–No sé qué decisión tomar. –Lanza una moneda. –¿Y si no sale lo que quiero?
Jean-Paul Sartre, filósofo y escritor francés, hablaba de “la angustia de decidir”. Cada día tomamos decisiones constantemente: qué ropa ponernos, qué comer, qué ruta elegir o con quién tomar un café. La mayoría son intrascendentes, son automáticas y no les prestamos atención. Sin embargo, hay decisiones que nos hacen detenernos, nos generan dudas, incertidumbre, incluso angustia. En estas decisiones: las trascendentes, se pone en valor nuestra capacidad en la toma de decisiones.
Tomar decisiones relevantes pone en marcha un complejo proceso de nuestra mente. No solo elegimos, sino que lo hacemos interactuando con emociones, pensamientos, experiencias, valores, creencias, relaciones sociales…
¿Te has encontrado alguna vez paralizada o paralizado frente a una elección importante? ¿Has tenido miedo a equivocarte, con una sensación de bloqueo que te impide avanzar? ¿Has sentido angustia durante días, tras tomar una decisión, por pensar que era la equivocada? Entender cómo funciona el proceso de decidir y qué estrategias contribuyen a hacerlo de forma más eficaz, puede marcar la diferencia entre quedar atrapados en la duda o avanzar.
En este artículo veremos qué hace tan difícil decidir, qué ocurre en el cerebro, cómo influyen ciertos rasgos de personalidad, cuáles son los errores más comunes y qué técnicas psicológicas nos permiten afrontar los bloqueos, incluso, en las decisiones más difíciles.
Y recuerda: «No tomar decisiones es ya una decisión».
¿Por qué es tan difícil tomar decisiones?
Decidir parece un acto sencillo, pero en realidad implica gestionar una gran cantidad de información. En este proceso hay factores que pueden dificultar la toma de decisiones:
- La sobrecarga de opciones. El conocido “paradigma de la elección” señala que cuanto más alternativas tenemos, más difícil resulta elegir y más insatisfacción sentimos después.
- El miedo al error. Anticipamos las consecuencias negativas y esto nos paraliza. A veces preferimos no decidir para evitar sentirnos responsables, sin darnos cuenta que no decidir es también una decisión, y que también tiene consecuencias.
- La presión del tiempo. Cuando hay que decidir rápido, aumenta la ansiedad y disminuye la claridad mental.
- La influencia social. No solo pensamos en lo que queremos, sino también en lo que esperan los demás, nos puede influir el miedo al qué dirán.
«Decidir no siempre significa acertar, pero siempre significa avanzar». Julia Vidal, psicóloga Compartir en XEn definitiva, la dificultad no está tanto en elegir, sino en gestionar la incertidumbre que conlleva cualquier elección.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro al decidir?
Hay que partir de una premisa: a tu cerebro no le gustan los cambios, le gusta la certeza, la sensación de control y la estabilidad, ya que esto nos da seguridad y “garantiza” nuestra supervivencia, y estamos programados para sobrevivir. Por ello debemos aceptar que tomar una decisión relevante va a genera una gran actividad a nivel psicológico.
La neurociencia ha estudiado la toma de decisiones durante décadas y hoy sabemos que no es un proceso exclusivamente racional. Intervienen distintas áreas cerebrales que colaboran —y a veces compiten— entre sí.
Razón: el papel de la corteza prefrontal
Responsable del razonamiento lógico, la planificación y la evaluación de consecuencias.
Emoción: el impacto del sistema límbico
La amígdala procesa las emociones y activa respuestas de miedo o deseo.
Intuición y hábitos: los ganglios basales
Vinculados con hábitos e intuiciones rápidas.
Esto explica por qué a veces sentimos una lucha interna: la razón nos dice una cosa, pero la emoción nos empuja en otra dirección. Estudios, como el realizado por Antonio Damasio, muestran que las emociones son imprescindibles para decidir: sin ellas, quedaríamos atrapados en un análisis infinito de pros y contras.
La toma de decisiones combina razón, emoción y personalidad. En este artículo te contamos los bloqueos más comunes y cómo superarlos Compartir en XEn resumen, decidimos con una mezcla de razón, emoción e intuición.
Aspectos de la personalidad que dificultan la toma de decisiones
Ciertas características personales pueden hacer que decidir sea aún más complicado:
Perfeccionismo y búsqueda de la opción perfecta
Quienes buscan la decisión perfecta suelen caer en la «parálisis por análisis». Un bucle de rumiación, en el que al ver defectos a la decisión tomada, la cuestionamos y volvemos a empezar.
Ejemplo: revisar todas las universidades posibles antes de elegir dónde estudiar, por miedo a hacer una mala elección y condicionar el futuro.
