282017Mar
Insistir una y otra vez en una dieta milagro… ¿Qué hay tras esta conducta?

Insistir una y otra vez en una dieta milagro… ¿Qué hay tras esta conducta?

Llega el buen tiempo… hay que quitarse los kilos de más. Hay que comenzar con la “operación bikini”, sino te pilla el toro. Voy a estar a dieta hasta el verano y lucir “tipazo”… ¿Os suenan estas frases? Seguro que si, las habremos escuchado muchas veces, incluso tal vez las hayamos pronunciado… ¿Qué significa este propósito: ponernos a dieta, y que suele coincidir con la llegada del buen tiempo? ¿Por qué de pronto caemos en la cuenta de que no nos gusta nuestra imagen corporal o nuestro aspecto físico? ¿Es realmente una cuestión de sobrepeso, de un problema real o bien hay algo más? Vamos a reflexionar en este artículo sobre la relación entre nuestra forma de pensar sobre nuestro propio cuerpo, nuestras creencias y valores, nuestra autoestima… para así comprender por qué llegado el buen tiempo nos planteamos hacer dieta –en ocasiones “dieta milagro”– y qué relación tiene con el modo en el que percibimos nuestro propio cuerpo.

Hacer dieta ¿Cuándo es una respuesta a una dificultad emocional y no a un problema real de sobrepeso?

La llegada del buen tiempo también nos trae una mayor atención hacia nuestro aspecto físico. Vestir con ropa más ligera supone para muchas personas más inseguridad sobre su cuerpo, haciendo más presente la preocupación sobre la imagen corporal.

La adhesión a unos ideales de belleza que los medios se encargan –más en esta época– de exhibir, no ayuda, sino al contrario, refuerza creencias erróneas sobre el valor de la belleza física en la consecución de nuestras metas en la vida.

Sin mucha consciencia, le damos a nuestro cuerpo un valor, una responsabilidad que no es cierta: Si tuviera esa figura perfecta se me abrirían todas la puertas, amistades interesantes, experiencias increíbles, vivencias únicas… tendría unas vacaciones que con un cuerpo menos “bello” no podría disfrutar. Indudablemente estoy simplificando con esta frase, pero quiero que se comprenda que alcanzar metas o vivir buenas e interesantes experiencias en la vida, dependen de factores que no están asociados a un cuerpo sobresaliente, es más, personas con una extraordinaria belleza física, también encuentran notables dificultades para alcanzar sus objetivos y desarrollar sus planes de vida, justamente porque fallan otros recursos de la persona.

Nos anclamos en la falsa creencia de que una 'buena figura' es un objetivo imprescindible Clic para tuitear

Lo cierto es que, cuando nos anclamos en la creencia de que una buena figura es un “objetivo” imprescindible, nos precipitamos a lograrla sea como sea, es entonces cuando iniciar una dieta, nos parece una solución “obligada”.

No nos paramos a pensar que si tenemos un problema de salud por sobrepeso, la solución debería pasar por plantearnos una estrategia para cambiar nuestros hábitos de alimentación o de actividad física. En ese caso, lo mejor sería consultar a un especialista en nutrición, y si necesitamos más ayuda para ajustar dificultades emocionales que nos estén impidiendo realizar ese cambio, contar con un psicólogo o psicóloga.

En este artículo quiero centrarme, no tanto en las personas que tienen un problema de sobrepeso, sino en aquellas que inician dietas –algunas “milagrosas”– como una forma inadecuada de afrontamiento de dificultades emocionales, dificultades que podrían estar manifestando perfeccionismo, falta de autoestima, inseguridad, mitos y creencias erróneas, falsas atribuciones o una percepción desajustada de nuestro cuerpo.

¿Qué nos lleva a buscar soluciones ineficaces cómo son las dietas “milagro”?

“Somos lo que comemos”. “Comer bien es saber digerir las emociones”. Son frases que hablan de la íntima relación entre nuestra forma de comer y nuestras emociones. La comida facilita información sobre nuestra identidad personal y expresa muchas de nuestras necesidades y conflictos.

Ser consciente de cómo interactúan –en las dos direcciones– nuestras dificultades emocionales, temores e inseguridades, con nuestra forma de comer, nos llevaría a adquirir o recuperar hábitos de vida saludables.

