132022Abr
¿Por qué no siempre somos capaces de alegrarnos de la felicidad de otras personas?

¿Por qué no siempre somos capaces de alegrarnos de la felicidad de otras personas?

(Tiempo de lectura 14 minutos)

El escritor Harold Coffin decía: «…es el arte de contar las bendiciones del otro en lugar de las propias». ¿Sabes a qué se referiría? Esta frase es sobre la envidia y sobre ella hemos escrito este artículo.

¿Por qué en tantas ocasiones la valía de otras personas, sus éxitos, sus logros… generan animadversión, antipatía en los demás?¿Las personas que sienten envidia son peores personas? ¿Hay una envidia mala y una envidia buena? En este artículo vamos a responder a estas preguntas y aclarar algunas creencias erróneas y mitos. Te invito a seguir leyendo, seguro que las cuestiones sobre este tema te van a ser muy útiles.

¿Qué es la envidia?

Qué es la envidia

Podemos definir la envidia como un sentimiento de tristeza o malestar ante un bien o cualidad que posee otra persona.

La etimología de la palabra envidia proviene del latín invidia, derivado de invidere: in (hacia el interior) y videre (ver), lo que originariamente significó “meter la mirada” y a partir de ahí derivó clásicamente en mirar con malos ojos, con hostilidad, para progresar hasta el significado actual.

La palabra envidia –desde su sentido más originario– conlleva una acción por parte de la persona que la siente, significa considerar a otra persona o lo que posee con malicia, con el deseo sobre esas posesiones (Bryson, 1977).

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la envidia como: “tristeza o pesar del bien ajeno” y “emulación, deseo de algo que no se posee”.

De estas definiciones pueden extraerse dos características de la envidia:

  1. La envidia implica una ferviente aspiración de poseer algo de lo que se carece, pero que lo disfrutan otros.
  2. Se acompaña del deseo de que quien efectivamente dispone de lo que se anhela, lo pierda, o de alguna manera se vea perjudicado.

Y estas dos características son muy relevantes a la hora de analizar la envidia desde el prisma emocional, ya que va a implicar emociones que van en dos direcciones, hacia uno o una misma: insatisfacción, frustración, injusticia…, y hacia la persona a la que envidiamos: enfado, ira, resentimiento, antipatía…

La envidia suele aparecer como una respuesta hacia otras personas que nos superan en determinadas habilidades, logros, o cualquier otra variable que consideramos importante (Salovey y Rothman, 1991).

En la experiencia de envidia es clave la relevancia que le demos a aquellos aspectos que estamos comparando, es decir, que consideremos decisivos al establecer nuestro autoconcepto (Smith, Diener y Garonzik, 1990).

Además la experiencia de envidia se relaciona con resentimiento por la sensación de injusticia, hostilidad y sentimientos de inferioridad. (Smith, Diener y Garonzik, 1990).

¿Cuál es el origen de la envidia? ¿Por qué la sentimos?

La envidia es un sentimiento natural de la condición humana, surge en los contextos de socialización y todos la hemos experimentamos en alguna medida y en diferentes momentos de nuestra vida.

A medida que vamos formando nuestra identidad y se va desarrollando nuestra autoestima, nos comparamos con nuestros semejantes para contrastar nuestra valía.

La envidia es una emoción eminentemente social, ya que las reacciones afectivas inducidas se producen por comparación con los demás, y tanto las cogniciones, pensamientos, como eventualmente las conductas, están dirigidas hacia –o en contra de– las personas que tienen o disponen de aquello de lo que carecemos.

La comparación social es uno de los procesos más relevantes implicados en el autoconcepto y la autoestima, ya que los demás nos sirven como criterio a la hora de valorar nuestras propias capacidades (Tesser y Campbell, 1980).

En definitiva, sentir la aspiración o la ambición de alcanzar logros, capacidades o bienes que observamos que tiene otra u otras personas, no es en sí misma una emoción “negativa” –ya hablaré más adelante de la envidia buena o mala–. La cuestión es cómo gestionamos esas emociones, y lo más importante, qué pensamos y cómo actuamos ante el reto que se nos presenta: conseguir también esas metas o logros que otra persona ya ha alcanzado.

Mitos y falsas creencias sobre la envidia

Mitos y falsas creencias sobre la envidia

La envidia es una de las emociones cuya valoración moral suele ser más peyorativa, hasta el punto de que es difícil que alguien admita padecerla, especialmente porque con ella se asume no solo que se codicia lo que tienen los demás, sino que, de alguna manera, se reconoce, siquiera implícitamente, una inferioridad respecto a la persona que posee lo que se anhela. (Chóliz, M. y Gómez, C., 2002).

