(Tiempo de lectura 9 minutos)Es posible que este sea tu caso –lo es el de muchas personas–: que al llegar la época estival disminuya tu actividad social y tus planes; que aparezcan fines de semana sin ninguna actividad social o cita en tu agenda. Y puede que a ti esta situación te provoque un gran angustia. Las redes sociales se llenan de imágenes de grupos, viajes compartidos, emocionantes experiencias y mucha, mucha conexión. Y esto puede contrastar con la calma de una habitación en la que estas tú…, sin nadie más. En esos momentos, es frecuente –natural también– que aparezca una emoción intensa: el miedo a la soledad.
El miedo es una emoción primaria, un mecanismo diseñado para garantizar la supervivencia. Sin embargo, en el día a día, a veces sentimos esa alerta aunque no exista un peligro real. En Psicología vemos cómo el temor a la soledad puede condicionar la vida de algunas personas y, lo hace, porque ese miedo puede acabar tomando las decisiones en nuestro lugar.
¿Cuántas veces mantenemos una relación que no funciona, incluso una relación tóxica, por el temor a la soledad? ¿O llenamos nuestra agenda de actividades y citas para evitar quedarnos con nosotros o nosotras mismas? ¿Os suena la frase: “Tengo que salir de casa, se me echa la casa encima”?
En este artículo, te propongo profundizar en qué es realmente el miedo a la soledad, de dónde nace y, lo más importante, cómo adquirir herramientas psicológicas para sentirnos bien y disfrutar de nuestra propia y exclusiva compañía.
