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Fobias de impulsión: Cuando tememos nuestros propios pensamientos

Fobias de impulsión: Cuando tememos nuestros propios pensamientos

El miedo es una reacción emocional, un mecanismo primario que actúa ante una situación considerada peligrosa, pero ¿y si la percepción de peligro proviene de ti, de tu propio pensamiento, de la idea persistente de que vas a hacerte daño o a hacer daño a otra persona? Vamos a hablar de fobias de impulsión, el miedo a nuestros propios impulsos.

Una madre, muy angustiada, me contaba que llevaba un tiempo con una serie de pensamientos que estaban condicionando su vida. Aunque ella reconocía lo irracional de esos pensamientos, no podía evitar sentirse asustada ante la creencia de que pudieran producirse.

Había dejado de ir a restaurantes ante el pensamiento de que podría usar los cuchillos de la mesa para hacer daño a otros comensales. Pero en casa le aterrorizaba la idea de poder dañar a su propio hijo.

Estos pensamientos, a pesar de ser poco racionales, la persona puede considerarlos verosímiles y sentirse angustiada ante la supuesta probabilidad de que sucedan.

Los pensamientos en las fobias de impulsión son muy variados: miedo a hacer daño a personas queridas y cercanas, miedo a hacerse daño uno mismo –en cuyo caso, estar a solas puede resultar muy angustioso–, rechazo a estar cerca de ventanas, balcones o lugares elevados, por temor a lanzarse al vacío, entre otros.

Los pensamientos y las fobias de impulsión

Los pensamientos en las fobias de impulsión

Los pensamientos, y en particular una forma inadecuada de manejarlos, se encuentran en la base de las fobias de impulsión.

Nuestra mente acoge multitud de pensamientos: buenos, malos, coherentes, racionales o irracionales. El trabajo del cerebro es pensar, igual que el trabajo del corazón es latir. En general, no podemos hacer que nuestra mente deje de pensar, pero si podemos regular su caudal, y sobre todo, podemos controlar qué hacer con esos pensamientos.

Cuando un pensamiento que consideramos irracional cruza nuestra mente, le prestamos una breve atención, y en general, nos olvidamos pronto de él. Todos y todas tenemos pensamientos que podrían considerarse absurdos o inadecuados, pero no tienen trascendencia alguna por qué no se la damos. Pero ¿qué ocurre cuando se quedan en nuestra mente más tiempo del deseado o cuando vuelven una y otra vez?

En ocasiones le damos relevancia a estos pensamientos y empezamos a analizarlos y preguntarnos cuestiones acerca de ellos: ¿Y si lo que pienso pudiera hacerlo de verdad? ¿Y si ocurriera lo que estoy pensando? ¿Cómo puedo pensar estas cosas? ¿Tal vez no conozca esa parte de mi? ¿Estaré enloqueciendo?…

Este análisis de nuestro pensamiento los psicólogos y psicólogas lo llamamos “metacognición”. Es entonces cuando esos pensamientos adquieren relevancia, somos nosotros o nosotras quienes hacemos una interpretación de lo que significa tener esos pensamientos, desarrollando entorno de ellos todo un ejercicio de “rumiación”.

Una creencia errónea en las fobias de impulsión, y que también está en la base de los trastornos obsesivo compulsivos, es sobreestimar la probabilidad de que algo se haga realidad por el mero hecho de pensar en ello.

Tener pensamientos desagradables no significa ni que sean reales, ni que se vayan a cumplir Clic para tuitear

¿Qué son las fobias de impulsión o el miedo a hacer daño?

Cada vez es más común encontrar la denominación “fobia de impulsión” para referirse al miedo a perder el control y hacer daño a los demás o a uno mismo. Los síntomas pueden formar parte de diferentes tipos de trastornos o manifestarse de un modo aislado. En mayor proporción aparecen en el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), aunque también podrían hacerlo en el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), estrés post-traumático o en estados depresivos. Es importante realizar una evaluación psicológica para determinar el diagnóstico.

Como decía al inicio, el miedo es una emoción con un importante valor adaptativo. Es uno de los mecanismos básicos para la supervivencia.