Muchas veces se identifica sentir envidia con ser una “mala persona”. Y aquí, una vez más, tengo que insistir en una idea fundamental en Psicología: sentir y ser no es lo mismo. Puedo sentir envidia, eso no significa ser envidioso o envidiosa. Ya volveré sobre esta idea más adelante.

Algunas de las creencias erróneas asociadas a la envidia

  • Soy mala persona porque siento envidia de otros y quiero que les vaya mal.
  • Soy una persona envidiosa.
  • Si siento envidia es porque no valgo, no soy capaz o no tengo capacidad para conseguir cosas.
  • Es antinatural sentir envidia, hay algo en mi que no funciona bien.
  • No puedo dejar de sentir envidia, no soy capaz de manejarlo y no lo puedo cambiar, es mi personalidad.

Ninguna de estas afirmaciones es cierta, y a lo largo del artículo veremos por qué.

Todo parece estar muy claro sobre la envidia: «Una emoción que no tiene nada positivo». «Quien la experimenta es ‘mala persona’»… Aclaramos ideas erróneas y mitos sobre la envidia Clic para tuitear

Envidia sana vs envidia de la mala

Envidia sana vs envidia mala

Normalmente, y de forma coloquial, diferenciamos entre envidia de la mala y envidia sana.

Cuando hablamos de envidia de la mala generalmente nos referimos al hecho de experimentar un malestar significativo e intenso relacionado con una persona que posee algo que deseamos tener o que pensamos que esa persona no merece.

En cambio, nos referimos a envidia sana, cuando esa sensación de malestar es menor o prácticamente inexistente.

Seguramente es el grado de animadversión o antipatía hacia la persona sobre la que dirigimos nuestra envidia la que va a determinar si consideramos esa envidia sana o mala. Y esto es curioso, ¿cuál es ese grado que establece la frontera entre una y otra envidia?

La envidia es una emoción, y ya hemos dicho en muchas ocasiones, en estas mismas páginas, que las emociones no son buenas ni malas.

Todo lo que sentimos, todas nuestras emociones, tienen una función adaptativa, en este caso, sentir envidia nos da información, nos invita a reflexionar sobre nuestras capacidades y competencias, sobre lo que tenemos, y también sobre aquello que necesitamos, deseamos o a lo que aspiramos. Y esa percepción nos permite, si queremos, movilizarnos para el cambio, definir metas y ponernos en acción para alcanzarlas.

Es natural sentir emociones, todas las emociones, lo que nos define es qué hacemos con ellas, es ahí donde podemos intervenir.

En definitiva, la envidia es una emoción más, la clave es cómo la sentimos, cómo la gestionamos y cómo modifica nuestros pensamientos y conductas, es decir cómo afecta a nuestra vida.

La envidia puede ser perjudicial, y lo puede ser a distintos niveles:

  1. Nos puede provocar un elevado malestar, que puede llegar a ser tan intenso como frecuente.
  2. Puede generarnos sentimientos de culpa y empeorar nuestra autoestima y autoconcepto.
  3. Por último, puede generar una elevada animadversión hacia otra persona, hasta el extremo de tener pensamientos obsesivos hacia ella, incluso tener conductas agresivas.

Es interesante observar cómo las redes sociales, al igual que sucede en relación a otras emociones, han potenciado los sentimientos de envidia, o mejor dicho, han facilitado una forma de responder a estos sentimientos de un modo inadecuado, expresándose esta envidia con comentarios agresivos, acoso, beligerancia… El conocido término hater tiene mucho que ver con la envidia y un modo inadecuado de gestionarla y de expresarla.

Recientemente fue noticia un informe desvelado sobre la red social Instagram en el que hablaban de las emociones que sentían, mayoritariamente adolescentes, al compararse y “envidiar” aquello que tenían otras personas y los sentimientos de tristeza que les provocaba, fundamentalmente en relación a unos estereotipos de belleza inadecuados –sino irreales–.

¿Cuándo la envidia es un problema?

La envidia como problema

La envidia puede convertirse en un problema cuando influye en mi percepción de felicidad o afecta a mi autoestima. Esto puede ocurrir si dedicamos mucho tiempo a pensar en lo que los demás –o alguna persona en concreto– tienen y nosotros o nosotras no.

Centrarse en esta comparación genera frustración, impotencia, enfado y rabia, y una percepción de injusticia, en resumen merma considerablemente nuestro bienestar.

Es importante reflexionar sobre nuestra autoestima y el modo en el que construimos nuestro autoconcepto. Insisto en que es natural pensar en los logros y cualidades de otras personas, y que esto sirva de acicate, de estímulo, para que también alcancemos esos logros o mejoremos esas cualidades, pero si la envidia se convierte en una fuente de insatisfacción, malestar, obsesiones, ira… y está afectando a nuestro día a día, tal vez sea un buen momento para acudir a un o una profesional de la Psicología para revisar qué hay tras esta insatisfacción personal: inseguridad, miedo, gestión de las emociones… y empezar a poner soluciones.

