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Influencia de estereotipos y normas de género femeninas en la Salud Psicológica

Influencia de estereotipos y normas de género femeninas en la Salud Psicológica

¿Es necesaria una integración de la perspectiva de género en la salud psicológica? O expresado de otro modo: ¿Sería conveniente un enfoque en la atención a la salud psicológica que reconozca las diferencias entre la mujer y el hombre?

En las últimas décadas numerosas investigaciones coinciden en destacar que algunos de los desórdenes emocionales afectan más a las mujeres («¿Son las mujeres más vulnerables a la depresión, ansiedad o estrés» Por Marta Giménez).

Ya en el 2006 un estudio del equipo de investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid estudiaron tres variables psicológicas –ansiedad, autoestima y satisfacción autopercibida– como predictores de salud (Sánchez, Aparicio y Dresch, 2006), encontrando diferencias de género, en estas relaciones con la salud física y psicológica.

En este artículo, queremos compartir algunos de los resultados obtenidos en una investigación empírica sobre la influencia de la conformidad con algunas normas de género femeninas, en la salud psicológica de mujeres adultas españolas. (Clic en la imagen siguiente para ver y descargar el póster científico de la investigación )

Antes de continuar, queremos agradecemos a todas y cada una de las participantes que de manera desinteresada, voluntaria y anónima, contestaron a una larga encuesta creada para tal fin.

Perspectiva de género y salud psicológica o salud emocional

Perspectiva de género y Salud Psicológica

Las ideas y construcciones sociales y culturales sobre lo que es propio de hombres y mujeres, hacen referencia al concepto género. Es decir, un conjunto de expectativas, atributos, roles, intereses y actitudes estereotípicamente asignados a las personas en función del sexo (p.e. Bosch, Ferrer & Gili, 1999; Barberá & Cala, 2008; Matud, 2008).

La conformidad con normas de género femeninas hace referencia al grado de aceptación y centralidad de distintas normas y roles de género femeninos en la identidad personal de las mujeres.

Los resultados sugieren la necesidad de continuar estudiando los mecanismos, interacciones y procesos a través de los cuales, la presencia de creencias disfuncionales, la mayor tendencia a responder con preocupación y rumiación (p.e., Giménez, Aparicio & Ramos, 2013; Neuredt, Stark, Kress & Hermann, 2017) ante eventos estresantes o experiencias negativas, constituyen factores de vulnerabilidad cognitiva de corte transdiagnóstico (González, Ramírez, Brajin & Londoño, 2017) para el desarrollo de distintos trastornos emocionales y son más frecuentes en mujeres (Alloy, et al., 2006; Beck,1987; Hankin, et al., 2001; Hyde et al., 2008, Nolen Hoecksema, 2012).

Integrar la perspectiva de género en salud (OMS, 2002), permite examinar por ejemplo, factores de protección y de riesgo, que conlleva la adscripción a determinados roles de género en la salud psicológica, en este caso en mujeres adultas, aspecto considerado específicamente por la Asociación Psicológica Americana (APA, 2007).

¿Por qué es más frecuente en mujeres la tendencia a responder con preocupación y rumiación en los eventos estresantes? Clic para tuitear

Investigación en perspectiva de género: Nuevas realidades, adaptación y cambio

La incorporación efectiva de las mujeres al mundo laboral, el desarrollo de carreras profesionales, sin duda constituyen uno de los grandes avances orientados hacia la consecución de una mayor igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Esta evolución incrementa las posibilidades de elección en el reparto y asunción de roles y tareas tradicionales en el ámbito familiar, doméstico, relacional y social.

Este proceso de adaptación y cambio en la construcción de las identidades –ser mujer y ser hombre– en el contexto actual, conlleva la conciliación de posturas y elementos culturales, en ocasiones opuestos, unos tradicionales y otros modernos.

Este proceso de conciliación es denominado sincretismo y, según la antropóloga Marcela Lagarde (2010), es un proceso clave para comprender y construir sociedades socialmente corresponsables que permitan integrar estas nuevas realidades, necesidades, conflictos y tensiones, contrapuestos a los tradicionales roles de género.

Cuándo se acude a consulta psicológica para recibir asesoramiento y orientación en relación al estrés, es muy frecuente observar que, en el caso de las mujeres, la percepción subjetiva de estrés, proviene de la necesidad de conciliar las responsabilidades en el ámbito privado: vida doméstica, familiar e interpersonal, al mismo tiempo y con igual eficacia, que las altas demandas del espacio laboral o profesional.