Normalmente hablamos de miedo adaptativo al referirnos a un conjunto de sensaciones que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales (Marks, 1987). Sin embargo, cuando estas sensaciones se experimentan en situaciones que no suponen una amenaza real, nos encontramos ante un miedo que ya no es adaptativo. El término fobia se utiliza para describir este tipo de reacciones de miedo, no deseables.

Las fobias de impulsión, podrían definirse como aquellos pensamientos, que adquieren en general un elevado grado de visualización –nos vemos realizando el pensamiento–, y que se refieren a ideas de pérdida de control y ejecución de acciones de daño físico o de comportamiento inadecuado, hacia los demás –en especial hacia personas próximas y queridas–, o hacia uno mismo.

Esta fobia es más frecuente de lo que podríamos creer, es muy incómoda y desconcertante y provoca un gran sufrimiento y angustia, con elevados niveles de ansiedad y obsesividad.

Son muchos los ejemplos de fobias de impulsión, algunos los hemos mencionado ya. Todos ellos dificultan una vida normal, pero algunos son especialmente angustiosos, como es la fobia de impulsión en las madres, que experimentan pensamientos muy desagradables hacia sus bebés, cómo el temor a dejarles caer cuando les sostienen en sus brazos.

¿Por qué se producen las fobias de impulsión?

Las personas experimentamos situaciones vitales donde los niveles de ansiedad y estrés se elevan. En general disponemos de capacidad para adaptarnos a esas situaciones, de hecho, la ansiedad es un mecanismo para provocar esa respuesta adaptativa.

Sin embargo, cuando esos niveles son muy elevados, la situación nos supera, nos afectan determinados rasgos de nuestra personalidad, o estamos en un momento vital más vulnerable, pueden aparecer síntomas de una ansiedad excesiva y unidos a ella, pensamientos obsesivos.

Rasgos de personalidad como la hiperresponsabilidad, la elevada autoexigencia o el perfeccionismo y la necesidad de control, condicionan nuestra respuesta a la situación difícil o de cambio.

Los pensamientos intrusivos y los pensamientos obsesivos

Los pensamientos en las fobias de impulsión

En esos períodos vitales de mayor ansiedad y estrés es cuando hay más probabilidad de tener pensamientos intrusivos y pensamientos obsesivos.

A. Pensamientos intrusivos

Los pensamientos intrusivos son aquellos que aparecen de forma involuntaria, automática, sin que nosotros queramos. Se manifiestan como imágenes desagradables o de contenido violento, inmoral o inapropiado -desde la propia perspectiva de la persona-.

Imaginaros una madre de un bebé de meses. Se siente muy responsable de su cuidado. Querrá hacerlo muy bien. Pero en ocasiones la hiperresponsabilidad, la tendencia a comprender en todo momento a su bebé, a tenerlo todo previsto y bajo control, tal vez la falta de descanso y sueño; pueden hacer que se sienta desbordada.

De repente un día aparece en su mente el pensamiento de hacerle daño a su bebé.

Tener un pensamiento tan poco racional como ese es algo más frecuente de lo que creemos. Los pensamientos intrusivos en sí mismos no son “malos” sino que dependen de la interpretación que hagamos de ellos:

Pensamiento: ¿Y si ahogo a mi hijo?

  • Respuesta A: Qué pesadez de pensamiento tengo, vaya tonterías que aparecen en mi cabeza, pues sí que estoy cansada… ahora que lo pienso ¿Qué gel de baño uso para su baño?. Voy a tener preparada su ropa.
  • Respuesta B: ¿Pero cómo puedo pensar esto? Si lo pienso es que podría hacerlo ¿Y si pierdo el control? ¿Sería capaz de hacerlo?

En la respuesta A, la atención pasa rápidamente del pensamiento inquietante e irracional, a cuestiones y pensamientos prácticos y normales: qué gel de baño usaré, qué ropa le debo preparar…

La respuesta B, en cambio se centra en el propio pensamiento –metacognición–, lo analiza, lo valora, establece posibilidades. Esta respuesta permite que el pensamiento intrusivo se instale, y pueda convertirse en un pensamiento obsesivo.