¿Hay envidia sana y envidia mala? Al igual que otras emociones, la envidia no es mala o buena, pero si conviene comprender cómo funciona, cuál es su origen y cómo regularla Clic para tuitear

¿Cómo manejar la envidia?

Si estás sintiendo envidia, en primer lugar, acepta lo que sientes, sin realizar juicios de valor. No te digas: siento envidia, luego soy un envidioso o una envidiosa.

Vuelvo a una idea anterior, sentir una emoción no significa ser la emoción. Recuerda: siento ansiedad, no soy ansioso. Siento tristeza, no soy un triste. Siento envidia, no soy una envidiosa.

Infografía sobre la envidia

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Es inevitable sentir envidia, es muy probable que en distintos momentos de nuestra vida la experimentemos. Lo importante es entender que es una emoción natural, que es esperable y que no dice nada malo de nosotros o nosotras, ni nos convierte en malas personas. La envidia, al igual que otras emociones, nos da información, sobre nosotros mismos o nosotras mismas, y sobre nuestras vivencias.

¿Qué información nos da esta emoción: la envidia?

La información que nos da la envidia –al igual que las demás emociones–, no siempre es evidente, es necesario reflexionar sobre lo que nos está pasando, profundizar para averiguar qué hay detrás de lo que estamos sintiendo.

Debes tener claro que sea lo que sea lo que nos hace sentir envidia, no predice o preestablece algo negativo, no significa que seas una persona mala o insegura, o que falle algo en ti.

Todos tenemos limitaciones, carencias, inseguridades, miedos o hay cosas que, sencillamente, no se nos dan bien, luego, si sentimos de un modo intenso envidia por otra persona, tal vez nos convenga reflexionar sobre el origen de ese malestar, y hacernos preguntas tales como: ¿por qué me siento tan mal por qué esa persona haya alcanzado esa meta? ¿No podría yo alcanzarla? ¿Por qué no dejo de compararme con esa persona? ¿Por qué sólo veo cualidades extraordinarias en esa persona y en cambio no veo nada valorable en mi?

Párrafo resaltadoPiensa que la envidia tiene mucho que ver con nuestra autoestima, nuestra inseguridad o nuestro autoconcepto, y también con nuestras interpretaciones sobre lo que merecemos, y por tanto, se relaciona con la gestión de nuestras expectativas.

Es importante integrar la idea de que los aspectos que no te gustan de ti, no te definen y por supuesto no te invalidan, puedes intentar cambiarlos o mejorarlos si te generan malestar, aun así, siempre vamos a tener limitaciones o carencias, pero también tenemos capacidades y competencias.

Párrafo resaltadoEs importante aceptarnos y valorar aquello que sí tenemos. Aceptar tus emociones es la mejor manera de aceptarte.

Más información en Psicología y Psiquiatría

Un artículo muy interesante sobre esta cuestión: La Gratitud: la emoción que lo cambia todo
«Sentir una emoción no significa ‘ser’ la emoción. Es natural sentir envidia, eso no significa ser envidioso o envidiosa». Juan Cañadas, psicólogo Clic para tuitear

La envidia: comparación, expectativas y justicia

Envidia social

Somos seres sociales y es natural compararse con otras personas, pero la forma en la que pensemos y actuemos en este proceso de comparación social va a ser clave en la construcción de nuestra autoestima.

Todas las personas tenemos cosas buenas, y todos queremos sentir que tenemos valor para los demás, que somos capaces y merecemos cosas buenas en nuestra vida –amor, aprobación, reconocimiento o cualquier otro tipo de beneficio emocional, social o económico–.

Durante nuestro desarrollo personal nos comparamos –y nos comparan– con los demás. Y nos debatimos en la duda de si “merecemos” aquello que deseamos –o necesitamos–. Y aquí es donde pueden aparecer los problemas, en cómo ajustamos nuestras expectativas en ese proceso de comparación.

Si nos empeñamos en compararnos dirigiendo nuestra atención hacia aquellas personas que han logrado extraordinarias metas, sin reflexionar sobre cómo las han alcanzado, y concluimos que somos unos “perdedores” en comparación a ellas, que somos “peores” y que nunca podremos alcanzar esos enormes logros, tenemos garantizada una buena cantidad de emociones desfavorables.