Necesidad de control e intolerancia a la incertidumbre
La dificultad para tolerar la incertidumbre bloquea el proceso de decidir.
Ejemplo: rechazar cambiar de trabajo por miedo a no poder decidir cuál sería una mejor alternativa, aunque el empleo actual genere un gran malestar.
Baja autoestima y delegación constante en los demás
Las personas con baja autoestima, que dudan de su propio criterio tienden a delegar decisiones en los demás.
Ejemplo: preguntar a la pareja –y asumir su elección–, sobre si debería iniciar uno u otro curso de formación, cuando se trata de su propio futuro profesional.
Impulsividad y decisiones apresuradas
Decidir demasiado rápido sin valorar consecuencias también puede ser problemático, ya que puede dejar fuera nuestros propios deseos y motivaciones, o aceptar sin analizar informaciones erróneas o bulos, al tomar decisiones. En ocasiones se toman decisiones de forma impulsiva por evitar el malestar que provoca el proceso de decidir.
Ejemplo: tengo que comprar algo y elijo impulsivamente para evitar el malestar de decidir. Es cuando decimos –Venga esto y ya está.
Procrastinación y evitación
Posponer la elección –procrastinar– o evitar enfrentarse a ella genera una falsa sensación de alivio momentáneo, pero a la larga aumenta la ansiedad y el malestar. Este patrón refuerza el círculo de indecisión, ya que cuanto más se retrasa la acción, más difícil resulta dar el paso definitivo.
Ejemplo: aplazar durante meses iniciar un tratamiento por evitar elegir el centro o el profesional.
Dependencia emocional y miedo a defraudar
El miedo a defraudar a otros condiciona fuertemente las elecciones.
Conocer estas tendencias o rasgos de personalidad no significa etiquetarnos, sino identificar qué aspectos personales conviene trabajar para tener mayor autonomía en la toma de decisiones.
Ejemplo: elegir una carrera universitaria porque es la que espera la familia, aunque los intereses personales vayan en otra dirección.
En ocasiones nuestras dificultades para tomar decisiones las esquivamos haciendo partícipes a otros o utilizando recursos externos –como ChatGPT–, para que sean los que tomen nuestras decisiones.
Decálogo de errores frecuentes al decidir
Estos son los errores más frecuentes que bloquean y dificultan la toma de decisiones:
- Buscar la certeza absoluta. Con el fin de reducir el riesgo a cero intentamos anticipar y controlar todas las posibles variables que participan en nuestra decisión, esto puede conllevar un análisis demasiado exhaustivo y a la búsqueda de una elección perfecta, con lo que muchas veces no llegaremos a ninguna conclusión ni solución práctica.
- Los «y si». –Y si me equivoco. –Y si me arrepiento. Podemos pensar que si nos equivocamos va a haber consecuencias terribles, muchas veces podemos tener una visión catastrófica de lo que puede ocurrir o le damos una importancia exagerada al hecho de equivocarnos en nuestra decisión.
- No querer asumir costes. Uno de los elementos más limitantes a la hora de decidir guarda relación con el hecho de asumir los posibles costes que implica el cambio.
- Postergar. –Más adelante será más fácil. En ocasiones, cuando nos cuesta tomar una decisión, podemos pensar que más adelante será más sencillo decidir o simplemente se irán colocando las cosas de manera natural. Detrás de esto puede estar el miedo a decidir y por tanto la evitación.
- Pensar que no estamos preparados o preparadas. A veces, cuando la toma de decisión está relacionada con un aumento de responsabilidad –promoción laboral, maternidad o paternidad…– podemos creer que no seremos capaces de afrontar los cambios que produzcan nuestra decisión.
- Darle una importancia excesiva a la decisión. Pensar que la decisión va a influir mucho en nuestra vida y que va a ser algo definitivo y determinante para nuestro futuro.
- Dejar las decisiones en manos de los demás. Aunque puede parecer cómodo, genera dependencia y pérdida de confianza en uno mismo o una misma.
- Confiarlo todo a la intuición. La intuición puede ser útil, nos envía mensajes que conviene identificar, tratar de comprender y considerar, pero es importante complementarla con datos objetivos y realistas.
- No aprender de las decisiones pasadas. Cada elección es una oportunidad de aprendizaje. Las experiencias pasadas deberían ayudarnos en dos sentidos: por un lado nos aportan información y por otro nos indican que ya hemos tomados decisiones en el pasado y que podemos seguir haciéndolo.
- Creer que una decisión es inamovible. Las decisiones son dinámicas, igual que la vida. Vamos eligiendo caminos a medida que cambian las circunstancias, aprendemos nuevas cosas o surgen imprevistos. Mantener la flexibilidad para revisar, rectificar o ajustar una elección no significa debilidad, sino capacidad de adaptación y madurez psicológica.
