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Cómo ve la Psicología el Amor y el Enamoramiento

Cómo ve la Psicología el Amor y el Enamoramiento

El enamoramiento es algo tan placentero y potente que la mayoría de las personas deseamos sentirlo. Cuando sucede todo lo racional se disipa, pero tarde o temprano llega la realidad, incluso el desamor…

¿No convendría tener conocimiento para vivir con plenitud la fase de enamoramiento y lograr que evolucione de un modo saludable, suceda lo que suceda?.

Hace una semana se celebró San Valentín, el día dedicado a la exaltación del amor, creo que ha pasado suficiente tiempo para poder realizar esta “disección del enamoramiento”. Conocer estos procesos nos permitirá afrontar de manera más saludable muchos aspectos de las relaciones amorosas y evitar reacciones exageradas, incluso patológicas, ante los cambios en la evolución de la vivencia amorosa, incluso ante el duelo sentimental: el final del amor.

Por qué deseamos estar enamorados, a pesar de que nos puede hacer sufrir

La compleja interacción de mecanismos biológicos, culturales y psicológicos van a modular nuestras reacciones y la forma vivir las distintas fases y devenires del amor romántico.

La sensación de pérdida del control sobre los pensamientos y la voluntad son frecuentes tanto al inicio de la relación romántica como en su evolución, incluso en la ruptura sentimental, el desengaño amoroso o la imposibilidad de dar continuidad a ese amor.

Inquietud, nerviosismo (las famosas mariposas en el estómago), sudor en las manos, palpitaciones, ansiedad, pensamientos recurrentes, obsesión, conductas impulsivas, insomnio, pérdida de apetito, euforia… esta larga lista representa muchos de los síntomas comunes y frecuentes en las personas que se sienten enamoradas. Curiosamente, estos mismos síntomas son también frecuentes en muchas condiciones clínicas y motivos de consulta habituales en Psicología, y los son por el malestar, la pérdida de control y la confusión que conllevan. Sin embargo y sorprendentemente, cuando se les pregunta a las personas enamoradas si esto les resulta desagradable y pedirían ayuda psicológica para dejar de sentirse así, la respuesta es: No.

La otra cara de esta realidad es cuando el amor no es correspondido, se ha producido una ruptura amorosa, desengaño o es inviable la relación. La vivencia de esos síntomas se vuelve dolorosa e insoportable: Siento que muero sin su presencia. No puedo resistirlo, pienso todo el tiempo en él o ella. Le llamo, le escribo… y sé que esto no es bueno para nadie, pero no puedo dejar de actuar así… es superior a mi voluntad. Las mariposas en el estómago se transforman en un profundo dolor y se busca por todos los medios mitigar o apagar ese sufrimiento.

El amor es una de las fuerzas más poderosas, universales y ancestrales en la historia de la humanidad. Si bien se ha escrito mucho sobre el amor y ha sido y es fuente de inspiración artística a través de los tiempos, su estudio científico es relativamente reciente. Gracias a los avances tecnológicos hemos desvelado algunos de sus misterios, y ahora podemos comprender e identificar los mecanismos subyacentes en el proceso del enamoramiento y podemos prevenir reacciones desadaptativas en el devenir de las relaciones amorosas.

La pregunta del millón: ¿Qué es el enamoramiento?

El enamoramiento la exaltación de las emociones

Para comprender algo más sobre un tema de la magnitud, relevancia y complejidad como el amor, creo que podemos empezar por analizar algunos de los aspectos que están en el origen del vínculo amoroso.

Como otros ámbitos de la experiencia y la realidad humana el sentimiento amoroso es el resultado de una compleja combinación e interacción de mecanismos biológicos, psicológicos y sociales.

En esta ocasión hablaremos de la vivencia orgánica y psicológica del enamoramiento, primera fase en el camino del amor romántico.

Si te preguntara en qué parte de tu cuerpo localizarías el amor, ¿que es lo que primero que aparece en tu mente? Con mucha probabilidad tu respuesta sería que en el pecho o en el corazón. Y no es de extrañar, la publicidad lleva años respondiendo a esta pregunta: corazones entrelazados, corazones en las marquesinas, en los escaparates, corazones por doquier…

Si bien sabemos que no es totalmente correcta esta respuesta, lo cierto es que lo que mejor describe esas primeras reacciones de atracción y enamoramiento es el incremento de los latidos del corazón, aunque también se acelera la respiración, se agudizan nuestros sentidos y nuestra mente se focaliza en todo lo que tenga que ver con la persona que nos ha llamado tan poderosamente la atención.

Y es que el enamoramiento produce una cascada de reacciones psicológicas, emocionales, físicas y conductuales en las que se implica todo nuestro organismo, desde los sentidos, pasando por el cerebro, el sistema nervioso central hasta el sistema nervioso autónomo.

