Influencia de las Redes Sociales en los Trastornos Alimentarios

(Tiempo de lectura 16 minutos) ¿Eres usuario o usuaria de redes sociales? Seguro que la respuesta es afirmativa. ¿Y si la pregunta fuera: están las redes sociales afectando y condicionando, de algún modo, tu día a día? ¿Determinan, por ejemplo, el modo en el que percibes tu propio cuerpo, condicionan tus hábitos de alimentación, limitan tu bienestar emocional? ¿Crees que hay una relación entre Trastornos Alimentarios y Redes Sociales?

Muchas de las personas que acuden a nuestra consulta nos exponen situaciones de gran malestar emocional, situaciones en las que las redes sociales tienen un papel fundamental. Somos más de 2.200 millones de usuarios que compartimos experiencias, vivencias, fotos, comentarios en las redes sociales, contenido que leerán personas de diferentes edades, diferentes personalidades y, sobre todo, distintos grados de vulnerabilidad, de fragilidad. Más aún cuando las personas que publican contenido y opiniones son los denominados «influencer», es decir, personas que tienen una enorme capacidad de influir, por ejemplo, sobre los adolescentes.

Y en relación a este hecho… ¿Qué influencia pueden ejercer las redes sociales en trastornos como los de la conducta alimentaria? Hay que considerar varias cuestiones: Estos trastornos afectan fundamentalmente a población adolescente. Los adolescentes y jóvenes son los que usan de forma muy habitual las Redes Sociales. Los trastornos alimentarios están muy relacionados con la autoimagen, y es la exaltación de una imagen perfecta una de las tendencias más negativas en estas redes.

De estas cuestiones hablo en mi participación en este nuevo espacio de «Podium Podcast».

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Proceso disociativo: Un mecanismo clave en Psicología

Proceso disociativo: Un mecanismo clave en Psicología

(Tiempo de lectura 13 minutos) En Psicología el concepto de disociación –disociación cognitiva, proceso disociativo– hace referencia a un mecanismo psicológico en el que se produce una desconexión a nivel de pensamientos, emociones, memoria o conducta.

De algún modo, en un grado muy leve, se produce este proceso de disociación cuando nos quedamos absortos en algún momento de nuestra vida, por ejemplo viendo una película que nos atrapa, una obra de arte o ante un acontecimiento sorprendente. Tienen que ser situaciones que nos afecten de un modo muy intenso a nivel emocional y pueden producir ese instante en el que tenemos un lapso de inconsciencia. Es cómo si nuestra parte intelectual que racionaliza los acontecimientos y nuestra parte emocional y más automática, desconectaran.

Es normal vivir momentos de disociación, es decir sentirnos distanciados y desconectados de la realidad o de nuestro discurso intelectual y racional, durante un lapso breve de tiempo. Generalmente esto sucede en contadas ocasiones. Serán la frecuencia, la duración o la intensidad con que se produzcan estos momentos de disociación, y la forma en la que afecte a nuestra vida diaria, lo que convertirá un proceso disociativo en un problema.

En este artículo analizamos la disociación a partir del estudio realizado por nuestro equipo de investigadores. Una de las primeras conclusiones es que los procesos disociativos no sólo están presentes en los trastornos disociativos, también se encuentran en otros trastornos psicológicos como depresión, ansiedad o trastornos de la conducta alimentaria. De ahí la pregunta de la investigación: ¿Es la disociación una clave transdiagnóstica?

A continuación os mostramos dos vídeos –los protagonizan los autores de la investigación y su póster científico– grabados en estas VII Jornadas de Emociones y Bienestar que ha organizado la SEAS.

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Comprender y modificar el “comer emocional”: una relación disfuncional con la comida

Comprender y modificar el “comer emocional”: una relación disfuncional con la comida

(Tiempo de lectura 10 minutos) Hay un término del que se habla mucho, más en momentos del año donde la comida se convierte en protagonista, es el comer emocional. Todas y todos conocemos la estrecha y en ocasiones compleja relación que cada persona tenemos con la comida, con nuestra alimentación; y cómo en esa relación la emociones tienen un destacado protagonismo.

Engordo por lo estresado que estoy, si me siento mal necesito comer dulce, si estoy a gusto lo que más feliz me hace es comer “chuches”, si estoy preocupada me es imposible comer…

Gran parte de lo que nos acontece en la vida lo relacionamos con la comida: celebraciones, acontecimientos…, pero también asociamos a la comida situaciones de estrés, de desconcierto, tristeza o angustia.
La forma en la que nos alimentamos está influida por factores biológicos, geográficos, sociales, culturales… y sin duda emocionales. Es la combinación de todos esos factores la que va a determinar cómo comemos cada una de nosotras y nosotros.
Este artículo va a centrarse en los factores emocionales de la comida, en el comer emocional.

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