Un adecuado estilo de vida es la clave para lograr un buen estado de salud física y emocional, y disfrutar de una imagen, alejada de estereotipos, con la que sentirnos a gusto.

Buscar la solución en “la moda de las dietas”, puede requerir un cambio drástico e irreal en nuestro estilo de vida, incrementando la posibilidad de fracasar, metiéndonos en una espiral de pensamientos negativos frente a nuestra imagen corporal, nuestra capacidad y competencia y promoviendo la insatisfacción con el propio cuerpo.

Es necesario adquirir habilidades personales para identificar y regular las emociones que nos generan malestar. Ver si aspectos cómo nuestra autoestima, perfeccionismo, necesidad de aprobación, intolerancia a la frustración o impaciencia están decidiendo en este asunto. En cualquier caso, lo primero es ser conscientes de las amenazas.

Iniciar una dieta milagro a veces responde a una dificultad emocional y de auto imagen corporal Clic para tuitear

4 causas que nos impulsan a buscar la solución en las dietas milagro

Percepción del propio aspecto físico

1. La desinformación

La falta de información o una información incorrecta sobre cómo funciona nuestro cuerpo, sobre las dietas y sus consecuencias físicas –es fundamental tener una actitud crítica con la información en internet–.

Teoría del Set Point

Aunque este punto sería objeto de desarrollo por parte de un profesional de la nutrición, quiero referirme a un concepto denominado “Teoría del set Point”, apoyada por la mayoría de los expertos. Y quiero hacerlo para incidir en la idea de que cuando elegimos una dieta cómo solución, sin contar con un experto, podríamos estar planteándonos objetivos “inalcanzables”.

Según esta teoría, el cuerpo tiende a la preservación de un punto de equilibrio que determina el peso que cada individuo tiene, y que está establecido genéticamente. Hay momentos en los que se define (1º año de vida, pubertad…) y otros en los que es más flexible (adolescencia, embarazo…) pero en general tiende a ser estable, sobre todo por los factores hereditarios, aunque existen otros factores que pueden tener impacto en su regulación y en momentos determinados (el estrés, el ejercicio…).

Cuando la persona realiza dietas restrictivas el organismo “se protege” disminuyendo el gasto energético para mantener el peso cerca del nivel que tiene asignado. Si en estas circunstancias la persona se da atracones, lo que puede ocurrir es que se dé un aumento importante de peso, ya que las calorías consumidas durante el atracón y después de ayunos autoimpuestos, es menos probable que se consuman como combustible y más seguro que se almacenen como grasas.

2. Las atribuciones incorrectas

Podemos confundir los términos. Considerar que comemos mucho, cuando tal vez lo que hagamos es comer mal. Concluir que tenemos sobrepeso, cuando tal vez lo que suceda es que no aceptamos nuestra imagen corporal, por que no la reconocemos dentro de un determinado estereotipo demasiado exigente.

La dieta una respuesta al “comer emocional”

La relación entre nuestras emociones y la alimentación es muy estrecha. La comida puede convertirse en un mecanismo de regulación de nuestros estados emocionales.

Hay otros mecanismos cómo es la excesiva preocupación, con los que tratamos, también de un modo ineficaz, de regular nuestros estados emocionales.

En ocasiones afrontamos un cierto descontrol en la comida, buscando la dieta como solución, cuando la alternativa eficaz sería regular emociones como la ansiedad que nos llevan a comer de una forma impulsiva, a demasiada velocidad y buscando alimentos que nos produzcan un placer que necesitamos como recompensa a esa ansiedad. Es lo que los psicólogos y psicólogas denominamos “comer emocionalmente”, que significa dar una respuesta a nuestras dificultades emocionales a través de la comida.

Por “comer emocional”, se entiende la tendencia a comer con el objetivo de regular emociones negativas experimentadas como intolerables e inmanejables, poniendo en marcha estrategias ineficaces e inadecuadas para afrontarlas. Estas estrategias pueden desembocar en trastornos de la conducta alimentaria, pero sin llegar a ellos, pueden suponer comportamientos que alternan períodos de alimentación excesiva y caótica y otros de dietas restrictivas, excesivas y descontroladas.