En el proceso de comparación tenemos que tener en cuenta varias ideas clave:

  1. Lo que tenemos no es lo que somos. Los logros que han alcanzado otras personas no tienen por qué definirnos a nosotros. Conviene ponerse metas realistas, que conecten con nuestros verdaderos deseos y aspiraciones. Que queramos alcanzarlas no porque otra persona las haya alcanzado, sino porque es nuestra elección.
  2. Siempre habrá otra persona que lo hará mejor. Es importante ajustar nuestras expectativas en relación a nuestras metas y logros. Además, casi siempre hay una relación entre la cantidad de tiempo que dedicamos a una habilidad y el nivel de destreza que adquirimos en esa habilidad. Y cabe preguntarse: ¿Cuánto tiempo y dedicación estás dispuesto o dispuesta a invertir para ser el mejor en esa disciplina o tan virtuoso? A lo mejor a ti no te compensa ese tiempo y dedicación.
  3. Fijar nuestra valía en función de la comparación con los demás carece de sentido, cada persona tiene potencialidades diferentes y también tiene biografías, experiencias vitales diferentes. Compararse de un modo tan rígido y simple, no sólo es erróneo, es dañino y potencialmente autodestructivo.
  4. Para que un proceso de comparación fuera “válido” deberían darse las mismas condiciones a todos los niveles, y creo que debemos tener presente el hecho de que esto no es así. Hay personas más privilegiadas, que lo tienen más fácil, o justo lo contrario. La desigualdad, la disparidad de oportunidades… la vida no es igual para todos y para todas, no tiene sentido comparar sólo los logros y no tener en cuenta las circunstancias, el contexto social, la educación…
  5. Por último, la comparación es un proceso selectivo. Depende de con quién nos comparemos podremos sentirnos desdichados o, por el contrario, tremendamente afortunados. Podemos pasar de sentir que “no es justo” lo que tenemos por “insuficiente”, a concluir que “no es justo” lo que tenemos por excesivo, sólo cambiando con quién o con quiénes nos comparemos.

En fin, cuando reflexionemos sobre nuestro sentimiento de envidia e identifiquemos en su origen un proceso de comparación, sería muy conveniente que pensásemos en todas estas cuestiones y revisáramos las creencias asociadas, por ejemplo, al concepto de justicia social.

El aprendizaje y la envidia

Compararnos con los demás puede ser un motivo para la envidia, o también –y aquí está mi propuesta– puede ser un estímulo para el aprendizaje.

Observar cómo los demás hacen las cosas es también uno de los pilares de nuestro aprendizaje, ya que las personas aprendemos, entre otras cosas, por imitación –modelado–. Si tienes un niño pequeño o una niña en tu entorno podrás observar cómo imita constantemente todo aquello que ve, sobre todo en sus figuras de apego.

Cuando estés experimentando envidia ante lo que otra persona tiene o ha conseguido, plantéate si de manera genuina tú también lo quieres para ti, o simplemente te estás dejando llevar por emociones como el resentimiento.

Si la respuesta es afirmativa –lo quieres para ti–, prueba a observar cómo lo ha conseguido, imita sus comportamientos, incluso pregúntale, establece una relación diferente con esa persona a la que quieres emular. Tal vez te sorprenda comprobar cómo una persona puede pasar de ocupar el rol de “envidiado” al de “maestro”. Seguramente esto te resulte chocante, ¿cómo voy a imitar o seguir a alguien que me genera rechazo? Porque puede ser bueno para ti. Se trata de reinterpretar tu emoción, la envidia, confía en ti y ponte a trabajar en ello.

¿Por qué podría no alegrarnos el éxito de los demás? Explicamos cómo funciona, cuál es el origen y de qué nos está informando la envidia Clic para tuitear

Conclusiones sobre la envidia

Sentir envidia es natural, todos la sentimos. Sentir envidia no es malo, lo que hacemos con ella si puede serlo.

Compararse con los demás es normal, si te hace daño revisa tu forma de hacerlo, cambia la manera en la que lo interpretas. No se trata de ganar o perder con los demás, sino de entender que las personas somos diferentes, tenemos diferentes circunstancias y tenemos diferentes experiencias vitales, pero eso no nos otorga valor, ni nos lo quita.

Si quieres conseguir algo que otra persona tiene, porque te hará sentir mejor, más realizado o realizada, fíjate qué ha hecho para conseguirlo y ponte en acción.

Conocer tus recursos, mejorar tus competencias emocionales, requiere de información y de entrenamiento. Cuenta con los profesionales de la Psicología, juntos podemos hacer un excelente trabajo dirigido a conseguir tus metas, las que tú decidas acometer.

Autor

Psicólogo Madrid Juan CañadasJuan Cañadas

Psicólogo Habilitado Sanitario. Especialista en trastornos de ansiedad y fobias, trastornos del estado de ánimo, estrés, autoestima y otros desórdenes emocionales. Psicólogo deportivo.


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