(Tiempo de lectura 9 minutos)El dolor físico es una sensación que experimentamos desde que nacemos. De uno u otro modo convivimos con él a lo largo de nuestra vida. Lo sentimos en muchas circunstancias y situaciones cotidianas, ante una caída, una infección, una herida, un accidente, y también lo sentimos sin saber identificar su origen. A pesar de ser algo tan común, frente al dolor, casi nunca nos planteamos una estrategia distinta que tomar analgésicos. Pero la realidad es que el dolor puede provocarnos un malestar que va más allá de las sensaciones físicas, puede afectar a nuestras emociones y paradójicamente esas emociones pueden alimentar e incrementar nuestro dolor. Sí, el dolor y las emociones están muy conectados. Este artículo quiero dedicarlo a la psicología del dolor, explicaros por qué dependiendo de cómo seamos, de cómo sintamos y de cómo nos comportemos, percibiremos el dolor de un modo más o menos intenso y más o menos incapacitante.