En otras ocasiones, la percepción de estrés proviene de la dificultad para mantener determinados modos y estilos de comunicación, relación interpersonal y expresión de necesidades, en entornos profesionales en los que predominan aún valores y estilos tradicionalmente asociados a la masculinidad.

En este sentido, algunos autores sugieren que, en la actualidad, los roles sociales, laborales o profesionales, influyen de manera más significativa en las competencias emocionales de las mujeres (Echevarría, 2010).

En un reciente estudio, sobre la salud general y psicológica en relación con el género y la situación laboral de mujeres españolas (Esteban Gonzalo, Aparicio & Estaban-Gonzalo, 2017) las autoras encontraron que las mujeres desempleadas y aquellas con mayor conformidad con normas de género femeninas, mostraron mayor tendencia a una peor salud psicológica.

Investigación en perspectiva de género: Objetivos y definición de conceptos

El objetivo de nuestro estudio desde una perspectiva de género, fue conocer la influencia de la conformidad con distintas normas de género femeninas, es decir, qué normas de género femeninas se relacionan con la percepción subjetiva de estrés y por tanto con implicaciones en la salud psicológica.

La salud psicológica es el resultado de la interacción entre persona, grupo y ambiente (OMS, 1993) e implica un estado de bienestar psicológico y emocional que permite a la persona emplear sus habilidades mentales, sociales y emocionales para desempeñarse con éxito en sus interacciones cotidianas.

El estado de bienestar subjetivo se expresa en todas las esferas de la conducta cotidiana, constituyendo un indicador de salud y ajuste psicológico ante las demandas y situaciones en los distintos ámbitos de actuación de los individuos, donde las emociones juegan, directa o indirectamente, un papel relevante en la salud física, psicológica y social.

La percepción de estrés se define como el grado en que las personas consideran los acontecimientos de la vida diaria como sobrecarga, incontrolables e impredecibles (Remor, 2006) y por lo tanto, son un indicador subjetivo de estrés, que de acuerdo con la teoría transaccional de Lazarus y Folkman (1984) se relacionan con reacciones emocionales displacenteras y definen el estrés psicológico.

Por conformidad con normas de género femeninas, se entiende el grado de acuerdo o desacuerdo respecto a las principales normas y roles de género tradicionalmente asignados a las mujeres en las sociedades occidentales (Mahalik et al., 2005; Sánchez-López et al., 2011) y reflejan la manera en que individualmente cada mujer incorpora determinadas dimensiones de género femeninas en la actualidad.

¿Cómo influyen las normas de género femeninas en la salud psicológica, el estado de bienestar subjetivo y la percepción de estrés en las mujeres? Clic para tuitear
Normas de género femeninas

Pueden agruparse en las siguientes categorías:

  • Responsabilidad del bienestar de las relaciones interpersonales, familiares y de pareja.
  • Importancia de formar una familia, tener pareja y la maternidad.
  • Importancia de la apariencia, atractivo físico y belleza.

Y prescriben determinadas creencias, actitudes y comportamientos tales como:

  • Esforzarse por ser amable, cuidar las relaciones de amistad y apoyo a los o las demás.
  • Intentar no llamar la atención sobre logros, éxitos, cualidades o talentos propios.
  • Responsabilidad del cuidado y mantenimiento del hogar.
  • Implicación en relaciones románticas y cuidado de la pareja, disfrutar del cuidado de niños o niñas, y reservar el disfrute de la sexualidad en relaciones de compromiso.
  • La importancia de invertir en apariencia física y realizar esfuerzos para tener un cuerpo delgado y esbelto según los estereotipos idealizados de belleza y delgadez.

La conformidad con determinadas normas de género femeninas –según su relevancia y congruencia con nuestra personalidad– influirá en la valoración de acontecimientos potencialmente estresantes, la forma de hacer frente a los problemas, las creencias y las estrategias de regulación emocional.

Investigación en perspectiva de género: Creencias y actitudes disfuncionales

Estereotipos y roles de género

Las creencias y actitudes disfuncionales forman parte del sistema de creencias relacionadas con dos dimensiones de personalidad: sociotropía y autonomía (Beck, 1983; Toro, et al., 2013).

La primera, enfatiza una excesiva orientación hacia las relaciones interpersonales, mientras que la segunda genera una necesidad de logro e independencia. Ambas, constituyen vulnerabilidades cognitivas, por ser rígidas y absolutistas –debo a agradar a todo el mundo, debo hacerlo todo bien–, que ante dificultades y eventos negativos, estas creencias y actitudes disfuncionales, originan interpretaciones y valoraciones sesgadas de los acontecimientos.

