchas personas, marca un antes y un después.
La forma en la que manejemos las emociones y pensamientos en esta situación inicial –aunque también en las posteriores– va a determinar cómo será nuestra relación con los ataques de pánico. Y habrá dos opciones: el afrontamiento o la tendencia evitativa. Es importante saber que evitar puede tener consecuencias importantes: como desarrollar un trastorno de agorafobia, en el que el miedo a experimentar un nuevo ataque de pánico puede hacer que evitemos, incluso, salir de casa.
¿Sabías que 1 de cada 4 personas experimentará al menos un ataque de pánico a lo largo de su vida? Es una reacción humana frecuente ante el estrés sostenido. Aprende a identificarlo y gestionarlo Compartir en XLa intervención temprana y la psicoeducación son pilares fundamentales para comprender qué es un ataque de pánico y aprender a manejar nuestros pensamientos y a regular nuestra ansiedad.
Julia Vidal en el programa «Ataques de pánico: cuando el cuerpo grita» en «Cuídate con Radio 5»
Como explica Julia Vidal: 'Un ataque de pánico, en sí mismo, es una falsa alarma de nuestro sistema de alerta'. Saber esto nos ayuda a aceptar la vivencia y recuperar el control Compartir en X¿Qué es exactamente un ataque de pánico (y qué no es)?
Un ataque de pánico es una reacción muy intensa de nuestro sistema nervioso autónomo. Nuestro cerebro está diseñado evolutivamente para protegernos ante un peligro mediante lo que conocemos como la respuesta de «lucha o huida».
En una crisis de ansiedad o pánico, esta respuesta de supervivencia se activa, pero esta activación puede producirse también cuando no hay un peligro objetivo. Es decir, nuestro cuerpo reacciona movilizando una gran cantidad de energía para ponernos a salvo, aunque en realidad no hay una amenaza real.
Es importante comprender que esta experiencia no es un peligro inminente. Aunque los síntomas físicos de la ansiedad puedan ser muy llamativos, el ataque de pánico, en sí mismo, es, para entenderlo de un modo sencillo, una «falsa alarma» de nuestro sistema de alerta.
¿Sabrías diferenciar entre tener ansiedad y tener un ataque de pánico? Conocer cómo funciona nuestro 'sistema de alarma' es el primer paso para regularlo. Lee el artículo Compartir en XSíntomas físicos y cognitivos: ¿Por qué reacciona así mi cuerpo?
Durante un episodio de pánico, la consecuencia más habitual es experimentar una ansiedad elevada, que suele manifestarse de forma súbita. Estos son algunos de los síntomas más frecuentes y su explicación biológica:
- Taquicardia o palpitaciones repentinas: El corazón late más rápido para bombear sangre a los músculos, preparándolos para la acción.
- Sensación de ahogo por ansiedad (hiperventilación): En un intento de oxigenar el cuerpo rápidamente, la respiración se vuelve superficial y acelerada. Esto puede generar la sensación paradójica de que nos falta el aire, unido a la presión en el pecho.
- Mareos, inestabilidad o desrealización: Debido a los cambios en el ritmo respiratorio y en el flujo sanguíneo, es común sentir que la cabeza nos da vueltas o percibir el entorno como algo extraño.
- Sudoración y temblores: El cuerpo intenta regular la temperatura que aumenta por la activación generalizada.
- Síntomas cognitivos: Son probables los pensamientos acelerados y el temor a perder el control o a sufrir un daño inminente.
Comprender que estas reacciones son respuestas fisiológicas normales de protección del organismo suele ser un primer paso para empezar a recuperar la calma.
El condicionamiento y la anticipación: «El miedo al miedo»
En ocasiones, tras experimentar un ataque de pánico, puede aparecer una respuesta «condicionada».
Imaginemos que una persona tiene su primer “ataque de ansiedad” mientras asiste a una obra de teatro. A partir de ese momento, es posible que el teatro se convierta en una situación condicionada, concibiendo esa sala como una zona donde es probable volver a sentir ansiedad.
Es importante reflexionar sobre las circunstancias de ese primer ataque. Podría haber sido un día con un nivel de estrés acumulado elevado o de mucho cansancio físico. Es probable que esa concatenación de hechos explicase la aparición del pánico en ese momento, pero es poco probable que esas circunstancias exactas se repitan cada vez que vamos al teatro.
Aun así, nuestro cerebro podría anticiparse y detectar una posible amenaza ante cualquier referencia similar, poniéndonos en alerta antes de que seamos plenamente conscientes. A esta anticipación la solemos denominar el «miedo al miedo».
Por qué ocurren: Factores de vulnerabilidad y estrés
Los ataques de pánico no suelen surgir de la nada; a menudo están relacionados con una combinación de factores:
- Estrés sostenido: Un nivel de estrés laboral o personal elevado y prolongado en el tiempo suele ser un factor desencadenante.
- Estilos de afrontamiento: Las personas con tendencia a la autoexigencia, al perfeccionismo o a dar muchas vueltas a los pensamientos (rumiación), podrían tener una mayor vulnerabilidad a experimentar episodios de ansiedad intensa.
- Factores biológicos y aprendizaje: Existe un componente genético que podría influir, además del aprendizaje por observación, si hemos crecido en entornos con estilos de afrontamiento ansiosos.