B. Pensamientos obsesivos

Si los pensamientos intrusivos se interpretan como desagradables pero no se les da un mayor significado, y no se entra a analizarlos, estos se extinguen de un modo natural.

Pero si a esos pensamientos, impulsos o imágenes, se les dedica demasiado tiempo, pasan a sucederse de forma recurrente y persistente, empezarán a interpretarse de un modo irracional y no realista, generando una gran ansiedad.

En ese caso, adquieren la categoría de pensamientos obsesivos, que condicionan nuestras emociones y en consecuencia nuestras conductas, como son las respuestas de evitación.

Volviendo al ejemplo de la madre, esta podría terminar por evitar quedarse a solas con el bebé o bañarle. Conductas que implicarían elevar su ansiedad o tristeza, quedando en un estado de mayor fragilidad ante nuevo pensamientos intrusivos.

Comprender el mecanismo del pensamiento obsesivo

Nuestros pensamientos conectan con nuestros principios y valores –por ejemplo “ser una buena madre”–. Cuando un pensamiento intrusivo atenta contra ellos dispara nuestras alarmas, ya que supone un enfrentamiento a nuestro sistema de valores.

Como hemos explicado, podemos restarles importancia a esos pensamientos, considerarlos absurdos o por el contrario podemos darle vueltas a que:

  • Si pienso algo tan terrible, es que hay algo en mi que no está bien.
  • Si soy capaz de pensar algo así, tal vez sería capaz de hacerlo.
  • No soy una buena persona, tengo que dejar de pensar estas cosas.
  • Pensar esto me produce una gran ansiedad, no puedo permitir que vuelva a suceder este pensamiento nunca más.

Este proceso tiene varias características:

  • Genera sentimientos de culpa.
  • Nos activamos y por tanto tendemos a concentrarnos más en nuestros pensamientos.
  • Al mismo tiempo deseamos dejar de pensar.
  • Estamos asustados y ansiosos ante un nuevo pensamiento.

El resultado es una especie de bucle. Cuando tratamos de no pensar en algo, y nos sentimos culpables y ansiosos por no poder evitarlo, se produce el efecto contrario, pensamos más y más en ello.

Las fobias de impulsión se alimentan de este tipo de mecanismo y generan como consecuencia conductas de evitación: dejamos de realizar determinadas acciones para no afrontar la ansiedad, pero el resultado es una mayor vulnerabilidad ante la ansiedad.

Otro aspecto importante en las fobias de impulsión es su relación con los trastornos depresivos y con la autoestima.

Al ser una de las principales respuestas las conductas de evitación, la persona se siente cada vez más frágil a los pensamientos o a la posibilidad de perder el control y hacerlos realidad.

Cómo estos pensamientos surgen de la propia persona, y además tienen una gran relevancia ética para ella, esta cada vez se siente más indefensa, triste y desamparada.

Es muy importante señalar que en las fobias de impulsión se produce un “círculo” del que a veces resulta muy difícil salir por uno mismo o una misma, por eso es muy recomendable buscar ayuda de un psicólogo o psicóloga.

La terapia cognitiva conductual ha demostrado una gran eficacia en cómo tratar las fobias de impulsión, es muy aconsejable buscar información cuanto antes.

Cómo superar las fobias de impulsión

Cómo superar las fobias de impulsión¿Qué podemos hacer ante el miedo a hacer daño a los demás, a ti mismo o a ti misma?