El resultado de esta forma de procesar la información, congruente con las creencias disfuncionales, es que, además de verse afectada la autoestima, se incrementan emociones tales como: sentimiento de amenaza y ansiedad, tristeza, enfado, vergüenza o culpabilidad.

Las principales creencias y actitudes disfuncionales

Principales creencias y actitudes disfuncionales

  1. La necesidad de aprobación y dependencia de los demás y del amor para ser feliz, con miedo a la soledad, al rechazo social –por ejemplo: es mejor renunciar a los propios intereses por agradar a otras personas, si alguien no me ama no puedo ser feliz–.
  2. Creencias auto-centradas sobre las ventajas de las interacciones sociales –por ejemplo: si antepongo las necesidades de los demás a las mías me ayudarán cuando lo necesite, si hago cosas agradables por los demás, ellos me respetarán y tratarán tan bien como yo les trato a ellos–.
  3. Autoexigencia y responsabilidad sobre bienestar y comportamiento de personas cercanas, subestimando las responsabilidades de los otros en su propio bienestar –por ejemplo: si critico a alguien por su forma de hacer algo y se enfada esto quiere decir que le he molestado–.
  4. Creencias en torno a la baja autonomía personal y emocional ante acontecimientos adversos –por ejemplo: no creo que pueda controlar mis sentimientos si me ocurre algo malo o mi estado de ánimo se debe fundamentalmente a factores que están fuera de mi control–.
  5. Necesidad de ejecutar exitosamente las tareas y perfeccionismo, con pensamiento dicotómico –todo o nada–, con altos estándares y temor a cometer errores –por ejemplo: si fallo en mi trabajo soy un fracaso–.

Por otra parte, las creencias sobre cómo hacer frente a los acontecimientos estresantes y las creencias sobre las propias habilidades emocionales, van a influir en la forma de afrontar los problemas y las estrategias de regulación emocional.

La creencia en los beneficios de preocuparse como estrategia de afrontamiento –tanto en la preocupación como evitación, como en la preocupación como solución–, no resuelve la dificultad y contribuye a mantener las respuestas de ansiedad.

De igual modo, la tendencia a responder con rumiación, ante síntomas de malestar, van a influir en el proceso de regulación emocional, fundamentalmente en las fases de modificación de la situación y atención emocional.

Hay 5 creencias y actitudes que perjudican la salud psicológica de las mujeres y que tienen su origen y desarrollo en la interiorización de normas de género femeninas Clic para tuitear

Investigación en perspectiva de género: Resultados

  1. Los resultados en salud psicológica autopercibida, es decir mayor número de síntomas de ansiedad, tristeza, disminución de autoestima y estrés, se relacionaron con mayores puntuaciones en percepción subjetiva de estrés (sobrecarga, incontrolabilidad e imprevisibilidad de los acontecimientos de la vida) y respuestas rumiativas.
  2. Mayores puntuaciones en creencias disfuncionales, creencias sobre la preocupación y respuestas rumiativas, contribuyeron a mayor percepción subjetiva de estrés. Mientras que las dos primeras, junto a percepción de estrés, se relacionan con mayor rumiación.
  3. En cuanto a las normas de género femeninas se encontró que:
    • Delgadez, Ser Agradable en las Relaciones y Modestia, se relacionaron con mayores puntuaciones en percepción subjetiva de estrés y estilo de respuesta rumiativa.
    • Así mismo,Delgadez y Ser Agradable en las Relaciones se relacionaron con creencias totales sobre la preocupación.
    • Mientras que Delgadez, Ser Agradable en las Relaciones y Fidelidad Sexual se relacionaron con mayores puntuaciones totales en creencias disfuncionales.

Investigación en perspectiva de género: Conclusiones

Investigación Perspectiva de Género y Salud Emocional

Los resultados de esta investigación en perspectiva de género son consistentes con las sugerencias y observaciones realizadas desde la Asociación Americana de Psicología (2007) sobre la necesidad de tener en cuenta las consecuencias perjudiciales que la adscripción rígida a las normas de género femeninas puede tener para la salud psicológica de las mujeres. Considerar la perspectiva de género permitirá una mejor evaluación, tratamiento y prevención.