3. Las creencias erróneas

Las ideas sobrevaloradas acerca de la imagen física se sustentan en creencias erróneas, muy centrales, ancladas en nuestro sistema de valores, y pueden influir, incluso definir, nuestro propio valor como persona.

Estas creencias contienen mensajes sobre la delgadez, como sinónimos de éxito y belleza, ideas más comúnmente arraigadas en las mujeres; y la necesidad de un cuerpo voluminoso y definido, en los hombres.

El cuerpo se ha convertido en el objeto que se moldea en función de las modas estéticas, y se piensa que la notoriedad o influencia social se adquiere a través de la adhesión a esos ideales de belleza, a cualquier precio.

4. La insatisfacción corporal

Dietas, insatisfacción e imagen corporal

  • Imagen corporal distorsionada: “Creo que tengo las piernas más gruesas de lo que pienso en realidad”
  • Valoraciones negativas del cuerpo: “No me gusta mi cuerpo”
  • Discrepancias entre la imagen real y la ideal: “Mi cintura no es tan delgada como me gustaría que fuera”

La cultura de nuestros días promueve en muchas ocasiones roles de belleza infrecuentes, incluso irreales. Y además los hace representar modelos de aceptación y éxito, de tal forma que una buena parte de la población, en gran medida adolescente, muestra insatisfacción con su imagen corporal, que aun siendo natural y perfectamente normal, no logra aproximarse a esos estereotipos inalcanzables.

Esta situación, puede desencadenar una serie de comportamientos inadecuados relacionados con la alimentación y el peso, la forma de vestir, el significado del ejercicio, las relaciones sociales –ansiedad social–… en definitiva determina como sentimos y percibimos nuestra imagen corporal.

La imagen corporal se define como “el cuadro de nuestro propio cuerpo que formamos en nuestra mente” (Schilder, 1950).

Por lo tanto, lo que define a la insatisfacción corporal es una imagen alterada o deformada del cuerpo en comparación con la medida objetiva de la realidad, una diferencia entre el volumen corporal real percibido y el ideal, o simplemente sentimientos negativos frente al cuerpo.

Es un fenómeno no sólo presente en los trastornos alimentarios, sino que diversas investigaciones muestran su presencia en diversos grupos de la sociedad.

La psicóloga Mariola Bonillo, ha escrito un artículo imprescindible si quieres conocer qué es el Trastorno Dismórfico Corporal: “Dismorfofobia o Síndrome del Espejo: Cuando al mirarme mi cerebro transforma lo que veo”.

Una reciente investigación publicada en PLOS | one: The Body and the Beautiful: Health, Attractiveness and Body Composition in Men’s and Women’s Bodies (El Cuerpo y la Belleza: Salud, Atractivo e Imagen Corporal en Hombres y Mujeres), concluía –entre otras consideraciones– que el IMC (índice de masa corporal) que se consideraba más “atractivo” para las mujeres que participaron en el estudio, era significativamente menor que el considerado como saludable. En el caso de los hombres, el estudio mostraba una mayor coherencia entre la percepción subjetiva de un cuerpo atractivo y el considerado como un cuerpo saludable, aun así, había también una tendencia a preferir masas musculares mayores que las saludables.

En definitiva, las causas de la insatisfacción con el propio cuerpo tienen un origen en factores sociales y culturales: los medios de comunicación, el carácter étnico, la clase social y la familia; todos ellos conforman una serie de creencias desajustadas frente a la propia imagen y los cánones a los que nos debemos ajustar.

Distorsiones cognitivas de la imagen corporal: “La docena sucia” (Cash y Grant, 1996)

1. Comparación injusta Compararnos con gente que tiene atributos físicos que deseamos
2. El espejo malhumorado Generalizar pensamientos negativos y estados de ánimo provenientes de otras fuentes, a experiencias corporales.
3. El ideal irreal Comparar el propio aspecto con el ideal de belleza del momento.
4. Expansión de la fealdad A partir de un aspecto que no gusta extender el descontento al resto de nuestro aspecto.
5. Juego de culpa Inferir que los cambios de aspecto físico indeseados esta provocados por actos indebidos.
6. La atadura de la belleza Pensar que la propia apariencia prohíbe realizar ciertas actividades.
7. La bella o la bestia Pensamiento dicotómico sobre el aspecto físico: guapa-fea; gorda-delgada, baja-alta…
8. La ceguera mental Minimizar los aspectos físicos positivos.
9. La lupa Atención excesiva a los defectos que se percibe de uno mismo o una misma.
10. Leer la mente Creer que si yo pienso que tengo ciertos defectos, los demás también lo pensarán.
11. Predecir la desdicha Creer que el propio aspecto conllevará consecuencias negativas en el futuro.
12. Sentirse feo o fea Tener la convicción de que uno o una es feo o fea.