- Cansancio o desgaste físico: La falta de descanso continuado o los cambios hormonales pueden disminuir nuestra tolerancia al estrés y facilitar un ataque de pánico.
Qué hacer ante una crisis de ansiedad: 4 claves para el afrontamiento
Si te preguntas qué hacer si te falta el aire por ansiedad o cómo actuar ante una crisis, estas estrategias podrían ayudarte a regular la activación:
- Identifica y comprende lo que sucede: Recuerda que es una respuesta de alarma de tu cuerpo. Es incómoda, pero pasará.
- Normalización y aceptación: Aprender a tolerar la ansiedad, sin tratar de luchar en exceso contra ella, suele ser más eficaz. Las auto-instrucciones como «esto es ansiedad, es molesto pero mi cuerpo sabe regularlo», ayudan a reducir la tensión.
- Regula tu respiración: La respiración diafragmática (lenta y dirigida al abdomen) es una señal directa que le enviamos a nuestro sistema nervioso para indicarle que estamos a salvo. Aunque es poco frecuente, para algunas personas concentrarse en la respiración puede aumentar el estado de alerta al reforzar la atención a los síntomas físicos.
- Redirige tu atención: Preocuparnos acerca de la ansiedad suele incrementar el malestar. Una vez que has aceptado la sensación, intenta dirigir tu atención hacia otros estímulos –los sonidos del exterior o la textura de un objeto–.
2 formas de pensar sobre tu propia ansiedad: Adaptativa y Desadaptativa
La forma en que interpretamos la ansiedad es fundamental. Cuestionar y flexibilizar nuestros pensamientos es clave:
- Pensamiento adaptativo: Implica entender que es comprensible sentir ansiedad tras periodos de estrés. Consiste en aceptar que, aunque sea una sensación incómoda, es posible convivir con ella temporalmente si nos cuidamos, confiando en que irá disminuyendo. Este enfoque favorece una evolución positiva.
- Pensamiento desadaptativo: Ocurre cuando interpretamos la ansiedad como algo que nunca desaparecerá o que nos limitará por completo. Esta forma de pensar tiende a incrementar la desesperanza y podría aumentar nuestra vulnerabilidad.
Preguntas frecuentes en consulta sobre el ataque de pánico
Mito: 'Un ataque de pánico es peligroso y puedo sufrir un infarto'. Realidad: Es una reacción intensa y muy incómoda, pero NO es un peligro médico inminente. Descubre qué le pasa realmente a tu cuerpo Compartir en XConclusión: Un proceso hacia el bienestar emocional
A veces somos demasiado exigentes con nuestros procesos psicológicos. Cuando sufrimos una fractura en un hueso, solemos entender que necesitamos tiempo y paciencia para que todo vuelva a la normalidad. La regulación tras experimentar niveles altos de ansiedad también es un proceso adaptativo que requiere tiempo y comprensión hacia uno mismo o una misma.
Ajustar nuestras expectativas de forma realista es importante. El objetivo no es no volver a sentir nerviosismo nunca, sino aprender a gestionar las emociones para que no nos limiten cuando vuelva a suceder. Experimentar ataques de pánico puede suponer un impacto, pero también podría considerarse una oportunidad para el autoconocimiento y para aprender a cuidar de nuestra salud emocional.
Si notas que la ansiedad está condicionando tu día a día, si la anticipación te genera un malestar mantenido en el tiempo o sientes que los recursos que estás utilizando no son suficientes, es recomendable buscar apoyo.
En el Centro de Psicología Área Humana contamos con un equipo de psicólogas y psicólogos especialistas que pueden ayudarte a comprender tus emociones y a dotarte de herramientas eficaces, basadas en la evidencia científica, para que recuperes tu tranquilidad. Estamos a tu disposición para escucharte y acompañarte en este proceso.
Bibliografía y referencias científicas
- American Psychiatric Association (APA). (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5). Editorial Médica Panamericana. (Documento de referencia para la clasificación y sintomatología clínica de los ataques de pánico).
- Barlow, D. H. (2002). Anxiety and its disorders: The nature and treatment of anxiety and panic. Guilford Press. (Obra fundamental para comprender la naturaleza de la ansiedad, el «miedo al miedo» y el modelo de vulnerabilidad biológica y psicológica).
- Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461-470. (Estudio pionero que explica la forma de pensar desadaptativa: cómo la interpretación catastrófica de las sensaciones físicas desencadena la crisis de ansiedad).
- Kessler, R. C., Chiu, W. T., Jin, R., Ruscio, A. M., Shear, K., & Walters, E. E. (2006). The epidemiology of panic attacks, panic disorder, and agoraphobia in the National Comorbidity Survey Replication. Archives of General Psychiatry, 63(4), 415-424. (Estudio epidemiológico de referencia sobre la prevalencia de los ataques de pánico en la población general).
- Craske, M. G., & Barlow, D. H. (2014). Mastery of your anxiety and panic. Oxford University Press. (Protocolo de tratamiento psicológico basado en la evidencia para la regulación de los episodios de pánico y la agorafobia).
Editorial
Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:
Julia Vidal
Psicóloga habilitada Sanitaria. Directora Clínica y Jefe Editorial del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Ansiedad y Estrés, desde un enfoque cognitivo-conductual. Divulgadora científica comprometida con acercar la Psicología basada en la evidencia a la sociedad.
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