  1. Piensa que los pensamientos e imágenes ocasionales de hacer daño, son normales y más frecuentes de lo que crees. No te asustes. Es normal sentir miedo cuando tenemos altos niveles de ansiedad. Si las ideas se producen de un modo que te resulta incómodo o excesivo, plantéate resolverlo, pero hazlo sin alarmarte, con normalidad: empieza buscando información y ayuda especializada.
  2. Párate un momento a reflexionar de dónde puede venir tu miedo a hacer daño. Como hemos visto, los pensamientos conectan con nuestro sistema de valores y principios -ser buen padre o buena madre, buen hijo, o estudiante, por ejemplo–. Los pensamientos de hacer daño nos alertan del riesgo de saltarnos esos valores.
  3. Analiza cómo es tu estado de ánimo actual. Cómo te sientes, por qué crees que te sientes así. Puede que te encuentres en un momento de tu vida donde sufras de mayor cansancio, agotamiento, sobrecarga de responsabilidades… El estado de ánimo triste, preocupado o ansioso, favorece la interpretación catastrofista de los pensamientos y hace que aparezca y se mantenga el miedo a hacer daño.
  4. Actúa para mejorar tu estado de ánimo. Cuida tu calidad de vida, los hábitos saludables, la alimentación, el sueño, realiza actividades gratificantes. El ejercicio físico es una actividad que actúa frente a la tristeza y la desmotivación.
  5. Apóyate en tus seres queridos. Expresa cómo te sientes, la ansiedad y el miedo que estás sufriendo. Procura poner de tu parte para realizar actividades que te ayuden a distraerte.
  6. Enfréntate al problema no lo evites. Piensa en las veces que evitas algunas cosas por este miedo, aunque el proceso para vencerlo sea duro, las ventajas de lograrlo merecen la pena. Se consciente de que puedes aprender a cambiar ese estilo de pensamiento.
  7. Solicita ayuda. Hay mecanismos psicológicos que se instalan en nosotros a base de repetir su esquema de funcionamiento, y necesitamos ayuda para salir de esos procesos que tanto nos hacen sufrir. Si ese miedo te afecta mucho, y está alterando tu vida, no dudes en acudir a un psicólogo o psicóloga cognitivo conductual, dado que la terapia cognitivo conductual es la que está demostrando mayor eficacia y brevedad.
7 consejos para superar las fobias de impulsión o el miedo a hacer daño a los demás o ti mismo Clic para tuitear

6 cosas que debes saber sobre los pensamientos en las fobias de impulsión

6 consejos sobre los pensamientos en las fobias de impulsión

  1. Nuestra mente genera pensamientos de forma constante, tenemos miles de ellos de todo tipo, desde los más cotidianos a los más absurdos o inconfesables. Es importante aceptarlos como parte de la normalidad y de la actividad de nuestra mente, aunque algunos, en situaciones de malestar intenso o estrés, nos pongan en alerta.
  2. Aunque entendamos que estos pensamientos son normales, no quiere decir que no vayan a hacernos sentir incómodos o incómodas, incluso provocarnos angustia. Lo importante es no asustarnos y sobrevalorar estos pensamientos, o la incomodidad que producen.
  3. No escondas estos pensamientos, coméntalo con alguna persona cercana. Esto le da naturalidad y seguro que alguien te dice que a él o a ella le ha pasado también alguna vez.
  4. Es importante saber que estos pensamientos intrusivos tienen un contenido más alarmante para nosotros o nosotras cuando estamos ante situaciones estresantes o difíciles, también los notan más, personas con tendencias obsesivas o perfeccionistas.
  5. Es importante ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos, para otorgarle a estos pensamientos un correcto origen, y no buscar interpretaciones catastrofistas e irreales.
  6. Se consciente de que, cuando ante los pensamientos desagradables e indeseados tienes una conducta evitativa, lo que realmente estás haciendo es confirmar la veracidad de esos pensamientos, dándoles mayor validez y capacidad para afectarte. Procura seguir con tu vida normal.

Las fobias de impulsión tienen una íntima relación con nuestras emociones y nuestro estilo de pensamiento. Por eso quiero acabar este artículo con un importante consejo:

Esfuérzate en favorecer hábitos saludables que van a mejorar tu estado de ánimo. Al tiempo que adquiere un mayor conocimiento de cómo se manifiestan y expresan en ti las emociones, aprende a identificarlas y regularlas. Verás cómo cambia tu estilo de pensamiento.

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Autora

Psicóloga Madrid. Mariola BonilloMariola Bonillo

Psicóloga Sanitaria. Experta en Terapia de Pareja y Sexualidad. Especialista en conflictos de pareja e intervención familiar.

Ponte en contacto con nosotrosEstamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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