Documento sonoro sobre Psicología y Psiquiatría

Programa «Cómete el mundo» de Radio 5 (RNE): “La docena sucia de la imagen corporal (1ª y 2ª parte)”

Hemos querido compartir, por su valor didáctico, el programa de RNE, «La docena sucia de la imagen corporal»: “Cuando miras tu cuerpo, tu mente podría estar engañándote. La psicóloga y colaboradora Gema García Marco, nos cuenta los filtros distorsionados desde los cuales miramos nuestro cuerpo y cómo afrontarlo: la bella y la bestia, el ideal irreal, la comparación injusta, la lupa, la mente ciega y la fealdad radiante”.

Parte 1ª

Parte 2ª

5 Consejos ante el impulso irreflexivo de empezar una dieta

5 consejos antes de iniciar una dieta milagro

En primer lugar con el anterior título he querido calificar al impulso que nos lleva a hacer una dieta: irreflexivo. Y ese será el primero de nuestros consejos.

  1. Reflexiona sobre tu motivación para hacer dieta. Si hay un problema de salud, de peso –de sobrepeso o de infrapeso–, de alimentación… deberemos valorar nuestro estilo de vida: alimentación, ejercicio y actividad física, etc., consultar fuentes fiables y recabar la información necesaria de profesionales sanitarios en nutrición. Si el problema está relacionado con desórdenes emocionales o trastornos alimentarios, acudir a un psicólogo o psicóloga. Es importante saber que las dietas en los trastornos alimentarios o TCAs, son absolutamente contraproducentes porque mantienen el problema.
  2. Identifica tus creencias sobre los estereotipos de belleza. Reconocer el origen de la imagen corporal que consideras ideal y que te impulsa a hacer dietas para alcanzarla. Someterlo a una valoración realista que lo cuestione, y ponga en evidencia sus limitaciones y debilidades.
  3. Analiza los objetivos que tiene hacer dieta. Valorar los objetivos de un modo realista, puede darnos pistas de lo ineficaz que es intentar alcanzarlos a través de una dieta. Por ejemplo, si estás a disgusto con la forma de tu cadera, las preguntas serían: ¿Voy a cambiar la forma de mi cadera con una dieta? ¿Cuánto va a cambiar? ¿Será posible tener una cadera cómo la que imagino?
  4. Céntrate en los objetivos importantes de tu vida. Si piensas en lo que es verdaderamente importante en tu vida, en tus deseos, planes y proyectos, y en los factores que realmente influyen en su consecución, verás que tener esa imagen corporal idealizada, además de ser una quimera, no es garantía de que vayas a lograrlo.
  5. Prueba una estrategia diferente: la gestión emocional. Tal vez sea el momento de buscar una alternativa diferente a intentar una y otra vez dietas milagro. Aprender a identificar y regular tus emociones y adquirir autoconfianza, podría ser una opción que no sólo te liberara del esfuerzo ineficaz y la frustración que suelen acompañar a las “dietas milagro”, sino que será un valioso aprendizaje que te servirá y acompañará toda tu vida.
En vez de dieta milagro, aprende a identificar y regular tus emociones y adquirir autoconfianza Clic para tuitear
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Tener una auto imagen positiva, requiere una correcta percepción de uno mismo o una misma, alejada en lo posible de la influencia de modas y estereotipos. Ello significa la aceptación de imperfecciones y la valoración de fortalezas, y requiere una adecuada gestión de las emociones y los pensamientos. La meta es sentirnos a gusto con nuestra imagen corporal, en definitiva, estar confortables en la propia piel.

Autora

Psicóloga Madrid Beatriz PiñasBeatriz Piñas

Psicóloga Sanitaria. Especialista en intervención clínica. Experta en desórdenes emocionales.

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