Tan poderosos e irrefrenables se experimentan algunos estadios del amor que nos sentimos a merced de esta desconcertante mezcla de emociones y sensaciones, nos sentimos como si hubiéramos perdido en parte el control. Enamorarse lo trastoca todo al menos por un tiempo… y en cierta medida esto tiene una explicación.

Las investigaciones recientes sobre la neuroquímica del amor ponen de manifiesto que las principales sustancias responsables de los síntomas del enamoramiento son fundamentalmente tres: dopamina, noradrenalina y serotonina. Estas mismas sustancias, también están implicadas en manifestaciones clínicas y psicopatológicas relacionadas con el fenómeno de las adicciones, las obsesiones, los celos, trastornos de ansiedad y depresión. Las fluctuaciones en los niveles de estas sustancias químicas combinado con aspectos individuales de la persona, van a ser relevantes a la hora de manejar, interpretar y comportarse ante estos estados psicofisiológicos. Y marcará la diferencia entre una respuesta saludable y adaptativa, o lo contrario.

Cuando nos enamoramos y somos correspondidos nos inundan sensaciones de felicidad, euforia y exaltación.

No podemos dejar de pensar en la otra persona, repasamos una y otra vez cada palabra, detalle o situación vivida junto a ella. Se incrementa nuestra energía, tanto que a veces nos impide conciliar el sueño y olvidamos la necesidad de comer.

Nuestra percepción del mundo y el futuro se modifica, todo cambia de color y sentimos que podemos con lo que nos propongamos, en definitiva experimentamos un estado de plenitud…

Sin embargo, también se dispara la necesidad por estar con él o ella y hacemos lo imposible por aumentar el tiempo que pasamos junto a esa persona, abandonando actividades sociales y desatendiendo tareas y responsabilidades.

Es un estado de exaltación que facilita e inspira los más hermosos actos cuando las cosas van bien, pero también lamentablemente, provoca trágicos desenlaces cuando aparecen obstáculos, las cosas no van como esperábamos y no contamos con estrategias adecuadas para regular saludablemente nuestras emociones.

La conducta enamorada. Una disección del enamoramientoEn el origen de la conducta durante el enamoramiento hay un proceso bioquímico donde se activan y desactivan determinadas partes del cerebro y que van a favorecer los efectos psicológicos y emocionales característicos del amor, tanto los que pueden considerarse positivos, como otros más problemáticos, como la dependencia emocional, los celos o la obsesión.

En el inicio del enamoramiento, y especialmente si este es correspondido, se produce un incrementos de dopamina en el denominado “circuito de recompensa del cerebro”, que provoca sensaciones de euforia, placer, cambios de humor y fortalece la asociación entre estímulos placenteros, motivando la búsqueda de esa fuente de bienestar.

A su vez se aumenta la presencia de noradrenalina que ayuda a focalizar la atención y favorece el aprendizaje de estímulos novedosos, facilita recordar detalles relevantes y junto con un marcado descenso de serotonina hace que no resulte fácil desengancharse de pensamientos recurrentes, dando un matiz obsesivo a los pensamientos y alas a la fantasía y a la ensoñación.

A medida que se avanza se produce un efecto similar al consumo y abstinencia en una adicción. Es decir, mientras más tiempo pasan juntos los amantes, más lo necesitan, en un afán de obtener el mismo placer y efectos reconfortantes.

Si existen obstáculos se incrementan aún más la dopamina y la noradrenalina y con ellas las conductas y pensamientos centrados en la otra persona, bloqueando el análisis racional de la corteza prefrontal, aumentando comportamientos impulsivos y hasta irracionales, que dan esa apariencia de locura o ceguera en el amor.

Las características de personalidad, las creencias sobre lo que representa el concepto del amor o lo que consideramos que se debe asumir en pos de ese placer, serán claves en la gestión de estos impulsos y en las conductas de autocontrol.

Aquí las ideas sobre el amor romántico, especialmente aquellas creencias erróneas que favorecen la necesidad de entrega sin medida.

Creencia: El amor lo puede todo y merece la pena sufrir o dejarlo todo por amor

Creencias como la anterior, (muy extendidas en determinada literatura y cine), pueden propiciar conductas poco saludables que en caso de verse frustrados esos ideales de pareja, condicionarán la forma de asumir los cambios lógicos en la vivencia del amor, afrontar las dificultades en la relación de pareja o reaccionar ante una ruptura sentimental.

En este sentido, a medida que se va consolidando la pareja y se ponen en marcha mecanismos relacionados con el apego y la vinculación afectiva, con sus correspondientes hormonas que facilitan el proceso: la oxitocina (la hormona del amor) y la vasopresina, también intervienen factores psicológicos como creencias, ideas, expectativas y motivaciones sobre la relación de pareja.