Hemos preparado un decálogo con los errores que más bloquean la toma de decisiones. ¡Comprueba cuáles te afectan! Compartir en XAl tomar decisiones podemos o no conseguir el resultado esperado, pero tampoco sabemos cual hubiese sido el resultado de las otras alternativas, lo importante es avanzar con la decisión tomada y, desde luego, siempre obtendremos una información valiosa para conocernos mejor, comprender mejor nuestro mundo y avanzar para en el futuro seguir tomando decisiones con mayor confianza.
6 Técnicas para tomar decisiones
Desde la Psicología se han desarrollado estrategias muy prácticas para mejorar la toma de decisiones. Algunas de las más efectivas son:
- Clarifica tus valores y prioridades. Pregúntate: ¿qué es lo realmente importante para mí en esta situación?
- Revisa los pros y contras. Puede parecer básico, pero pensar las consecuencias ayuda a ordenar la mente.
- Aplica la regla de los 10-10-10. Valora cómo te sentirás con esa decisión en 10 minutos, en 10 meses y en 10 años.
- Visualiza escenarios posibles. Imagina qué pasaría si eliges cada opción; esto activa tanto la razón como la emoción.
- Toma perspectiva externa. Piensa: ¿qué aconsejaría a un amigo en mi lugar?
- Establece plazos para decidir. Limitar el tiempo evita la procrastinación y favorece el compromiso con la decisión.
Descubre técnicas prácticas que reducen la ansiedad y aumentan tu seguridad al tomar decisiones Compartir en XEs importante aligerar la carga en la toma de decisiones, no debemos obligarnos a ser infalibles, sino ser conscientes de que en la vida es necesario tomar decisiones y responsabilizarnos de ellas.
Podemos cambiar de opinión, tomar nuevas decisiones, cambiar el rumbo. Decidir es un proceso dinámico en el que aprendemos con la experiencia y mejoramos con la práctica.
Tomar decisiones difíciles: la mejor estrategia en 5 pasos
Cuando se trata de decisiones relevantes —cada persona determina lo que es trascendente para ella—, el proceso requiere mayor reflexión. Hay algunos paso que es conveniente incluir en una buena estrategia para tomar decisiones:
- Define el problema. A veces el bloqueo surge porque no tenemos claro qué estamos decidiendo realmente. Es importante precisar lo que puedes o no controlar. Escribe de forma breve y resumida el problema, describe de qué se trata y sobre qué puedes tomar una decisión.
- Recoge información sin caer en exceso. Establece un límite de búsqueda para evitar el exceso de datos. En ocasiones seguimos recopilando datos por evitar tomar una decisión.
- Alinea la decisión con tus propios valores. ¿Qué opción se alinea mejor con quién eres o con el cambio que quieres producir en ti?
- Acepta la incertidumbre como parte del proceso. Recuerda que ninguna decisión es perfecta y que la vida es el resultado de múltiples decisiones, que no está todo condensado en una única decisión.
- Comprométete y pasa a la acción. Decidir implica comprometerse con una opción, aceptar sus consecuencias e ir en la dirección decidida. Muchas veces son más importantes nuestras acciones tras la decisión que la propia decisión.
Tomar decisiones, en cuestiones cruciales, puede ser muy complicado, por muchos motivos: una etapa difícil, la propia complejidad de la decisión, los propios recursos y destrezas personales. En estas situaciones, el acompañamiento de una psicóloga o psicólogo puede ser muy valioso.
Un o una profesional de la Psicología aporta herramientas para identificar, comprender y regular las emociones, clarificar el contexto y los objetivos y fortalecer la autoconfianza.
¿Y si no decidir es la peor decisión que podemos tomar? Una guía psicológica sobre la toma de decisiones Compartir en XConclusión
La toma de decisiones en cuestiones relevantes, es un proceso complejo que combina razón, emoción, experiencias y personalidad. Todos y todas, en algún momento, sentimos dudas, miedo o bloqueo ante una elección. Sin embargo, comprender cómo funciona nuestro cerebro, reconocer los errores más comunes y aplicar técnicas adecuadas nos ayuda a decidir con más claridad y serenidad.
Decidir no siempre significa acertar, pero siempre significa avanzar. Cada decisión es una oportunidad de aprendizaje y de crecimiento personal.
La próxima vez que te enfrentes a una elección difícil, recuerda: no existe la decisión perfecta, solo puedes considerar cuál es la que mejor se ajusta a ti en ese momento de tu vida.
Decidir es siempre un paso que hace avanzar tu vida.
Editorial
Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:
Julia Vidal
Psicóloga habilitada Sanitaria. Directora Clínica del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Ansiedad y Estrés. Formadora en Inteligencia Emocional. Experta en Emociones y Salud.
Estamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana



