Cuando tu cuerpo «siente» el peso del estrés
A menudo, llegamos a la consulta médica buscando respuestas a un malestar que persiste: una tensión en el cuello que no cede, molestias digestivas continuas o una fatiga que nos acompaña todo el día. Tras diversas pruebas, el especialista nos dice: «Físicamente todo está bien, no hay ninguna lesión…». Es normal que esta respuesta nos desoriente, incluso que nos genere frustración, “pero, a mi me duele, cómo me dicen que no tengo nada”.
¿Y si lo que escucháramos fuera: «quizá la sobrecarga emocional o un problema que estás viviendo te está afectando físicamente».
Y no sería una respuesta sin fundamento, de hecho entre un 20% y un 35% de las consultas en atención primaria corresponden a síntomas físicos sin una causa médica orgánica detectada.
La respuesta a este malestar o a los síntomas se encuentra en la profunda e inseparable conexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Hoy quiero hablarte de qué significa realmente el término “somatizar”.
Del mismo modo que nuestros problemas físicos afectan a nuestro estado de ánimo, nuestras emociones influyen en nuestra biología. Vamos a conocer esta relación y, sobre todo, saber cómo podemos intervenir en ella.
¿Qué significa realmente somatizar? Rompiendo el mito de «todo está en tu cabeza»
Claves para entender cuándo tu cuerpo refleja tus emociones
En Psicología, somatizar –o la somatización– es el proceso mediante el cual un determinado estado emocional mantenido –estrés, sobrecarga emocional– afecta a nuestro cuerpo expresándose en nuevos síntomas físicos o agravando síntomas que ya teníamos previamente.
Es fundamental desmentir un mito muy extendido –aunque cada vez, afortunadamente, más cuestionado–: somatizar no significa inventar el dolor ni fingir, ni causarnos daño.
El síntoma físico –una contractura cervical, opresión en el pecho, dolor abdominal– es real, el pelo que se nos cae, la psoriasis que empeora, son reales. Lo que ocurre es que su origen primario no es fisiológico, sino una respuesta de nuestro cuerpo ante malestares emocionales o estrés. Cuando no gestionamos las emociones o la sobrecarga emocional, el cuerpo lo expresa.
La relación cuerpo-mente no es una teoría. Cuando experimentamos estrés crónico –por ejemplo–, nuestro cerebro segrega cortisol y adrenalina de manera continua. Esta química tensa la musculatura, acelera el ritmo cardíaco y altera el sistema digestivo. Si esta alarma no se apaga, el cuerpo acaba manifestando dolor físico u otros síntomas.
Mito: 'El dolor psicosomático está solo en tu cabeza'. Realidad: El dolor es 100% físico y real, fruto de la activación de tu sistema nervioso ante el estrés. Desmontamos los estigmas sobre somatizar Compartir en XLa causalidad no es lineal: la interacción de múltiples factores
Es importante aclarar que el impacto emocional no «crea» la enfermedad. No es un relaciona lineal y directa causa-efecto.
Las emociones tienen el potencial de predisponer, precipitar o agravar un problema médico. Pero ¡interactúan múltiples factores: la genética, la alimentación, nuestros hábitos –de actividad, posturales…–.
Pensemos en dos personas con dolores cervicales: en una de ellas, el 70% del dolor puede deberse a la tensión por un elevado estrés laboral y el 30% a malas posturas; en la otra, puede haber una artrosis de base (80% se explica por ello) y que un conflicto familiar reciente se ha encargado de agravar (20%).
Sabías que entre un 20% y un 35% de las consultas de atención primaria son por síntomas sin causa orgánica? ¿Qué nos quiere decir el cuerpo cuando duele? Descúbrelo aquí Compartir en XJulia Vidal en el programa «Somatizar: cuando el cuerpo habla» en «Cuídate con Radio 5» (RNE)
En su intervención en Radio 5, Julia Vidal, directora clínica de Área Humana, nos explica la base psicológica de la somatización, respondiendo a las preguntas de los oyentes sobre por qué nuestro estómago, nuestros músculos y nuestra piel sufren el impacto de los conflictos interpersonales y la sobrecarga mental.
«El cuerpo actúa como un semáforo: cuando ignoramos la luz amarilla del estrés, termina encendiendo la luz roja en forma de síntoma físico para obligarnos a parar». — Julia Vidal. Psicóloga Compartir en X
¿Cómo impacta cada emoción? La vía directa y la vía indirecta
Los desórdenes emocionales o los conflictos y dificultades no resueltas afectan a nuestro organismo a través de dos vías principales:
- La vía indirecta (abandono del autocuidado): Bajo estrés o tristeza continuada, tendemos a comer peor, dormir menos, abandonamos el ejercicio físico o aumentamos el consumo de tabaco. Esta alteración de hábitos impacta negativamente en nuestras defensas y en nuestra salud general. Te recomiendo que vea el programa de Cuídate con Radio 5 en el que colaboré para hablar de “El estrés cotidiano”.
- La vía directa (alteración fisiológica): El exceso de cortisol altera el sistema inmune, bajando nuestras defensas frente a enfermedades. Además, la ciencia ha encontrado que ciertas emociones mantenidas impactan en órganos específicos:
Ira inhibida: No regular la ira muestra una fuerte asociación con la hipertensión y el riesgo cardiovascular.
Ansiedad crónica: Afecta prioritariamente a la musculatura y al aparato digestivo (dispepsia, colon irritable).
Tristeza profunda: Ejerce un impacto sobre el sistema inmunitario, disminuyendo la capacidad de nuestro cuerpo para protegerse.
Zonas clave: estómago, músculos y piel
Además del sistema digestivo y la musculatura –cuello, espalda, mandíbula–, recientes estudios apuntan a que la piel es una de las grandes afectadas en la somatización de estados emocionales intensos. Los brotes de dermatitis, los eccemas o problemas como la caída del pelo (alopecia areata) están íntimamente relacionados con la alteración inmunológica que desencadena el cortisol elevado.
Test para descubrir tu nivel de alerta emocional y corporal
Te invitamos a hacer una breve pausa y reflexionar sobre unas breves preguntas.
Nota: Este cuestionario no es una herramienta de diagnóstico clínico de los que usamos en el Centro, sino un ejercicio de autoconocimiento y reflexión para ayudarte a identificar aspectos relacionados a somatizar emociones.
Desde la consulta: El caso de Carlos y cómo aprendió a escuchar a su cuerpo
Por Julia Vidal, Psicóloga Sanitaria.
(Nota: Los datos de los casos siempre son modificados para garantizar una estricta confidencialidad).
Carlos (42 años) acudió a nuestra consulta derivado por su médico. Llevaba meses sufriendo fuertes dolores de cabeza tensionales y contracturas severas en la espalda que volvían a los pocos días de ir al fisioterapeuta. Carlos se sentía exhausto e incomprendido.
En las sesiones descubrimos que en su empresa estaban atravesando una reestructuración importante. Su estrategia de afrontamiento era la supresión emocional: «No tengo tiempo para agobiarme, tengo que sacar esto adelante». “No puedo contar a mi mujer lo que pasa, me verá como débil o la preocuparé”, se decía a si mismo. Aunque él bloqueaba su mente, su cuerpo sí tenía consecuencias, sí notaba esa tensión y aparecía en forma de sobrecarga muscular continua.
Trabajamos desde el modelo cognitivo-conductual. Primero, validamos su dolor de cabeza y por contracturas: era real por sobrecarga. Luego, entrenamos a Carlos para expresar y compartir sus preocupaciones, de ello obtuvo apoyo de su mujer, más atención y cuidados necesarios para ese momento. Se le entrenó también en conciencia interoceptiva (aprender a notar la tensión corporal temprana) y técnicas de relajación para “soltar” el cuerpo y activar su sistema nervioso parasimpático –el encargado de la relajación y el bienestar–.
Carlos, también aprendió a sentir una amenaza constante ante un posible despido, trabajando en alternativas de actuación y a concentrarse en aquello que estaba bajo su control, incrementando la confianza en él. Todo esto, hizo que su nivel de cortisol disminuyese y con ello se redujeron las cefaleas y remitieron las contracturas.
4 estrategias basadas en la evidencia para reducir la somatización
Si notas que el estrés crónico o los conflictos no resueltos están mermando tu salud física, desde la Psicología te propongo estrategias para gestionar y reducir este impacto:
- Fomenta la expresión emocional: La contención emocional –no expresar o evitar– no hace desaparecer la activación de nuestro sistema nervioso. Busca espacios seguros para hablar de lo que te preocupa, de forma asertiva, para no convertir el conflicto no expresado en una sobrecarga física.
- Entrena tu conciencia interoceptiva: Dedica unos minutos al día a sentir tu cuerpo y relajarlo. Nota si tienes los hombros encogidos o la respiración contenida. Identificar esta tensión te permite relajarla antes y con ello prevenir que aparezca dolor tensional.
- Desactiva la fisiología: Técnicas como la respiración diafragmática profunda o la relajación muscular envían una señal directa de calma al cerebro, contrarrestando la hormona del estrés y disminuyendo la activación de nuestro sistema nervioso y evitando que aparezcan síntomas gastro-intestinales, herpes u otros síntomas físicos.
- Cuida tus hábitos (la vía indirecta): Protege tus horas de sueño y tu alimentación. Cuando estamos desbordados o desbordadas, el autocuidado es lo primero que sacrificamos, y es precisamente cuando nuestro cuerpo más lo necesita para mantener fuertes sus defensas.
¿Qué preguntas son las más frecuentes sobre somatizar las emociones?
Conclusión: Hacia la regulación emocional y el bienestar integral
Nuestro cuerpo está íntimamente relacionado con lo que sentimos, pensamos y vivimos. Muchas veces enciende “pilotos de aviso”, que nos indican que en nuestra vida sostenemos situaciones no resueltas –de estrés, de conflictos, de dificultades– que están afectándote. Una vez revisado y descartado que haya una causa orgánica, aprender a escuchar, identificar y gestionar el origen emocional de esas señales es el primer paso hacia el bienestar.
Si te has informado –con tu médico– de que los síntomas físicos que experimentas no tienen una causa médica conocida y observas que se están agravando síntomas previos por etapas o vivencias emocionales difíciles. Te animamos a buscar apoyo. Los y las profesionales de la Psicología podemos ayudarte a comprender cómo funcionan tus emociones y como interactúan con tu cuerpo.
Entender que la Salud es un concepto integral del cuerpo y la mente es fundamental para alcanzar el necesario bienestar.
Bibliografía y referencias científicas
- Gross, J. J. (2015). Emotion Regulation: Current Status and Future Prospects. Psychological Inquiry.
- Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, Appraisal, and Coping. Springer Publishing Company.
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5).
Editorial
Este artículo ha sido creado por el Equipo Editorial de Área Humana, dirigido por Julia Vidal. Todo su contenido –edición, texto e imágenes– tiene derechos de propiedad intelectual y no podrá ser reproducido sin el permiso expreso de Área Humana.
Han colaborado en el contenido:
Julia Vidal
Psicóloga Sanitaria. Directora Clínica y Jefe Editorial del Centro de Psicología en Madrid Área Humana. Especialista en Trastornos de Ansiedad y del Estado de Ánimo. Experta en Psicología de la Salud. Colaboradora habitual en divulgación de Salud Emocional en el programa «Cuídate con Radio 5» (RNE).
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