Las mujeres son más sensibles a la oxitocina y podría ser una de los posibles factores para explicar la tendencia observada a establecer vínculos de apego más rápidos en ellas, si bien también las factores psicosociales, roles y creencias juegan un papel relevante a nivel psicofisiológico y emocional.

Helen Fischer, antropóloga experta en el estudio de la neuroquímica del amor y que ha acuñado el término «cerebro enamorado», propone la existencia de distintos sistemas cerebrales que aunque independientes, pueden interactuar entre sí en el complejo sistema y funciones asociados con el amor:

  1. Impulso sexual
  2. Impulso de amor romántico
  3. Sistema de apego.

Estos tres aspectos del amor: sexo, romanticismo y apego, en ocasiones generan confusión y problemas en la relación afectiva y tienen mucho que ver con las expectativas de los miembros de la pareja.

Cómo sobrevivir al enamoramiento

Son diversos los caminos por los que discurre una relación sentimental, si bien el más difícil de sobrellevar es cuando se acaba la relación o las expectativas depositadas en la pareja no se ven satisfechas, preguntándonos qué queda de ese amor que parecía poderlo todo.

La valoración y vivencia del enamoramiento van a jugar un papel importante en cómo se afronte la evolución o la transformación de la relación y el sentimiento amoroso, incluso de la pérdida, la ruptura o el duelo emocional.

Por supuesto el motivo o disparador de esa transformación: una infidelidad, por aburrimiento o pérdida de interés o por el descubrimiento de aspectos que no terminan de encajar con nuestros ideales de pareja, van a ser fundamentales en la forma en que se procese ese cambio tras el enamoramiento.

En muchas ocasiones, parte del desencanto y disminución del grado de placer que la relación nos aportaba, está mediado por el descenso de los niveles de dopamina y noradrenalina en nuestro organismo para recuperar el equilibrio necesario y adaptativo. En este sentido, algunos expertos consideran que las respuestas en el enamoramiento son similares a las respuestas de estrés, movilizan recursos cognitivos y energéticos para alcanzar una meta u objetivo deseado. Si los esfuerzos y acciones no dan el resultado deseado, el desencanto, decepción y frustración hacen su lógica aparición. De igual modo cuando el objetivo se alcanza y se considera seguro también se produce una normal bajada que para algunas personas que pretenden estar siempre en esa extrema exaltación emocional puede resultar frustrante y aburrido.

En cualquiera de los casos, o bien porque la relación se ve frustrada, o bien porque se normaliza y de algún modo pierde su espectacularidad. Siempre llega el momento de hacer frente a las emociones y recuperar el equilibrio y la normalidad emocional.

Más allá de la neuroquímica cerebral

Cuando el amor no es como esperamos

El enamoramiento, como otras experiencias emocionales, son procesos donde intervienen factores neuroquímicos, pero también intervienen factores psicológicos, culturales o educacionales.

Es importante conocer cómo nuestras ideas y creencias van a propiciar cambios en la forma en la que experimentamos el amor. Es en definitiva un proceso bidireccional.

Las experiencias previas, aprendizajes, creencias compartidas en la cultura de la persona, van a forjar modelos o esquemas mentales que contendrán guías sobre cómo debemos reaccionar ante determinadas experiencias amorosas.

Los estilos de apego jugarán un papel importante antes, durante y después del enamoramiento, junto a las características de personalidad, los estilos de pensamiento, las valoraciones y expectativas… todo ello interactúa e influye con la neuroquímica del cerebro.

Aunque los mecanismos biológicos son comunes y dan base a tendencias y comportamientos más o menos compartidos entre los seres humanos, las diferencias individuales biológicas y psicológicas son las que ponen la marca personal y única, también en el amor.

Además existen diferencias entre hombres y mujeres vinculadas a factores biológicos. Por ejemplo, las mujeres somos más sensibles a la oxitocina y los hombres a la vasopresina, que influyen especialmente en el establecimiento del apego.

La testosterona en hombres y mujeres se incrementa en la fase del enamoramiento, aumentando los deseos de fusión sexual. En este sentido, los hombres son más sensibles a la testosterona.

Lo cierto es que cuando esta energía enamorada deja de encontrar reciprocidad, mujeres y hombres pasan a experimentar en ocasiones lo que se ha llamado en algunas culturas “mal de amores” y se acompaña de sentimientos de vacío, tristeza profunda, apatía, desesperanza y un largo conjunto de reacciones asociadas a la tristeza y depresión.