De esta forma, la conformidad con tres de las ocho normas de género femeninas, resultaron más significativas en todas las dimensiones de las variables psicológicas estudiadas:

  • Delgadez, Ser amable en las relaciones y Modestia, que enfatizan la preocupación por alcanzar estándares de delgadez y belleza estereotipados, por agradar y satisfacer las necesidades de los demás, comparten una elevada valoración interpersonal.
  • Pueden propiciar estilos de comunicación no asertivos, que dificultan la solución de problemas efectiva y reconocimiento de la propia valía., aspectos que pueden ser clave para la gestión del estrés laboral y las respuestas emocionales asociadas.
  • Tienen impacto en la percepción de estrés y amenaza, al depender de la valoración de los otros (dimensión interpersonal) y contribuir a respuestas rumiativas ante resultados no esperados o deseados. E incrementan emociones displacenteras o negativas, vinculadas con mayor atención a las emociones (Alloy, et al., 2006; Hankin, et al., 2001; Hyde et al., 2008, Nolen Hoecksema, 2012).
  • Las creencias o actitudes disfuncionales totales se ven reforzadas a través de normas de género femeninas, contribuyendo al incremento de vulnerabilidad en distintas áreas (necesidad de aprobación, de amor, de ejecución exitosa, perfeccionismo, derechos sobre los otros, omnipotencia y baja autonomía personal) que elevan las experiencias emocionales displacenteras ante eventos interpersonales negativos o eventos estresantes congruentes con éstas (Beck, 1983; Clark et al., 2010).
  • Mayor conformidad con delgadez y ser amable en las relaciones, contribuyen a incrementar la creencias sobre los beneficios y motivos para preocuparse como forma de afrontamiento y evitación de problemas, y en consecuencia aumentar la percepción de alerta, amenaza y preocupación, principales aspectos de las reacciones de ansiedad.
  • Asimismo, y especialmente respecto a la preocupación por la delgadez, los resultados son congruentes con los obtenidos por otros investigadores, que señalan que fuentes de preocupación y rumiación, más frecuente en mujeres, se articulan en torno a eventos negativos en tres dominios: logro, interpersonal e imagen corporal y atractivo; si bien las diferencias de género más grandes y significativas se encuentran en las últimas dos dimensiones, destacando la importancia que tanto los aspectos interpersonales como los referidos a la imagen corporal generan potenciales fuentes de vulnerabilidad para la aparición de síntomas de ansiedad y depresión y otros trastornos emocionales en mujeres (Mezulis, Abramson & Hyde, 2002; Hyde, et al., 2008).

Si bien, por las naturales limitaciones del estudio, los resultados han de interpretarse con cautela, estos nos sugieren que es necesario seguir investigando en la misma dirección.

Las interacciones entre entornos, características de personalidad y otros aprendizajes, han de tenerse en cuenta en los resultados de salud psicológica autopercibida, en mujeres que realizan diferentes actividades profesionales y laborales, donde las culturas organizativas y el nivel de integración de estrategias de gestión de la diversidad, contribuirán a mejorar el clima laboral y favorecer la salud psicológica de las personas.

Muchas características del rol de género femenino poseen aspectos positivos y de protección, como es la mayor calidad positiva en las relaciones, mejor funcionamiento y apoyo social (Cox, et al., 2010), otros aspectos como la tendencia de las mujeres a valorarse en función de su capacidad de cuidar y mantener vínculos, pueden contribuir a aumentar el malestar emocional, cuando se devalúa esa orientación a las relaciones, o estas no promueven el intercambio afectivo igualitario (Moreno-Fernández, Rodríguez-Vega, Carrasco-Galán & Sánchez-Hernández, 2009).

Por otro lado, integrar aspectos positivos asociados a las normas de género femeninas, como por ejemplo ser amable en las relaciones, mayor empatía y cuidado de las relaciones interpersonales, junto a un estilo de comunicación asertivo, podrían favorecer intercambios interpersonales y laborales basados en relaciones de colaboración y cooperación más proactivos y satisfactorios.

Desde este punto de vista y de cara a la promoción de empresas saludables, incluir la perspectiva de género, podría facilitar la promoción de habilidades, estilos y prácticas que tengan en cuenta los modos saludables asociados a las dimensiones de género y disminuir aquellos generadores de vulnerabilidad o estereotipos con repercusiones negativas para la salud de las mujeres.

Nuevo estudio apunta a la necesidad de incorporar, en las estrategias organizativas de las empresas, perspectiva de género para mejorar la salud emocional de las mujeres Clic para tuitear

Autora

Psicóloga Madrid. Marta GiménezMarta Giménez

Doctora en Psicología. Psicóloga Sanitaria. Especialista en Perspectiva de Género y Salud Emocional. Directora del Área de Investigación e Innovación de Área Humana.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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