La ruptura tras el enamoramiento. 7 Consejos esenciales

Tal vez sea una de las experiencias más intensas y dolorosas a nivel emocional. En este proceso intervienen variedad de aspectos (algunos de los que hemos hablado anteriormente): biológicos, psicológicos, sociales y culturales…

Lo primero en un duelo emocional es conocer, identificar y manejar adecuadamente los impulsos, los pensamientos recurrentes hacia la otra persona y hacer una adecuada atribución de lo que se está sintiendo. Esto nos permitirá tolerar mejor la tristeza y el dolor, sin dejar que la obsesión, el enfado o la depresión se instalen en nosotros.

Pongamos un ejemplo, en ocasiones se llega a la conclusión errónea de que “no poder dejar de pensar en esa persona” es un constatación de la fuerza de su amor y la necesidad de recuperarla y persistir (“todo por amor”) sobrepasando límites propios y ajenos, llevando así a una insistencia obsesiva que poco beneficia a la autoestima, el autoconcepto, que incrementa la sensación de humillación y que en ocasiones podría terminar en conductas de acoso o de degradación, limitando aún más cualquier esperanza de reconciliación.

Sin embargo, si nos damos tiempo para recuperar la serenidad, y esos mismos pensamientos centrados en la otra persona, los interpretamos como algo normal y lógico. Entendemos que están influidos por los niveles bajos de dopamina y serotonina, cobraría sentido los consejos habituales para estos casos orientados a manejar los pensamientos, incrementar las actividades placenteras, activarnos físicamente… entenderíamos que estas sugerencias tienen repercusiones también en nuestra neuroquímica del bienestar: aumentaremos los niveles de endorfinas, dopamina y serotonina, contribuyendo a elevar el estado de ánimo y asimilar la pérdida.

Al igual que en el tratamiento de las adicciones, los recuerdos y estímulos asociados a una fuerte sensación de placer y bienestar, desencadenan fuertes reacciones psicológicas y fisiológicas que, ante una ruptura o posibilidad de ella, pueden incrementar la puesta en marcha de conductas poco saludables.

La ruptura de Pareja

Aceptar la pérdida de esa persona y compensar los procesos neuroquímicos del enamoramiento que fueron nuestra fuente de felicidad, requerirá tiempo y hacer cosas que nos faciliten recuperar nuestro equilibrio y autocontrol:

  1. Procura no seguir ni controlar sus pasos ni actividades a través de las redes sociales.
  2. Ejercita el autocontrol en el envío de mensajes y llamadas. Pregúntate ¿me beneficiará?
  3. Será conveniente en un primer momento evitar situaciones y estímulos asociados con esta persona, para evitar que se agudice nuestro malestar y reincidamos en actos de acercamiento poco beneficiosos. A la vez que te permitas disfrutar de otras actividades placenteras con amistades y personas cercanas.
  4. Cuida tu cuerpo: realiza actividad física moderada, cuida tu alimentación, respeta horarios de descanso. Esto te ayudará a manejar los síntomas de estrés y malestar emocional asociados.
  5. Pon en práctica técnicas de relajación y estrategias de manejo de los pensamientos con el objetivo de disminuir la rememoración los autor reproches.
  6. Revisa tus ideas y mitos sobre el amor romántico que puedan estar desorganizando tus prioridades y confundiéndote.
  7. Y recuerda, que el amor es una gran fuerza que empieza por ti. Quiérete bien.

Las expectativas tras el enamoramiento

Otra queja frecuente y motivo de ruptura o abandono de una relación sentimental es “no sentir lo que se cree que debe sentirse por una pareja sentimental”.

En este caso es conveniente detenerse a reflexionar si no estamos confundiendo “falta de pasión” (aquella que caracterizó el enamoramiento en la primera etapa) con los cambios propios en la dinámica de la relación. Si creemos que el “amor verdadero” se mantendrá estático, inmutable en el tiempo y arrebatador como fue en su primera fase.

Debemos reflexionar si no estaremos ante unas expectativas poco realistas del amor, que incrementan la frustración y que tienen pocas probabilidades de ser satisfechas, al menos en una relación larga y duradera.


Ser conscientes de la importancia que el cuidado de los momentos, la intimidad en la pareja y la comunicación, tienen para alimentar el fuego y la complicidad que construyen el vínculo amoroso.

Un vínculo flexible en sus manifestaciones, atento a las necesidades propias y de la pareja, y que permite tanto la transformación personal cómo conjunta, necesarias para afrontar una vida en constante evolución y cambio.


Autora

Psicóloga Madrid. Marta GiménezMarta Giménez

Psicóloga Sanitaria en Área Humana. Especialista en Perspectiva de Género y Transdiagnóstico. Directora del Área de Investigación e Innovación de Área Humana.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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